La importancia de cuidar los riñones (del planeta)

ETHIC / La importancia de cuidar los riñones (del planeta)

¿Qué tienen en común nuestros riñones con ecosistemas como la Laguna Primera de Palos o la Estación Ambiental Madrevieja? La comparación va más allá de lo simbólico: al igual que los órganos humanos filtran desechos de la sangre, los humedales actúan como sistemas naturales de depuración, eliminando contaminantes, exceso de nutrientes y sedimentos del agua. Este proceso mejora la calidad del entorno y sostiene el equilibrio de los ecosistemas.

La relevancia de estos espacios se debe a mucho más que a su función depuradora. Los humedales son también reservorios de biodiversidad, reguladores hídricos y sumideros de carbono. Su capacidad para retener agua dulce y absorber CO₂ los convierte en aliados estratégicos frente a desafíos globales como el cambio climático y la pérdida de especies.

En este contexto, las iniciativas de conservación adquieren un papel decisivo. Tal es el caso de la fundación Moeve, que ha destinado más de 1,8 millones de euros a acciones de protección de la biodiversidad y educación ambiental centradas en el cuidado de los humedales. Esta inversión sostenida ha permitido no solo preservar espacios naturales, sino también consolidar un modelo que integra restauración ecológica, investigación científica y sensibilización social, tres ejes que se refuerzan mutuamente. El origen de este compromiso se remonta a comienzos de siglo: «La decisión surgió en torno al año 2000, cuando comenzamos a trabajar en la recuperación de la Laguna Primera de Palos», señalan desde la fundación, recordando que el espacio presentaba «un estado de degradación muy avanzado». 

La elección de enclaves como la Laguna Primera de Palos o la Estación Ambiental Madrevieja responde a criterios claros, ya presentes en el planteamiento original del proyecto: «Reunían dos condiciones muy claras: una situación de partida crítica y un enorme potencial de recuperación». En el caso de Madrevieja, además, subrayan que se trata de «un antiguo terreno industrial recuperado como humedal». 

Los resultados son tangibles. Al cierre de 2025, la fundación ha logrado preservar 52,85 hectáreas de humedales —de las cuales 28,4 corresponden a lámina de agua— y ha contribuido a la protección de 715 especies autóctonas de fauna y flora. «Lo más relevante es que 85 de ellas están catalogadas como amenazadas», explican desde la Fundación, que pone como ejemplo la Laguna Primera de Palos, «que ha pasado de la degradación a convertirse en un referente internacional». 

Además en Madreviaje se han registrado mejoras en la diversidad y calidad de hábitats (en general), que tiene como consecuencia un aumento de la diversidad de flora y fauna, ya que las especies encuentran nuevos nichos donde establecerse.

Sin embargo, el estado general de los humedales en España sigue siendo preocupante. «España vive una paradoja: es uno de los países europeos con mayor diversidad de humedales, pero también uno de los que presenta un estado de conservación más crítico», advierten. En este sentido, recuerdan que «cuando estos ecosistemas se deterioran, disminuye la disponibilidad de agua limpia, aumentan los riesgos de sequías e inundaciones».

La protección de estos espacios forma parte de un compromiso firme con la biodiversidad, como pilar esencial dentro de la transición ecológica

La dimensión educativa constituye otro de los pilares de estas iniciativas. Durante 2025, los humedales gestionados por fundación Moeve recibieron 7.648 visitas de investigadores, instituciones y centros educativos. De ellas, 4.800 correspondieron a alumnos de 90 centros escolares, que participaron en programas de sensibilización ambiental. «Creemos que solo se protege aquello que se conoce, y por eso apostamos por convertir los humedales en espacios vivos de aprendizaje», señalan los responsables, en referencia a las actividades desarrolladas en estos entornos. 

Según Teresa Mañueco, directora de fundación Moeve, los resultados alcanzados son fruto de un trabajo sostenido durante más de dos décadas en la restauración de humedales, ecosistemas que define como los «riñones del planeta». En sus palabras, la protección de estos espacios forma parte de un compromiso firme con la biodiversidad, entendida como un pilar esencial dentro de la transición ecológica. Esta visión sitúa la conservación como una línea estratégica a largo plazo más que como una acción puntual.

52.85

hectáreas de humedales preservadas

1.8

millones de euros destinados a acciones de protección de la biodiversidad y educación ambiental

4800

alumnos participaron en programas de sensibilización ambiental

Más allá de los logros alcanzados, la estrategia de la fundación continúa ampliándose. En 2025 se firmaron nuevos acuerdos para reforzar la conservación en Andalucía y Canarias, incluyendo proyectos como la mejora de la Huerta de las Pilas en Algeciras, la restauración de la Laguna de las Madres en Huelva o la creación de un nuevo humedal artificial en Fasnia, Tenerife. Asimismo, se encuentra en tramitación el proyecto de restauración ecológica y fomento de la biodervisdad del humedal de La Mejorada, en el Paraje Natural de Brazo del Este, en Sevilla. Estas actuaciones evidencian una apuesta por diversificar territorios y consolidar una red de espacios interconectados.

El valor de los humedales también se manifiesta en su capacidad para actuar como infraestructuras naturales. Frente a soluciones técnicas costosas, estos ecosistemas ofrecen servicios ambientales de forma eficiente: mitigan inundaciones al absorber grandes volúmenes de agua, reducen la erosión y contribuyen a estabilizar el clima local. Su degradación, por el contrario, implica la pérdida de estos servicios y la necesidad de sustituirlos por sistemas artificiales, a menudo menos eficaces y más caros.

No obstante, a pesar de su importancia, los humedales han sido históricamente infravalorados. La transformación del territorio, la urbanización y determinadas prácticas agrícolas han reducido su extensión y alterado su funcionamiento. Este contexto refuerza la urgencia de proteger los que aún existen y restaurar aquellos que han sido degradados. La experiencia acumulada en proyectos como los impulsados por Fundación Moeve demuestra que la recuperación es posible cuando se combinan conocimiento técnico, inversión y voluntad sostenida.

Cuidar de los humedales implica, en última instancia, cuidar del equilibrio del planeta. Como ocurre con los riñones en el cuerpo humano, su deterioro puede desencadenar efectos en cadena difíciles de revertir. Preservarlos es una forma de garantizar la salud de los ecosistemas de los que depende la vida y de anticiparse a un futuro en el que la relación entre naturaleza y sociedad será cada vez más determinante.