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«Apostar por las renovables ya es una cuestión de rentabilidad»

Los momentos convulsos como el que estamos viviendo, inciden de manera directa sobre la energía, tanto en su precio como en su distribución, con consecuencias imprevisibles. En un mundo cada vez más movedizo y problemático, los países trabajan para ser menos dependientes energéticamente. Sobre estas y otras cuestiones conversamos con Jorge González Cortés (Madrid, 1975), vicepresidente del Grupo Gesternova, al que pertenece la comercializadora pionera en suministrar energía verde en España, Contigo Energía.

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09
junio
2026

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En los últimos años hemos visto cómo las tensiones y conflictos geopolíticos, desde la guerra en Ucrania hasta la de Irán, han afectado de forma especialmente acuciante al suministro de energía en Europa. ¿Hasta dónde llega nuestra dependencia energética de terceros países? ¿Qué eslabones en la cadena de suministro de energía son más sensibles?

Empiezo por Ucrania, porque es una guerra que los europeos estamos pagando dos veces. Por un lado, nuestra dependencia del gas ruso le proporciona ingresos a Rusia; por otro, nuestro compromiso con la defensa de Europa nos hace financiar el equipamiento de armas de Ucrania. Al mismo tiempo contribuimos al ataque y a la defensa de Ucrania. Si lo ponemos en términos cuantitativos, la dependencia energética europea ronda el 54 o 56%. Es decir, de toda la energía primaria que se consume en la Unión Europea ese porcentaje viene de fuentes exportadas. En el caso de España, cuya dependencia era históricamente mucho más alta que la de la media europea, se ha rebajado, pasando en un par de décadas del 85% de dependencia al 70%. Eso suponía, en la época de mayor dependencia energética, importar 50.000 millones de euros en combustibles al año, y una inversión que se equiparaba con los ingresos que tenía España por el turismo. Es decir, España se gastaba en importar energía lo mismo que ingresaba por turismo.

Eso nos da una idea de lo relevante que es la independencia energética. España depende de los combustibles fósiles y también del uranio. El 35% del uranio que consumen las centrales nucleares españolas viene de Rusia. También dependemos del gas y del petróleo, e importamos de diversos países que han ido cambiando a lo largo de estos últimos años en los que se han sucedido los conflictos bélicos. Hemos ido trayendo gas de distintos países, desde África a Estados Unidos. Seguimos importando de Rusia. Y durante un tiempo, nos hemos disputado con Bélgica y Francia los primeros puestos en el ranking de países importadores de petróleo de Rusia. Es decir, a pesar de todo lo que la Unión Europea ha hecho para castigar a Rusia, seguimos comprándole combustibles fósiles. Estos datos nos dan una idea de lo relevante que es, desde el punto de vista económico, pero también geopolítico, el que cada país sea soberano en materia de energía.

Estas inestabilidades se han reflejado de forma notoria en los precios de todo tipo de bienes de consumo. ¿Cómo se interrelacionan el suministro energético y la estabilidad económica y de los precios? 

Está sucediendo especialmente en los que llamamos sectores difusos: el transporte y la calefacción. El transporte por carretera, tanto para  conductores privados como  para el transporte de mercancías, transporte aéreo… Y luego está el tema de las calefacciones. El hecho de que el cierre del estrecho de Ormuz se esté produciendo en una época del año en la que la demanda de energía para usos térmicos desciende, amortigua un poco el efecto. Esas medidas de presión tienen mucha más fuerza en invierno que en verano, pero aun así, es un duro golpe. Y al final, todo ese incremento de costes repercute también en el precio de los bienes que consumimos. 

Para paliar los impactos comentados, desde las administraciones públicas se han planteado medidas como la rebaja del IVA, el control de los precios de la energía, etcétera. Teniendo en cuenta que las crisis energéticas repercuten especialmente en hogares vulnerables y que es difícil garantizar que no emerjan nuevas tensiones que afecten a la seguridad energética, ¿son suficientes estas medidas? ¿Qué otras acciones podrían mitigar las consecuencias de la inseguridad energética? 

