«Las empresas tienen que recuperar su origen: surgieron para solucionar problemas»

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Borja Rebull
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Ni las empresas ni la sociedad en general estamos preparadas para una transformación semejante. Así de tajante se muestra Elena Pisonero Ruiz, presidenta ejecutiva de Taldig y miembro del Consejo Asesor de Unicef España, ante la posibilidad de un futuro sostenible. Aunque a pesar de todo, abre una puerta al optimismo: las crisis de los últimos tres años nos han hecho tomar conciencia de la responsabilidad con nuestro entorno, gracias a lo cual hemos pisado el acelerador. Para Pisonero, asumir la responsabilidad social y ambiental y recuperar el propósito a todos los niveles y en todo tipo de instituciones será necesario para que el actual modelo económico, demostrado obsoleto, abra paso a uno más eficiente y justo.


¿Están preparadas las empresas para ser motores de cambio hacia un futuro más sostenible?

Sinceramente, creo que no. Ni las empresas ni la sociedad estamos preparadas para una transformación semejante, con retos de esta envergadura. Lo que sí está claro es que la suma de acontecimientos que estamos viviendo en estos últimos tres años nos ha hecho tomar conciencia de que es algo muy urgente que sí que nos lleva a acelerar este cambio y a ser partícipes del mismo. 

¿Cómo puede una empresa ser sostenible medioambiental y socialmente y, al mismo tiempo, serlo económicamente?

Es la única manera de protagonizar esta transformación: asumiendo una responsabilidad con el medio ambiente y la sociedad. Hace tiempo que se está trabajando en el papel que tienen las empresas en la sociedad, y en gran medida lo que tienen que hacer es recuperar su origen: las empresas surgieron –y hay estudios que lo certifican– para resolver problemas. La sociedad les dio el crédito de usar recursos para resolverlos. Y la virtud que tienen las empresas es hacerlo de manera eficiente para ser rentables, para que haya una viabilidad financiera en las soluciones que aportan. Y durante mucho tiempo se siguió un modelo que hoy ya no funciona: considerar que el resto de la sociedad se ocuparía de su parte de los retos a los que nos enfrentamos. Antes había un marco moral que permitía ese comportamiento, y lo que ha cambiado ahora es ese marco, en el que las empresas tienen que dar soluciones a los problemas que hoy consideramos relevantes. 

«Primar a aquellas empresas que reenfocan su propósito a algo que no sea meramente individual, sino más colectivo, es algo necesario»

El Congreso acaba de aprobar la creación de una figura, la de las «empresas con propósito». ¿Aportan algo al cambio políticas como esta?

Esta figura me parece interesante, ya que vuelve a traer la pregunta fundamental: ¿para qué estás en la sociedad? Y demuestra cómo ahora, a través de los poderes públicos, estamos definiendo lo que es relevante. Primar a aquellas empresas que reenfocan su propósito a algo que no sea meramente individual, sino más colectivo, es algo necesario. 

¿Las empresas son conscientes de las oportunidades que conlleva esta transformación?

Deberían. Yo estoy convencida de que la clave del éxito de esta transición es que realmente las empresas sean conscientes de que ser sostenible entraña la oportunidad de seguir siendo relevantes en el futuro. 

Como miembro del consejo asesor de Unicef, ¿cuáles crees que son los principales retos de las nuevas generaciones?

Sin duda, los niños son el eslabón más débil de la pirámide social. Pero en Unicef vamos más allá, fijándonos en niños que son mucho más vulnerables que los niños españoles: los que se ven obligados a migraciones forzosas por las guerras, el cambio climático y la violencia. Esos son los problemas que ahora mismo deben enfrentar las nuevas generaciones más vulnerables. 

La obesidad infantil es otro de los problemas. ¿Deberían las empresas fomentar la educación en este sentido?

Sin duda alguna. Hay empresas que han sido pioneras en tener alimentos saludables en el entorno laboral pero, además, es fundamental tener una formación constante en un concepto integral de la salud que abarque hasta la salud mental pero que parta de una salud básica dependiente de la alimentación. Las empresas tienen un papel muy importante en formar a lo largo de la vida adulta a las personas de su ecosistema; no solo a quienes están dentro, sino también a toda la cadena de valor, incluidos sus clientes. 

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