La transición energética comenzó en Soria

ETHIC / La transición energética comenzó en Soria
El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. La transición energética avanza con propuestas que combinan innovación, sostenibilidad y compromiso territorial.

Aunque parezca una preocupación reciente, el cambio climático empezó a ser observado y descrito por científicos hace más de dos siglos. A mediados del siglo XIX, el físico John Tyndall ya señaló que ciertos gases atrapan calor en la atmósfera. Décadas después, el sueco Svante Arrhenius fue el primero en vincular directamente las emisiones de CO₂ con el aumento de la temperatura global. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, estas advertencias fueron ignoradas o minimizadas. Aunque hoy sea difícil imaginarlo, el cambio climático no siempre ocupó portadas ni discursos políticos. Hubo que esperar a los años noventa para que la preocupación se volviera global. El Protocolo de Kioto, en vigor desde 2005, fue el primer acuerdo internacional que comprometía a los países a reducir sus emisiones. Luego llegarían el Acuerdo de París, la Agenda 2030 de Naciones Unidas y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Así se fue construyendo una hoja de ruta para encarar una de las mayores crisis del siglo: la climática.  

El consenso científico actual es claro: la influencia humana ha sido determinante en el calentamiento del planeta. Según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC), las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de las actividades humanas, como la quema de carbón, petróleo y gas, la deforestación o ciertos modelos agrícolas, han contribuido en torno a 1,1°C al aumento de la temperatura global desde principios del siglo XX. Esta cifra, aparentemente modesta, encierra consecuencias profundas para los ecosistemas, el clima y la vida tal como la conocemos.

Emisiones de gases de efecto invernadero en la UE por sector. Fuente: Agencia Europea de Medio Ambiente

Es por esto que gobiernos, empresas y ciudadanos comenzaron a ensayar nuevas formas de producir, consumir y generar energía. Se multiplicaron los parques solares y eólicos, se hablaron nuevos lenguajes (descarbonización, sostenibilidad, economía circular…) y se despertó una conciencia colectiva que hoy es mucho más palpable. En medio de esa transformación global, conocida como transición energética, también hubo historias que germinaron lejos de los focos. Una de ellas tuvo lugar en Soria.

Una semilla que brotó en la España rural

En el año 2005, en una pequeña oficina cercana al parque de La Dehesa de Cervantes, en Soria, un grupo de profesionales fundó Energías Alternativas Solarig. En aquel momento, la energía fotovoltaica era aún incipiente en España y las primas renovables apenas comenzaban a movilizar inversión. La idea de construir un modelo energético limpio parecía, en muchos entornos rurales, más una utopía que un plan viable, pero Solarig entendió pronto que la clave no estaba solo en producir energía limpia, sino en hacerlo con visión de cadena de valor, con innovación y con un modelo que fuera rentable y escalable. 

Desde su primera planta, La Calzada, en las cercanías de Tozalmoro (Soria), hasta el desarrollo de la planta Puente de Piedra, un referente nacional por su tecnología híbrida, Solarig fue tejiendo un relato propio, sin perder de vista sus raíces. Aquel germen local ha dado paso a una empresa con ambición global y una propuesta integral para liderar la transformación del modelo energético del mañana, como ya lo hizo hace dos décadas: «Nuestra visión para los próximos años es ser una empresa global más industrial, competitiva, comprometida con la transición ecológica, el empleo de calidad y el desarrollo económico de los territorios. En los próximos años, creceremos de forma orgánica, con la diversificación de nuestras líneas de negocio, e inorgánicamente, mediante inversiones estratégicas que reforzarán nuestra presencia en mercados clave y capacidades tecnológicas. Hoy abarcamos desde la electricidad de origen renovable, como la energía fotovoltaica y eólica; hasta la producción de moléculas verdes, a través del biometano y la captura y almacenamiento de CO₂ biogénico», explica Miguel Ángel Calleja, presidente y consejero delegado de Solarig.

Miguel Ángel Calleja: «Nuestra visión para los próximos años es ser una empresa global más industrial, competitiva, comprometida con la transición ecológica»

Desde Soria para el mundo

Durante sus primeros años, Solarig vivió una etapa de exploración y de aprendizaje, pero también una convicción de que la energía renovable era rentable, eficiente y útil para los territorios. Con el tiempo, la compañía dio el salto fuera de nuestras fronteras, y en menos de una década, ya operaba en Italia, Francia, Reino Unido o Japón. El mapa se ampliaba, pero sus objetivos seguían apuntando en la misma dirección: producir energía limpia sin perder el vínculo con lo local. Hoy, la compañía cuenta con más de 1.500 profesionales en más de 12 países y una cartera de proyectos que supera los 20 GW. 

