Una receta contra la crisis de odio y poder

Diego Isabel La Moneda

«Quisiera que mi voz fuera tan fuerte que a veces retumbaran las montañas y escucharais las mentes-social-adormecidas, las palabras de amor de mi garganta». Así comienza la que reconozco es una de mis canciones favoritas. En ella, Extremoduro, uno de los grupos españoles que desde finales de los años ochenta viene cantando con rabia y desgarro las injusticias de nuestra sociedad, hace un alegato al amor como motor para cambiar una sociedad adormecida por el odio y en la que nos «educaron para hombre adinerado».

Hoy esa sociedad está rota, enferma, enfadada, enfrentada, al borde del abismo. Una joven cantante de este siglo XXI, la activista Brisa Fenoy, titula su primer libro Amor o poder y en él explica la importancia de, ante cada decisión, escuchar nuestro interior y entender si queremos actuar guiados por el amor – hacia los demás, hacia la vida – o por el afán de poder que se expresa en variantes tan diversas como el poder económico, el poder político o el número de seguidores en Instagram.

¿Dónde están las personas que se guían por el amor? ¿Dónde aquellas que ensanchan su alma cada día para ayudar a las demás? No las leo en las redes sociales, no las encuentro en las gradas de nuestro Congreso de los Diputados, no las veo en los consejos de administración de las principales empresas. No digo que algunas de ellas no estén allí, pero sus voces son acalladas por aquellas que se guían por el poder y el odio.

«La crisis del coronavirus ha hecho que las voces guiadas por el amor sean oídas»

Por suerte, la crisis del coronavirus ha hecho que las voces guiadas por el amor sean oídas. Han sido escuchadas en cada escalera en la que una persona ofrecía su ayuda sus vecinos, en cada barrio donde los pequeños comercios se han organizado para repartir alimentos a domicilio, en esos hilos en redes sociales en el que ingenieros y makers desconocidos han colaborado para innovar y producir EPIs y respiradores. Hemos podido escuchar muchas pequeñas voces a nivel local, pero ¿existen voces que nos digan cómo transformar nuestra economía y nuestras políticas públicas a nivel nacional para que de verdad sirvan al bien común? Puedo afirmar que sí. Tengo la fortuna de trabajar y colaborar con muchas de esas voces desde hace años. Las escucho en cada evento y actividad que organizamos en el Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social y en los cada vez más eventos, informes y artículos elaborados por diferentes personas y organizaciones y que nos hablan de una economía al servicio de las personas y el planeta. Veo ese espíritu en cada persona que aplica un consumo consciente y antes de cada compra se pregunta ¿realmente lo necesito? ¿habrá sido producida esta prenda o este alimento de manera coherente con mis principios? Me admiro ante las cada vez más empresas y emprendimientos que se guían por un claro propósito social y generan impacto positivo en todos sus grupos de interés. Aplaudo a esos inversores que quieren que su dinero siga a sus valores.

Muchas de estas voces nos hemos unido para construir el Plan A, Economía para la Vida, un programa de política económica que aspira a anteponer el amor al poder y transformar la economía española. Sus cinco pilares son claros y sólidos; una economía con sentido en la que las empresas que generen impacto positivo sean premiadas por los consumidores y por las políticas y compra públicas; una economía local y resiliente capaz de resistir crisis pandémicas, climáticas, financieras o energéticas; reinventar el trabajo, de modo que las personas puedan desarrollar su talento y potencial humano y ponerlo al servicio del bien común; une economía solidaria y colaborativa que genere redes innovadoras y que utilice la tecnología como herramienta para la colaboración; una economía circular y regenerativa que nos permita caminar, desde el actual modelo extractivo y contaminante, hacia un modelo de desarrollo sostenible que opere dentro de los límites del planeta.

Este es el único camino que nos puede sacar de la crisis económica y la crisis de odio y enfrentamiento que vivimos. Estamos construyendo un Plan A, porque no hay planeta B ni vida B. Ahora solo falta que nuestras voces sean tan fuertes que las montañas retumben y nuestras propuestas sean escuchadas por esas mentes, muchas social-adormecidas por el odio y el poder, que se sientan para representarnos en el Congreso de los Diputados, en los parlamentos autonómicos y encada Ayuntamiento de este país.

Te invito a sumarte a este camino, a sumarte a una economía para la vida. Y si alguna vez sientes desfallecer y te faltan las fuerzas, la receta es fácil: «Ama, ama, ama y ensancha el alma».


Diego Isabel La Moneda es director del Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social