Innovación

Emprendedores sociales: la energía del cambio

Menos consumo y más eficiencia. El ingeniero Julián Párraga dedicó su vida a estudiar una fórmula que pudiera reducir de forma significativa el impacto medioambiental de los sistemas de transmisión.

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05
Dic
2013

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Íñigo Keller | Fotos: Ethic©

Menos consumo y más eficiencia. El ingeniero Julián Párraga dedicó su vida a estudiar una fórmula que pudiera reducir de forma significativa el impacto medioambiental y económico de los sistemas de transmisión mecánica. Sus hijos heredaron la patente y se disponen a hacer realidad el sueño de este ingeniero al lanzar al mercado un producto cuya esencia es la innovación sostenible. Ethic se ha reunido con el equipo de Powertrack en Madrid y ha visitado la fábrica donde se ha creado el primer prototipo. Es el sueño de una saga de emprendedores que creen en la energía social.

La tecnología que ha desarrollado Powertrack se denomina CVP (Continuously Variable Powertrain) y consiste en «un sistema  de transmisión mecánica infinitamente continua y reversible». No es fácil de entender para quien no sea ingeniero, pero el gran valor añadido de este proyecto es que permite al dispositivo propulsor, ya sea térmico o eléctrico, girar constantemente, de manera que puede emplear motores más sencillos y suprimir parte de los complejos y costosos sistemas electrónicos. Esto permitirá mejorar la eficiencia y reducir el consumo entre un 10% y un 15% si se cumplen los pronósticos de sus creadores.

Powertrack ha llevado a la fábrica su primer prototipo, un ejemplo de innovación sostenible auspiciado por el Fondo de Empredendores.

«El CVP está basado en un sistema mecánico, lo que posibilita que pueda desarrollarse en distintos sistemas de transmisión, desde la automoción a los ascensores o a los generadores eólicos, siempre de forma energéticamente eficiente», nos explica Juan Sidro, uno de los ingenieros del equipo que en 2012 ganó la primera edición del Fondo de Emprendedores de la Fundación Repsol, lo que para ellos supuso el «espaldarazo definitivo» para la comercialización de este invento.

El proceso de creación de esta empresa cuya bandera es la innovación energética se remonta a la década de los 80. Durante años, el ingeniero Javier Párraga pasó tardes y noches enteras encerrado en su laboratorio estudiando y perfeccionando una fórmula que fuese capaz de transformar los sistemas de transmisión de potencia. En 1996 el sistema CVP recibió la primera patente en Europa, que luego fue ampliada a Estados Unidos, un mercado tradicionalmente mucho más dinámico y receptivo ante la I +D.

Si tenemos en cuenta que mantener una patente tiene un coste anual de unos 40.000 euros nos podemos hacer una idea de la confianza que la familia Párraga tenía en el proyecto que ahora va a ver la luz. «Ha habido momentos duros, ha sido una auténtica carrera de fondo a la que mi padre dedicó su vida. Cuando murió en el año 2000 teníamos la convicción de que el proyecto tenía que materializarse, que teníamos que dar ese salto decisivo de la teoría la práctica. Sabíamos que teníamos que continuar peleando para hacer realidad su sueño porque en el mundo no hay nada parecido a este sistema», nos explica a través de Skype uno de los hijos, Javier, que es físico y reside en Hong Kong.

Promover la innovación

Han sido años de continuos reuniones, un día en Washington, otro día en Tokio, otro en Berlín… Años de incontables visitas a empresas e inversores, años en los que Javier y sus hermanos tenían la sensación de que en cualquier momento se iba a encender la chispa e iban a encontrar a ese socio inversor que les permitiera salir al mercado. Les llamaban para explicar su proyecto en mecas de la innovación como el Georgia Institute of Technology, ganaban premios en convenciones tan célebres como el Salón de los Inventos de Ginebra, recibían constantemente llamadas de ojeadores interesados en su sistema… Todo el mundo parecía creer en el proyecto, pero pasaban los años y esa chispa no se encendía. En 2011 Powertrack fue seleccionada como representante nacional para la competición Cleantech Open, que cada año tiene lugar en San Francisco. Fue allí donde les animaron a presentar su proyecto para el Fondo Emprendedores de la Fundación Repsol, un ecosistema cuyo objetivo es «promover la innovación en el campo de la eficiencia energética» y «apoyar la creación de nuevas empresas». En 2012 resultaban vencedores en los premios de la primera convocatoria.

Un antes y un después

Las exigencias de este Fondo de Emprendedores, en el que no tiene cabida cualquier proyecto -y que supuso «un antes y un después para Powertrack», según confiesa Javier- son muy elevadas y eso hace que, desde un principio, todas las iniciativas que acoge sean muy atractivas por los inversores.

«En primer lugar, se lleva a cabo una preselección según un análisis preliminar en el que se estudia su validez científica. Después, estas propuestas preseleccionadas se someten a una evaluación profunda en la que se determina su viabilidad técnica y comercial,  su  nivel de innovación, los beneficios socioeconómicos y ambientales, así como sus necesidades de desarrollo», explica a Ethic el vicepresidente de la Fundación Repsol, Vicente Gallo.

Los proyectos seleccionados por el Fondo pasan un filtro en el que la innovación, la viabilidad y la eficiencia energética son claves.

«Los evaluadores se seleccionan entre profesionales, empresarios e investigadores de primer nivel y prestigio en el campo de la eficiencia energética y la gestión empresarial, procedentes de universidades, centros tecnológicos y de investigación, oficinas de transferencia tecnológica, asociaciones sectoriales, administración pública y empresas», añade.

¿Pero qué supone realmente para un emprendedor participar en este Fondo de Emprendedores? «Por un lado, el asesoramiento tecnológico, empresarial y legal -coordinado por un equipo de tutores- que les permite tener una gran cantidad de inputs por parte de ingenieros, potenciales inversores, expertos en negocio, investigadores del Centro de Tecnología Repsol, etc… que enriquecen el proyecto y a los propios emprendedores», explica el vicepresidente de la Fundación.

El soporte financiero, que oscila entre 6.000 y 12.000 euros al mes durante un máximo de 24 meses, les ayuda a desarrollar su proyecto, adecuándolo a los requerimientos del mercado para hacer su empresa más atractiva a la entrada de capital. «El apoyo logístico pone a disposición de los equipos seleccionados las infraestructuras de Repsol, permitiéndoles realizar pruebas y ensayos de sus prototipos. También se les facilita el acceso al mercado y los contactos empresariales necesarios para impulsar su paso a la etapa comercial», añade Gallo.

Los próximos meses son decisivos para Powertrack, que ha trabajado con la Universidad Politécnica de Madrid, para llevar a cabo las pruebas de su prototipo. Han recibido el empujón que necesitaban para dar a conocer el invento de Julián Párraga. Todos esos años dedicados al estudio se van a llevar a la práctica: es el sueño de una innovación hecho realidad. «Llega el momento de salir al mercado y por supuesto estamos muy nerviosos, pero yo soy del Atlético de Madrid y se muy bien lo que es sufrir», bromea Javier.

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