Uno de los hitos más relevantes en su proceso de internacionalización fue Italia, un país que marcó el inicio de su consolidación como actor global en el sector energético. «Solarig opera en Italia desde hace más de 15 años y es aquí donde la compañía empezó a ser una firma verdaderamente internacional. Este país es clave para entender el espectacular crecimiento de Solarig en los últimos años. Aquí el mercado fotovoltaico y el almacenamiento energético de baterías tienen grandes perspectivas, y queremos ampliar nuestra apuesta por el país también a los gases verdes: nuestro objetivo es operar cerca de 20 plantas de biometano en los próximos años», explica Agnese Rocco, Country Manager en Italia.

Agnese Rocco: «En Italia, el mercado fotovoltaico y de baterías tiene grandes perspectivas y queremos ampliar nuestra apuesta por el país también a los gases verdes»

La primera piedra de la internacionalización de la compañía se puso en Italia, y desde entonces la expansión global no ha cesado. En paralelo a Europa, América Latina se ha convertido en otro de los grandes focos estratégicos de la compañía. Concretamente, México se ha posicionado como el  epicentro del desarrollo de su actividad en la región. «México es nuestro principal mercado en Latinoamérica y la punta de lanza en una región clave para el despliegue de las energías renovables a nivel mundial. Esta región es privilegiada en sol y viento, y ese potencial es el que nos guía día a día para seguir desarrollando una cartera de más de 7 GW en proyectos solares», señala Francisco Javier Abejaro, Country Manager en México. 

Sin embargo, lo más significativo del camino de Solarig no está solo en los números, sino en cómo ha sabido adaptarse al contexto y a las necesidades del presente. De ser una empresa centrada en la energía solar ha pasado a convertirse en una energética integral, que trabaja con electricidad renovable y gases verdes, y desarrolla proyectos en torno a los combustibles sostenibles. Esta transformación le ha permitido diversificar su actividad y liderar lo que podría llamarse una doble transición: la ecológica, para dejar atrás los combustibles fósiles, y la territorial, para activar nuevas economías en zonas olvidadas del mapa.

Una visión de futuro

La transición energética también debe llegar a sectores de difícil descarbonización, como el transporte y la industria electrointensiva. En este caso, las moléculas verdes, como el biometano o los combustibles de aviación sostenibles (SAF, por sus siglas en inglés), representan una de las vías más prometedoras para reducir las emisiones de CO₂ y otros contaminantes de estos sectores estratégicos. Uno de los ejemplos más claros de esa visión regenerativa es Biorig, la división de Solarig dedicada a la producción de biometano. Nacida en 2023, cuenta con más de 26 instalaciones en desarrollo, una decena de ellas situadas en Castilla y León. Su modelo consiste en transformar residuos agroganaderos —exclusivamente purines, paja o estiércol— en este gas de origen renovable, además de CO₂ biogénico y fertilizantes orgánicos certificados por el Reglamento (UE) 2019/1009. El proceso, basado en la digestión anaerobia, no solo reduce emisiones, también cuenta con la capacidad de sustituir al gas fósil y aprovechar al mismo tiempo la infraestructura gasista ya existente; ayuda a los agricultores a gestionar mejor sus residuos y reactiva la economía local. 

«Aunque Biorig nació en 2023, ya se ha convertido en un motor clave que marcará el futuro de Solarig y de la descarbonización de la industria. Nuestra cartera actual, con más de 40 instalaciones de biometano en desarrollo entre España e Italia, refleja nuestra rápida consolidación como actor destacado en una de las tecnologías más pujantes de Europa. El biometano es una solución energética esencial para la sociedad, y gracias a nuestro crecimiento lograremos evitar cerca de 900.000 toneladas anuales de emisiones de CO2. Con ello reforzamos el compromiso histórico de Solarig con la lucha contra el cambio climático, el desarrollo sostenible de las poblaciones rurales y la protección ambiental de los entornos agrícolas y ganaderos» afirma Manuel Alonso, director general de Biorig.