No todas las ayudas que un Gobierno puede proporcionar a los consumidores vulnerables son iguales. En el caso del IVA parece evidente, recordemos que ya cuando hubo un incremento del precio de la energía (primero motivado por la rápida recuperación de los países asiáticos, que fueron muy demandantes de gas, después por la guerra de Ucrania), vimos que el Gobierno primero negó la posibilidad de reducir el IVA, después lo hizo y, a continuación, volvió a subirlo. Creo que se demostró que era una medida efectiva para paliar el efecto del incremento de energía en los hogares. También se daba la circunstancia de que el IVA se reducía del 21 al 10%, si no recuerdo mal, pero el precio de la energía se había multiplicado por 4, luego la base imponible sobre la que se calculaba el precio de la energía se multiplicaba por 4, es decir, multiplicamos por la mitad de IVA, pero con un precio de la energía 4 veces superior. Al final el efecto que tuvo fue bastante neutro, pero muy positivo para el consumidor. 

«Hace un par de décadas, España se gastaba en importar energía lo mismo que ingresaba por turismo»

Respecto a los consumidores vulnerables, eso es una discusión que daría para una entrevista entera porque el concepto es innegable: hay muchos consumidores en España que tienen dificultades para pagar el recibo de la luz, pero las ayudas que reciben vienen del bono social. Esas ayudas para los consumidores vulnerables salen del sistema eléctrico, es decir, el resto de consumidores que no tienen bono social pagan el bono social de aquellos que lo tienen.

Además, el bono social está diseñado de tal manera que una persona con una renta alta puede encajar en ciertos supuestos en los que tiene acceso al bono social y en realidad no lo necesita. Con lo cual sería mucho más práctico y mucho más equilibrado, desde nuestro punto de vista, que el bono social saliese de los Presupuestos Generales del Estado como una ayuda a las personas que lo necesitan, no como algo que una parte de los consumidores o usuarios del sistema eléctrico soporta de otra parte del sistema eléctrico. 

La pobreza energética no es una cuestión que afecte solo a los que consumen luz; afecta con independencia de que sean consumidores o no, es una cuestión de solidaridad. En España hay 30 millones de consumidores eléctricos y 21 millones de contribuyentes de IRPF. Fiscalmente es mucho más digerible, así como desde el punto de vista político, una medida fiscal sobre el recibo de la luz que afecta a 30 millones de individuos que a 21 millones. 

¿Qué estrategias podría adoptar el sector energético para mitigar esa desigualdad y fortalecer la resiliencia económica?

El sector eléctrico ha hecho un esfuerzo muy importante para desplegar el uso masivo de renovables en los últimos 20 o 30 años, y ahora todo ese esfuerzo se queda un poco cojo, porque lo que falta es la demanda. Tenemos unos precios de la energía de los más baratos de Europa, tenemos horas del mercado en las que los precios son incluso negativos, en muchas horas son cercanos a cero, y sin embargo no tenemos el recibo de la luz más barato de Europa, con lo cual en la tarifa eléctrica es donde tenemos el punto débil, y eso no corresponde al sector eléctrico, eso corresponde a la administración que regula el recibo de la luz para que, entre otras cosas, pudiéramos configurar unos peajes de energía que favoreciesen el consumo eléctrico dentro de las horas solares. Tenemos un gran despliegue de energía fotovoltaica que no aprovechamos, porque la demanda no tiene un estímulo suficiente para trasladarse a las horas solares. 

Pese al impacto en nuestra economía de los vaivenes geopolíticos, lo cierto es que España es uno de los países europeos menos expuestos a la volatilidad de precios. ¿En qué medida debemos esto a las energías limpias? 

En gran medida. Para entendernos, la fotovoltaica, como el resto de las energías renovables, tiene un efecto deflactor sobre el precio de la energía en el mercado mayorista. Eso quiere decir que toda esa energía que entra ahora en el mercado tiene un coste marginal muy bajo y, cuando antiguamente estaba en lo que llamábamos el régimen especial, que eran las renovables que tenían primas, ofertaba a  precio cero en el mercado. Eso genera un efecto reductor que, paradójicamente, ha terminado canibalizando también el precio de la energía para las propias renovables. También es cierto que, al tener esa capacidad de generación de energía autóctona, evitamos la importación de combustibles fósiles y, por tanto, de emisiones de CO2, que también tienen un coste económico y una repercusión en la calidad de vida de los españoles. Pero sí que es verdad que, gracias a que tenemos una gran implantación de renovables, hemos fortalecido nuestra posición de independencia energética respecto a estas situaciones que son inevitables para nosotros.

