Cultura

Los Panero, o el germen de lo confesional

Las vidas de Luis Panero y Felicidad Blanc, así como las de sus hijos Leopoldo María, Juan Luis y ‘Michi’, generaron durante los años de la Transición española un insólito interés: al contrario de lo que era habitual, hablaban sin tapujos de sus problemas, desencuentros y enfermedades.

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09
junio
2022
‘Michi’ Panero, miembro de la familia.

En ocasiones, por distintas particularidades, toda una familia puede llegar a ser destacada y noticiosa. Más que noticiosa, cabría decir que despierta la curiosidad. Eso es lo que ha pasado con la familia Panero y todas sus vivencias. El punto de partida es el poeta de la Generación del 36, Leopoldo Panero (1909-1962), nacido en 1909 en Astorga (León). Comenzó a publicar sus poemas en Nueva Revista, en Madrid, y a partir de ahí continuó su andadura literaria. La estancia vacía, Versos del Guadarrama o Escrito a cada instante fueron algunos de los poemarios publicados. Con este último ganaría el Premio Nacional de Literatura.

Al inicio de la Guerra Civil fue arrestado, acusado de beneficiar económicamente a Socorro Rojo, pero la intermediación de su madre, Máxima Torbado, evitó mayores consecuencias, pese a que en un primer momento todo indicaba que iba a ser fusilado. Unos meses después, la muerte de su hermano Juan removió sus cimientos. Desencadenante o no, lo que pasó después fue un giro de los acontecimientos: adoptó una ideología conservadora que se extendería el resto de su vida. Tanto, que se le considera el poeta oficial del franquismo. Durante la Guerra se incorporó a Falange Española y recorrió varios cargos oficiales. En 1950 participó en la denominada misión poética en Latinoamérica junto a Luis Rosales, un recorrido propagandístico centrado en divulgar las ideas del Régimen.

No obstante, pese a su dedicación laboral y poética, no todo fueron trabajos y versos. De forma paralela a su relación con el franquismo y con las letras desarrolló su vida sentimental y familiar. En 1941 se casó con Felicidad Blanc (1913-1990), republicana y también escritora, aunque abandonó la literatura a causa de la actitud de su marido. De su relación nacerían tres hijos: Juan Luis, Leopoldo María y José Moisés, Michi, todos ellos dedicados también a la poesía. Blanc, como muchas otras mujeres, se dedicó a la crianza y logró inculcar a sus hijos un rico bagaje cultural.

De Felicidad Blanc, mujer de Luis Panero, se contaron cientos de anécdotas nada positivas

De ella se han contado múltiples historias y anécdotas nada positivas, pero también sus propios hijos y su marido la criticaron. Y es que el matrimonio con Panero no fue fácil y su vida familiar estaba lejos de esa imagen utópica que el poeta trataba de mostrar. El autoritarismo, las fiestas y el alcohol eran parte de la cotidianeidad del poeta, quien trataba con desdén a su esposa y ejerció la violencia. Ella escribió sobre él: «Habrá tantas mujeres que, como yo, habrán dejado que se oscureciera su inteligencia, perdida la curiosidad por todo, anuladas en su renuncia inútil. Mis hijos me han asegurado que hasta la muerte de Leopoldo ni me comprendieron ni se tomaron la molestia de pensar quién era yo».

Siguiendo esta ruta genealógica, el mayor de los hermanos, Juan Luis Panero (1942-2013), no ha generado tanto interés como el resto de la prole, aunque sí cierta antipatía. Dedicado a escribir y dotado de cierta excentricidad, su poesía es lo más destacable de su trayectoria. Escribió interesantes obras como Antes que llegue la noche o Galerías y fantasmas. Le sigue Leopoldo María Panero (1948), considerado un poeta maldito, quien empleó la escritura como salvación. No es de extrañar: pasó 30 años en hospitales psiquiátricos y la poesía le ayudaba a expurgar sus ideas suicidas. Poemas del manicomio de Mondragón o Contra España son parte de su trabajo.

Uno de los documentos más interesantes sobre esta familia es ‘El desencanto’, un documental que resultó ser todo un escándalo en la época

Por su parte, Michi Panero (1951-2004), el hermano más joven, estuvo muy vinculado a la movida madrileña y, por tanto, a la noche y al desenfreno. Fue columnista en medios como El País o La clave, y emprendió algún proyecto empresarial sin mucho éxito. Sus enfermedades crónicas a causa de su intensa vida nocturna le llevaron a terminar sus días en un pequeño apartamento cedido por varias amigas.

Uno de los documentos más interesantes sobre esta familia que ha permitido acercarnos a sus entresijos no es otro que El desencanto (1976), un documental dirigido por Jaime Chávarri que resultó ser todo un escándalo en la época. El contexto era propicio a revuelos: con Franco recientemente fallecido y un país que caminaba hacia la Transición, la adoración a valores clásicos como la religión y la familia seguían muy presentes, y destapar los trapos más sucios del poeta más venerado por el dictador y su familia no estaba muy bien visto. Pero, como suele ocurrir, esa polémica se encadenó con una curiosidad e interés que volvió muy popular el trabajo. En 1994 vio la luz una segunda parte de esta saga familiar con el documental Después de tantos años, de Ricardo Franco.

Hablar sin tapujos de sí mismos y de sus vidas, incluidas todas sus sombras, generó un aura de interés hacia esta familia de intelectuales. Aunque es cierto que les rodea una capa grisácea de nostalgia, pesimismo y perturbación, también lo es que a través de sus testimonios se reflejan las tinieblas de una época extensa de la historia de España. En cualquier caso, la genealogía Panero se ha afianzado como uno de los emblemas literarios de la Transición.

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