Aprendizajes para el mañana

Antonio González

El profundo cambio de comportamientos que estamos experimentando en apenas unas semanas ha puesto de manifiesto las paradojas y contradicciones de nuestro habitual sistema de vida y nos ofrece una oportunidad para consolidar aprendizajes que pueden ser determinantes para nuestro futuro.

En el marco del confinamiento y con el eje transversal de aceleración en la transformación digital de nuestras vidas, podemos fijar la atención en cinco territorios o paradojas que han transformado de manera radical nuestro mundo en unas semanas.

La primera es la paradoja del confinamiento frente a la movilidad. Esa movilidad que parecía inexorablemente vinculada al paradigma de la globalización y que era incuestionable tanto en la esfera personal como en la de los negocios.

La segunda es la distancia social frente a un incremento de la conexión personal, en primer lugar con uno mismo y en segundo lugar con una mayor vinculación, interés y frecuencia de interacción con familiares, amigos y compañeros.

Somos seres interdependientes y la respuesta a cualquier pregunta está en la Comunidad

La tercera nos confronta el modelo de hogar individualista, cerrado en sí mismo, ajeno a su entorno, con el encuentro en los balcones, la conciencia de tribu y de comunidad, la toma de conciencia de que somos seres interdependientes y que la respuesta a cualquier pregunta está en la Comunidad.

La cuarta paradoja nos la devuelve la tierra y el medioambiente. Lo que las cumbres de los gobiernos mundiales no han sido capaces de acometer, lo ha conseguido un comportamiento colectivo del conjunto de la sociedad en unas pocas semanas.

Y, por último, la paradoja económica. Esta crisis hace volar por los aires la economía financiera, el valor de las bolsas, de los mercados globales… Y, en cambio, pone en valor ámbitos de la economía y de la actividad productiva considerados como menores o marginales tan sólo hace unas semanas. Me refiero a la Economía de los cuidados, a la producción y consumo alimentario de cercanía, a la industria local, a la necesidad de activar al tejido de autónomos y micro-pymes que sostienen nuestro país, y también a la solidaridad, la donación y la filantropía que viene a asumir responsabilidades cuando otros mecanismos desaparecen.

En este tiempo de análisis, reflexión y opinión generalizada tomar consciencia de estas paradojas y contradicciones nos pueden ayudar a dejar atrás marcos cognitivos que parecían irrefutables y abrirnos a propuestas de aprendizajes y cambios de comportamiento que vemos que pueden ser posibles y transformadoras para un cambio necesario en nuestro futuro.

Las propuestas de futuro siempre implican renuncias y cambios, por eso tomar consciencia de las tensiones nos ayuda generar los incentivos necesarios para el cambio. ¿Cuáles son los comportamientos emergentes, contrastados en esta crisis, que pueden contribuir a las soluciones del futuro?

En primer lugar, el cuidado en comunidad, la conciencia de la inter-dependencia y la necesidad de construir una red de relaciones responsable, inclusiva y solidaria.

En segundo lugar, la importancia de una economía local, real y resiliente. Esto implica abandonar falsos mitos en los que se sustenta nuestro modelo económico y buscar alternativas desde la innovación y el apoyo al emprendimiento.

En tercer lugar, la transformación de nuestros entornos de trabajo y de las relaciones laborales, hacia un trabajo con sentido, flexible y conectado. Muchos ámbitos de nuestras vidas sufrirán cambios a raíz de esta experiencia, pero posiblemente, la más importante será la relacionada con nuestras formas de trabajo y los modelos de organización. Tendencias que venían emergiendo lentamente, van a sufrir una aceleración vertiginosa a la vista de este experimento colectivo de cambio conducta al que asistimos.

La flexibilidad será la norma en el mundo del trabajo. Los entornos híbridos (ubicaciones físicas múltiples y entornos digitales), los equipos distribuidos, diversos y polivalentes, y la búsqueda de sentido y propósito en aquello que dedicamos el mayor número de horas en nuestras vidas, ya son en nuestro presente las claves que dinamizarán el futuro del trabajo.


Antonio González es CEO de Impact Hub Madrid