La energía nuclear ha vuelto al primer plano del debate energético. ¿Se trata de una tecnología adecuada para un sistema energético limpio y autónomo a corto, medio y largo plazo?

Creo que aquí hay tres discusiones a las que podemos aludir. Una de ellas es el tema de las emisiones. La taxonomía de la Unión Europea considera que la energía nuclear es libre de emisiones, ya que se refiere a que es libre de emisiones una vez que está generando energía, pero tener el combustible nuclear y la construcción de la central tiene un impacto como lo tiene la construcción de cualquier otra tecnología. En este sentido, cada tecnología tiene lo que llamamos un energy payback, o tiempo de retorno energético, es decir, la relación entre la energía que produce una fuente y la que consume para producir esa fuente de generación. Es verdad que en el caso de la energía nuclear es muy reducido, porque produce mucha energía una vez que está en funcionamiento.

«El bono social debería salir de los Presupuestos Generales del Estado como una ayuda a las personas que lo necesitan, no como algo que una parte de los usuarios del sistema eléctrico soportan»

Dicho eso, hay que separar el debate en dos cuestiones. Una, si mantener las centrales nucleares que ya están construidas y funcionando en España tiene sentido. Seguramente, deberíamos mantenerlas por una razón de estabilidad del sistema eléctrico y de seguridad de suministro: basta recordar que va a hacer un año del famoso apagón del 28 de abril, en el que se vio que el sistema eléctrico necesita estabilidad.

Es importante, asimismo, no confundir las necesidades del operador del sistema con las circunstancias del mercado eléctrico. Si no había más aportación de energía nuclear en ese día, no era porque políticamente se hubiese decidido que no participasen en el pool, sino porque hay unas circunstancias que están relacionadas con la demanda y con el precio que se paga la energía para que esas nucleares no estuviesen funcionando en ese día. Es un poco más complejo de explicar, pero no quiero desviarme del tema. Si de lo que hablamos es de construir nuevas centrales en España que garanticen la seguridad de suministro y la estabilidad del sistema, eso es poco viable. Primero porque las centrales nucleares que se han construido en Europa, los tres casos que me vienen a la cabeza, que son Hinkley Point C en Reino Unido, que está en construcción, Flamanville en Francia, y Olkiluoto 3 en Finlandia, han sido muy costosos, rondando los 20.000 millones de euros de coste. 

Hinkley, por ejemplo, necesita una especie de feed-in o tarifa regulada para garantizar su viabilidad durante 25 años, con una retribución que es superior al precio medio del mercado en el Reino Unido. Y en el caso de Flamanville, tras invertirse ya 19.500 millones de euros en la construcción de la planta, el propio  Tribunal de Cuentas francés se llegó a plantear si continuar la construcción o dejarla como estaba. Olkiluoto está en marcha desde enero de 2022, Flamanville ya funciona y Hinkley lo hará, pero también con retrasos. Hay que tener en cuenta que una central que empecemos a construir hoy (y no hay nada que lo prohíba) no estará lista hasta dentro de 20 años. Son los números, las cuentas, lo que impedía que se hiciesen centrales nucleares. La cuestión de las centrales nucleares tiene que ver también con el retorno a la inversión. El dinero es muy asustadizo. Y busca grandes retornos en periodos de tiempo también cortos. Si la energía nuclear es capaz de darnos eso en Europa, pues tendrá un resurgir. Pero si el interés de los fondos de inversión está en las renovables, y así es, lo que tenemos es un gran desarrollo de las renovables en Europa.

¿Qué combinación de energías limpias podría garantizar al mismo tiempo la flexibilidad del suministro? ¿Cuán lejos estamos de consolidar tal mix energético?

