Limpiemos nuestro aire, pongamos fin a las energías sucias

CONTAMINACION

El tráfico es la causa de hasta el 80% del aire contaminado en las ciudades

Para que el cambio climático no sea irreversible, debemos independizarnos ya de las energías fósiles

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A pesar de que la contaminación del aire no es un fenómeno nuevo en nuestras ciudades, los estudios sobre los efectos que las sustancias contaminantes provocan en nuestro organismo han conseguido finalmente concienciar a la población. Promovido y divulgado por la acción del movimiento ecologista durante años, la necesidad y los beneficios de limpiar el aire que respiramos se vuelven un imperativo. Décadas de estudios analizando el impacto que causan en nuestra salud las micropartículas y los gases, como el NO2 o el Ozono, concluyen que, cada año, en torno a 600.000 personas mueren prematuramente en Europa, más de 30.000 en España.

La contaminación del aire agrava además enfermedades que merman nuestra calidad de vida (como el asma o las alergias), causa un incremento de los partos prematuros, reduce el peso de los recién nacidos, aumenta el riesgo de complicaciones en el embarazo y el parto, y está catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como unos de los agentes de mayor riesgo de provocar cáncer de pulmón. Son solo algunas de las consecuencias, aunque no las únicas. Los estudios demuestran asimismo una correlación clara entre la concentración de estas sustancias y el incremento de los ingresos hospitalarios y muertes debidos a patologías agravadas por la contaminación ambiental, como los infartos. La OMS concluye que toda reducción de la concentración de sustancias contaminantes tiene efectos positivos en la salud de las personas. Más allá de que se cumplan los límites legales establecidos sobre consideraciones de índole política, la acción de toda Administración Pública debería ir encaminada a reducir al máximo estos niveles, incluso aunque estén ya por debajo de los valores límite legales.

Asumiendo que la mayor parte de estas sustancias proviene de la quema de combustibles fósiles, bien sea para el transporte, las calefacciones o las industrias, parece que toda medida encaminada a su reducción pasa por disminuir su consumo en áreas urbanas y metropolitanas. En el caso de las ciudades españolas, el tráfico es el primer punto sobre el que actuar, ya que es la principal fuente de contaminación y su contribución en ciudades con poca presencia industrial alcanza el 70-80% del aire contaminado.

En esta línea, debemos independizarnos ya de las energías fósiles y conseguir un sistema energético 100% renovable antes de 2050. Es un imperativo climático para evitar que la temperatura media global ascienda por encima de 1,5ºC en 2.100, frente a los niveles preindustriales. Ese grado y medio es el umbral a partir del cual el cambio climático se vuelve irreversible, caótico y con consecuencias traumáticas para los ecosistemas y todas las formas de vida que de ellos dependen, entre las que se encuentra la humana. Liberarnos del lastre de las energías fósiles significa además una forma de mejorar nuestra calidad de vida, para quienes estamos aquí y para las generaciones que vienen.


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