ESG rentabilidad

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ESG, cuestión de rentabilidad

ETHIC / ESG, cuestión de rentabilidad
En un escenario marcado por la incertidumbre, las cuestiones ambientales, sociales y de buen gobierno permiten anticipar riesgos, atraer inversión y asegurar la sostenibilidad del negocio en el largo plazo.

Durante mucho tiempo, sostenibilidad y rentabilidad parecían ocupar lados opuestos de la ecuación económica. Protección ambiental, crecimiento y competitividad llegaron a entenderse como elementos de un juego de suma cero, en el que avanzar en uno implicaba necesariamente hacer concesiones en otro. Sin embargo, algo está cambiando. Según el estudio Business Breakthrough Barometer 2026, elaborado por World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), más del 90 % de las empresas considera que la sostenibilidad es ya una palanca de competitividad y que seguirá siéndolo en el futuro. 

Los criterios ESG –ambientales, sociales y de gobernanza– empiezan así a consolidarse como variables estratégicas para las compañías, aunque su integración en la economía dista de estar resuelta: según el mismo informe, cerca del 70 % considera que la transición ecológica avanza de manera desordenada.

92

De las empresas

Considera que la sostenibilidad es una
palanca de competitividad

68

De las empresas

Considera desordenado
el avance de la transición ecológica

Los datos reflejan el particular momento que atraviesa la sostenibilidad empresarial. Las tensiones geopolíticas, las guerras comerciales o la irrupción de la inteligencia artificial multiplican los desafíos y abren nuevos frentes de incertidumbre. Pero son precisamente algunas de esas turbulencias las que están reforzando el vínculo entre sostenibilidad y economía. Energía, agua, materias primas, infraestructuras, cadenas de suministro o fenómenos climáticos extremos han dejado de ser únicamente cuestiones ambientales para convertirse también en variables capaces de condicionar costes, inversiones, riesgos y expectativas de crecimiento.

Poner precio al riesgo

Ya no se trata únicamente de cuánto cuesta avanzar hacia una economía más sostenible, sino de cuánto puede costar no hacerlo. Los mercados financieros son uno de los espacios donde esta transformación resulta más evidente. Cuando, por ejemplo, una sequía amenaza con comprometer una cadena de suministro y reducir los márgenes de una industria, la frontera entre riesgo ambiental y riesgo financiero comienza a desdibujarse. De hecho, según un estudio de CDP y HSBC, los costes financieros potenciales asociados a los riesgos climáticos en las cadenas de suministro pueden llegar a triplicar los costes de mitigarlos.

Carlos San Basilio, presidente de la CNMV: «Una transición sólida necesita mercados capaces de convertir la ilusión en inversión»

En este contexto, disponer de información fiable resulta fundamental para orientar las decisiones de inversión. «Para invertir en productos sostenibles se necesita contar con información fiable. Porque una transición sólida necesita mercados capaces de convertir la ilusión en inversión», destacó Carlos San Basilio, presidente de la CNMV, durante el ESG Spain 2026 – Corporate Sustainability Forum.

En esa misma lógica se inscribe el creciente protagonismo de la información corporativa sobre sostenibilidad; el reporting. Santiago Durán, presidente del ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas), defiende que no debe entenderse únicamente como una carga para las empresas: su utilidad reside precisamente en aportar transparencia y fiabilidad a los inversores. Porque cuando se trata de asuntos económicos no basta con explicar; hay que demostrar. Y, sobre todo, medir. 

Luis Lancha, miembro del consejo de FERMA (Federación Europea de Gestión de Riesgos), reclama para ello indicadores capaces de «traducir los riesgos climáticos a términos financieros comprensibles, comparables y fiables». Es ahí donde una realidad física termina convirtiéndose en una variable económica.

Competir en tiempos de transición

Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2025 las emisiones mundiales de CO₂ relacionadas con la energía aumentaron alrededor de un 0,4 %, la menor subida desde 2021. Sin embargo, la economía mundial creció a un ritmo similar al de los anteriores, con un aumento del 3,1 % del PIB –el crecimiento fue de +3,2 % en 2024 y +3 % en 2023–. Aunque todavía es pronto para hablar de una ruptura definitiva entre ambas variables, los datos empiezan a mostrar un progresivo desacoplamiento entre crecimiento económico y emisiones.

Porcentaje de aumento de emisiones a nivel global

1.1

En 2023

0.8

En 2024

0.4

En 2025

Porcentaje de aumento del PIB a nivel global

3

En 2023

3.2

En 2024

3.1

En 2025

La descarbonización, en cualquier caso, ya no se aborda únicamente desde una perspectiva climática. Las tensiones geopolíticas de los últimos años han convertido la seguridad de suministro, la autonomía estratégica y el acceso a energía competitiva en asuntos centrales, especialmente en Europa. En un escenario internacional marcado por una creciente fragmentación, el continente se enfrenta al desafío de reducir su dependencia exterior sin comprometer su capacidad industrial ni sus objetivos de descarbonización.

LORETO ORDÓÑEZ (ENGIE): «HAY QUE GARANTIZAR UNOS COSTES ENERGÉTICOS QUE PERMITAN A LAS EMPRESAS SER COMPETITIVAS»

Europa dispone de capacidad tecnológica y un importante potencial de generación renovable, pero convertir esas fortalezas en una ventaja competitiva exige resolver todavía algunas carencias. «Hoy hablar de transición energética es hablar de competitividad», resume Loreto Ordóñez, CEO de ENGIE España. Y advierte de que «en Europa necesitamos atraer inversión industrial que nos permita responder a la creciente demanda energética, y para ello hay que garantizar unos costes energéticos que permitan a las empresas ser competitivas».

A la disponibilidad y el precio de la energía se suma otra cuestión menos visible, pero igualmente decisiva: cómo llevarla hasta donde se necesita. Como señala Javier Goñi, CEO de Exolum, las infraestructuras «son las que permiten pasar de los objetivos de descarbonización a la capacidad real de suministro».

De la reputación al negocio

El sector energético es uno de los ámbitos donde esta transformación resulta más evidente. Sin embargo, sus implicaciones se extienden al conjunto del tejido productivo. Las empresas comienzan a asumir que anticiparse a los riesgos ambientales y sociales no es únicamente una cuestión de responsabilidad, sino también una forma de proteger su actividad y sus perspectivas de crecimiento. «Los retos climáticos afectan directamente a la operativa del negocio, al crecimiento de la compañía y a su futuro, y es necesario tomar decisiones sobre ellos», explica Carmen Gómez-Acebo, directora de Sostenibilidad de Coca-Cola Europacific Partners Iberia.

Carmen Gómez-Acebo (Coca-Cola Europacific Partners): «Los retos climáticos afectan directamente a la operativa del negocio»

Severiano Solana, director de Estrategia y Seguimiento de Sostenibilidad de CaixaBank, reconoce que durante los últimos años ha podido existir cierto abuso de la palabra «sostenible» en la narrativa empresarial. Sin embargo, advierte de que el hecho de que ahora se hable menos de sostenibilidad «no hará que los problemas que subyacen al concepto desaparezcan». Para Solana, esta debe entenderse como «un elemento económico fundamental para la competitividad de las empresas». 

Que cambie el lenguaje, en otras palabras, no significa necesariamente que desaparezcan los problemas ni los esfuerzos por abordarlos. Quizá signifique que empieza a hablarse de ellos en otros términos: riesgo, eficiencia, resiliencia o rentabilidad.