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Talento, el urgente motor de la transición ecológica

La sociedad se enfrenta a retos cada vez más complejos: crisis sanitarias, económicas, sociales y ecológicas definen nuestro futuro. Ante este escenario, las jóvenes mentes se convierten en la fuerza más valiosa para cristalizar la revolución sostenible.

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Yvonne Redín
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Cambio climático y talento joven

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Yvonne Redín

«Estudia y tendrás un futuro garantizado», nos aseguraron nuestros padres. Ese mantra se convirtió en una ecuación prácticamente perfecta en la que nosotros éramos la equis: un acertijo que sólo el tiempo y nuestro esfuerzo académico sería capaz de resolver. Sin embargo, la llegada del mañana dio pie a nuevos retos cuya magnitud nadie imaginaba: guerras retransmitidas a través de las redes sociales, una pandemia mundial, varias crisis económicas y una frágil Tierra que sortea olas de calor, inundaciones y heladas como resultado del cambio climático. Quizás el paradigma bajo el que crecimos era cierto, pero su enfoque no. Pero ¿y si quien necesitaba garantizar su futuro no éramos nosotros, sino el planeta?

A lo largo de la historia, el afán de conocimiento ha oscilado entre lo vocacional y lo pragmático. De esta forma, decidir nuestro futuro implicaba valorar si tenía más peso «el trabajo de nuestros sueños» o «las salidas laborales». La lucha se alimentaba de todas aquellas creencias populares que sitúan ciertas profesiones en la base de la pirámide del prestigio. A día de hoy carece de sentido aferrarnos a esa dicotomía entre la vocación y el pragmatismo: la educación se encuentra en el epicentro de una revolución impulsada por la alta demanda de empleos relacionados con la sostenibilidad.

A lo largo de la próxima década se crearán hasta 24 millones de empleos verdes

Tal y como revela el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Sostenibilidad medioambiental con empleo, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a lo largo de la próxima década se crearán 24 millones de empleos verdes; es decir, puestos de trabajo que «reducen el consumo de energía y materias primas, limitan las emisiones de gases de efecto invernadero, reducen al mínimo los desechos y la contaminación, protegen y restauran los ecosistemas, y permiten que las empresas y las comunidades se adapten al cambio climático». Se trata de un proceso que beneficiará a 149 sectores de la economía, ya que posibilitará la transición hacia un modelo circular capaz de superar el contaminante modelo económico tradicional basado en la extracción, el uso y el desecho. Sin embargo, esta transición se encuentra con una barrera: faltan jóvenes talentos formados en materia de sostenibilidad para cubrir los puestos emergentes.

En la revolución sostenible en la que ya estamos inmersos cobran gran importancia instituciones como la Escuela de Organización Industrial (EOI), la primera escuela de negocios en España fruto del acuerdo alcanzado entre los Ministerios de Educación e Industria en 1955. A lo largo de estos más de sesenta años, la EOI ha observado, analizado y respondido a los cambios sociales que se han ido sucediendo. El resultado es una oferta formativa basada en la innovación: estudiar sí nos conduce a un futuro mejor, no solo a las personas, sino también a la sociedad y al planeta. Muestra de ello es el Máster Internacional en Desarrollo Sostenible y Responsabilidad Corporativa (o IMSD por sus siglas en inglés), una iniciativa dirigida a graduados y jóvenes profesionales que buscan especializarse en estrategias de sostenibilidad y su aplicación a nivel corporativo.

En las últimas décadas, la semilla del cambio ha enraizado en la sociedad; sabemos que el mundo en el que nos desenvolvemos está en constante evolución, y aunque los actores de esta obra somos las personas, lo cierto es que las instituciones privadas y públicas son quienes más peso tienen a la hora de decidir un desenlace u otro. Corporaciones privadas, grupos de consultoría, entidades financieras, agencias de desarrollo, organizaciones no gubernamentales, ministerios, universidades y centros de investigación: todos ellos tienen un papel esencial a la hora de abordar las crisis sanitarias, económicas, sociales y ecológicas que han ocurrido, que ocurren actualmente y que ocurrirán en las próximas décadas. Guiar a estas instituciones hacia la sostenibilidad y la responsabilidad social es una prioridad, y es ahí donde entra en juego el Máster Internacional en Desarrollo Sostenible y Responsabilidad Corporativa y sus ocho especialidades: gestión de proyectores, sectores y organizaciones internacionales, ciudades inteligentes, responsabilidad corporativa, Big Data, marketing digital, experiencia de cliente y finanzas.

Para la EOI, la formación en sostenibilidad debe conducir a un cambio social, no solo individual

La educación, como vemos, es el arma principal para afrontar los desafíos que se nos presentarán durante los años venideros. Uno de los más importantes es el cambio climático, ya que tal y como señala el estudio Clima en España: Pasado, presente y futuro creado por la Red Temática CLIVAR, es una amenaza «entre otros, para la economía, la salud, los alimentos y la seguridad». Según la evidencia obtenida, la Península Ibérica se enfrenta a un aumento de la temperatura media y una tendencia a condiciones más áridas. Estos hallazgos se traducen en un mayor riesgo de incendios como los que han tenido lugar en la actualidad en la Sierra de la Culebra, en Zamora, que ha supuesto la pérdida de 25.000 hectáreas. No se trata de un caso aislado: Navarra, Aragón y Cataluña se enfrentan también a llamas que arrasan a su paso dejando un terreno sin flora y fauna y, sobre todo, sin barreras naturales contra las precipitaciones. Si bien son situaciones extremas, lo cierto es que año tras año son más frecuentes las heladas, los incendios, las sequías y las inundaciones. No es casualidad: es un efecto del calentamiento global.

Pese a la ingente cantidad de información científica que circula sobre el cambio climático, seguimos poniendo en duda su causa, su gravedad y nuestra responsabilidad. Estamos ante un problema de origen humano con graves consecuencias y que, como tal, exige cambios a gran escala. Por eso es vital, en primer lugar, incorporar la crisis medioambiental en el currículo escolar. En segundo lugar, es necesario avanzar en una revolución sostenible que permita a los jóvenes talentos especializarse en los mercados emergentes contra el cambio climático. Además, la voluntad política debe dirigirse hacia la transición ecológica. En cuarto lugar, la economía ha de descarbonizarse, para lo cual es necesario invertir en tecnología: la innovación es sinónimo de progreso. Por último, las entidades privadas y públicas deben posicionarse y, con urgencia, implementar planes de acción. Este último paso, quizá el más importante, se nutre de los anteriores: sin educación, sin jóvenes formados, sin políticas sostenibles y sin una inversión económica es imposible propiciar un cambio de paradigma.

En esta línea de pensamiento, Bruno Latour, filósofo, sociólogo y antropólogo, definió la crisis ecológica como resultado de la desregulación, la explosión de las desigualdades y la negación del cambio climático. ¿El antídoto? La alfabetización ecológica o, en otras palabras, la importancia de ofrecer una base teórica y práctica como la que se imparte dentro de la oferta formativa de la Escuela de Organización Industrial. El equilibrio entre ambos cimientos es fundamental. La información es poder, pero las habilidades prácticas son la base para aplicarlo de manera efectiva y responsable. Necesitamos aprender para poder hacer y necesitamos hacer para seguir aprendiendo; de lo contrario, tendremos bien una sociedad completamente perdida, bien una sociedad informada pero que no sabe cómo cambiar el mundo.

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