Jaime Sureda: «Somos parte activa del cambio y queremos seguir creando un impacto positivo y duradero en la sociedad, que también ponga en el centro a las personas y al desarrollo de los territorios»

El biometano y los combustibles sostenibles para aviación son alternativas reales para cumplir con los objetivos europeos de descarbonización europeos, y es importante que dichos proyectos se encuentren localizados en los sitios donde más se necesita inversión.  Por ello, más de la mitad de los proyectos de Biorig se localizan en municipios de menos de 1.000 habitantes, y más del 80% en pueblos con menos de 10.000 residentes. Solarig también pone en el centro estos valores a través de proyectos como Turboleta SAF, en Teruel, que ilustra claramente que la ruta directa hacia la descarbonización del transporte aéreo pasa por proyectos y compañías comprometidas con una visión completa de la reducción de emisiones y con el compromiso de desarrollar nuevas industrias que aporten valor añadido en las zonas donde se instala. 

Además de estas innovadoras tecnologías, Solarig también ha seguido ampliando sus horizontes en tecnologías renovables tradicionales y, en 2024, se adentró en el sector eólico con la adquisición de Corfree Wind, que aporta 17 años de experiencia en el sector eólico. Además, la firma también ha empezado a operar con los primeros sistemas de almacenamiento por baterías (BESS), clave para estabilizar una red eléctrica alimentada por fuentes intermitentes, y que son ya un elemento clave para aumentar la penetración de la energía renovable en el mix energético. Esta visión integral, que mezcla generación, almacenamiento y transformación, responde a una nueva realidad donde el sistema energético del siglo XXI será descentralizado, digital y resiliente.

20 años de crecimiento con propósito

Desde su fundación, Solarig ha demostrado que una empresa energética puede ser una organización que genera tejido económico, conexión local y nuevos horizontes para el desarrollo rural. «Somos parte activa del cambio y queremos seguir creando un impacto positivo y duradero en la sociedad, que también ponga en el centro a las personas y al desarrollo de los territorios. Desde proyectos que revitalizan el tejido productivo rural hasta tecnologías que elevan la resiliencia y la competitividad industrial, cada paso que damos es una inversión en estabilidad, diferenciación y liderazgo, alineada con nuestra visión de anticipar tendencias y consolidar oportunidades en la transición energética global», destaca Jaime Sureda, director General de Servicios Corporativos de Solarig. «Hoy seguimos mirando al futuro igual que lo hicimos hace 20 años», concluye.

La compañía no concibe el crecimiento sin responsabilidad, y por eso articula su modelo de sostenibilidad en cuatro ejes: planeta, personas, principios e impacto. La compañía promueve el diálogo con comunidades locales, invierte en proyectos sociales y ambientales y alinea sus operaciones con los ODS, el Acuerdo de París y el Pacto Mundial. «La descarbonización es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, y en Solarig lo asumimos como una responsabilidad empresarial y generacional. Nos hemos marcado un objetivo ambicioso, pero necesario: alcanzar las cero emisiones netas en 2040» destaca Cecilia Carballo, directora general de Sostenibilidad y Comunicación de Solarig.

Cecilia Carballo: «Nos hemos marcado el objetivo de alcanzar las cero emisiones netas en 2040»

La sostenibilidad es más que una métrica, es una forma de trabajar. Por eso, todas sus instalaciones incorporan medidas de protección ambiental: su nuevo espacio corporativo en la Ciudad del Medio Ambiente de Soria, con más de 2.000 metros cuadrados , simboliza un retorno al origen y un compromiso de permanencia. Cuando hablar de transición energética es casi inevitable, la historia de Solarig recuerda que el cambio real no siempre empieza donde todos miran.

«Cumplimos 20 años con la convicción de que conseguiremos ser un actor multienergético de referencia en energía fotovoltaica y eólica, así como en el almacenamiento energético; hasta el sector de los gases verdes, a través del biometano, y la captura y almacenamiento de CO2 biogénico. Los próximos 20 años serán claves para el sector energético del futuro, y queremos ser protagonistas de la mayor transformación de nuestra generación», afirma Miguel Ángel Calleja. Veinte años después, Solarig sigue mirando al futuro con responsabilidad y con la misma determinación con la que un día eligió apostar por la sostenibilidad en una oficina de Soria, creyendo que otra forma de generar energía y de estar en el mundo era posible.