He sido durante muchos años miembro de la Junta Directiva de APPA, la Asociación de empresas de Energías Renovables, y unos cuantos años, presidente de su Sección Fotovoltaica, y siempre he defendido un mix energético 100% renovable. Hay países que lo son. Costa Rica es un ejemplo. Noruega prácticamente tiene un 100% de energía renovable. Pero un sistema equilibrado seguramente requiere también energía térmica. Puede ser energía con ciclos combinados de gas, o incluso energía nuclear. ¿Cuál es el sistema eléctrico ideal? Diríamos que aquel en el que haya energía firme y energía flexible. Combinando ambas, puedes tener el mix ideal. ¿Cuál es la energía firme? La energía térmica, en el caso de España, la nuclear. ¿Cuál es la energía flexible? Los ciclos combinados de gas y la hidráulica. Y las renovables, con la hidráulica como la más capaz de dar absoluta flexibilidad al sistema. Si queremos un sistema eléctrico muy resiliente, tenemos que gastar mucho dinero en él, tanto en redes como en generación. Y no nos olvidemos de la cuestión de las baterías. Un sistema eléctrico con una gran capacidad de almacenamiento es mucho más plausible que sea 100% renovable que un sistema que no lo sea. Porque al final los medios, las fuentes térmicas, el gas es almacenable, y los recursos renovables, no. Hasta ahora, si somos capaces de desplegar una gran cantidad de baterías o hacer bombeos de hidráulica, que también puedan servir como almacenamiento, nos acercamos mucho a un mix de generación 100% renovable. Pero siendo realistas, seguramente siempre necesitemos alguna fuente térmica que dé respuesta a las necesidades del sistema de una forma sólida. Habrá un criterio técnico para que esas centrales funcionen, pero también tendrá que haber un incentivo económico. El debate actual en el sistema eléctrico ahora está en un concepto que se llama «pagos por capacidad», que es la retribución que reciben ciertos activos (grandes generadores de energía), simplemente por estar disponibles para el sistema. Volvemos a una cuestión de números. 

«El sector eléctrico ha hecho un esfuerzo muy importante para desplegar el uso masivo de renovables en los últimos 20 o 30 años, y ahora lo que falta es la demanda»

Siempre repito que el capitalismo salvará al planeta, porque lo que ha hecho que haya un gran despliegue de renovables en toda Europa y en el mundo, y en especial en España, donde somos un país pionero, es que los números salen. Apostar por las renovables ya no era una cuestión sólo de pájaros y flores, sino una cuestión económica en la que tener un gran despliegue de estas tecnologías  es una fortaleza. Alguien podría pensar que por culpa de las renovables tuvimos un apagón en 2025, pero no es cierto, igual que no lo es decir que fue culpa de las nucleares porque no estaban disponibles ese día. La discusión es otra y es mucho más compleja, y no podemos hacer afirmaciones simples sobre algo tan complejo como el sistema eléctrico.

Poniendo la mirada en Europa y en el medio plazo, ¿considera que está avanzando por el buen camino para conseguir autonomía y resiliencia energética? ¿Qué cuestiones considera esenciales para alcanzar tal objetivo?

La transición energética es un camino que va construyéndose a medida que vamos avanzando por él. Los objetivos son claros y son necesarios. Europa se está descarbonizando, sí. Podemos decir que otras economías no lo están haciendo al mismo ritmo, están siendo más conservadoras, están siendo más inteligentes. No lo sé. 

«El capitalismo salvará al planeta, porque lo que ha hecho que haya un gran despliegue de renovables en toda Europa y en el mundo es que los números salgan»

El camino emprendido por Europa es el camino que han seguido otras economías en el mundo en cuanto a descarbonización, independencia energética y despliegue de renovables. Circunstancialmente, en Estados Unidos tenemos un presidente que no es partidario de los renovables. También teníamos un presidente en Estados Unidos como Obama, muy favorable a los renovables, que fue el que desplegó el fracking durante su administración. Luego ni Trump es tan Trump, ni Obama tan Obama. Depende de que las inversiones sean rentables y den dinero al promotor. Y en Europa estamos en ese camino. 

Hay un debate ahora en Alemania sobre si fue un error el cierre de las nucleares, pero el tiempo lo dirá. No podemos tomar decisiones que afectan a largo plazo con circunstancias que se dan en el corto plazo. Lo razonable es pensar que, en cada uno de los escenarios que planteemos a largo plazo, nos vamos a encontrar muchas circunstancias adversas y muchas otras favorables. Lo que debemos tener claro es el rumbo, y que no es un camino de ida y vuelta. 

Hoy se está dando la circunstancia de que muchos proyectos de renovables no son rentables porque los precios de mercado son extremadamente bajos. Ha llegado el momento en que las renovables no necesitan ayudas porque son competitivas por sí mismas, pero hay que aceptar las dificultades de participar en el mercado.

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