Sociedad

¿Quiere ser libre? Salga a caminar

Andar es saludable no solo por los beneficios físicos, sino psicológicos: ayuda a reducir el estrés, hace que nuestro cerebro funcione mejor y nos ofrece la sensación de ser dueños de nuestro entorno.

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09
May
2022
caminar

Se podría decir que caminar nos convirtió en humanos. Nuestra evolución en bípedos –seres que andan a dos piernas– es algo prácticamente inédito en la naturaleza, y aunque puede que mecánicamente represente incluso un problema, está demostrado que andar nos hace más inteligentes.

Los humanos somos los únicos mamíferos que se desplazan a dos patas y, aunque no lo parezca, esto trae aparejados un montón de problemas y un increíble número de cambios funcionales. Cuando los primeros homínidos se irguieron hace 3.500 millones de años, el movimiento cambió la relación del cráneo respecto a la columna vertebral, la anchura de la pelvis e incluso la forma de dar a luz, además de modificar fémures, rodillas y pies.

A priori, los resultados pueden parecer completamente problemáticos: las crías humanas tardan mucho más en aprender a desplazarse, son más vulnerables y aumenta el riesgo de varices, dolores lumbares, hernias e incluso problemas en el parto. La propia posición, sin embargo, nos convirtió también en una especie inteligente. Para empezar, mejoró las perspectivas de supervivencia al permitirnos otear por encima de la maleza, nos ayudó a convertirnos en omnívoros y liberó las manos, cuyo desarrollo sería fundamental no solo para el futuro desarrollo del cerebro, sino también para realizar tareas tan elementales como transportar comidas, tratarse las heridas o defenderse ante los ataques.

Cuanto más andamos, mejor funcionan nuestras neuronas, lo que se traslada en una mayor capacidad cognitiva

Según mantiene el neurólogo Shane O’ Mara en Elogio del caminar, esta actividad también nos hace más felices: ha convertido nuestros cuerpos en máquinas para desplazarse y explorar. Caminar hace que la mayor parte de nuestro sistema nervioso e inmunológico –y, en general, nuestro cuerpo– se sienta bien. Cuanto más andamos, mejor funcionan nuestras neuronas, lo que se traslada en una mayor capacidad cognitiva. O’ Mara ha escrito su ensayo precisamente para criticar un modo de vida sedentario que, según cree, estaría «secándonos el cerebro»: nuestro sistema nervioso, por ejemplo, sufre cuando pasa mucho tiempo parado. Para el autor, la fórmula es sencilla: cuanto más caminamos, más creativos somos. 

Son muchos los estudios que demuestran cómo el hecho de caminar previene el alzheimer o mejora la situación de los enfermos que ya lo padecen, ya que la materia blanca que conecta y sostiene las células de nuestro cerebro se activa y se repara con el movimiento físico de nuestro cuerpo. En las personas sedentarias, en cambio, esas mismas células tienden a encogerse e incluso deshacerse. En cierto modo, por tanto, caminar cura nuestro cerebro, ayudando incluso a reducir el estrés.

Elogio del caminar subraya, tal como lo han hecho otros estudios fisiológicos y psicológicos, que la acción de pasear en una dirección concreta aumenta nuestra sensación de control sobre nuestro entorno. La experiencia del homínido nómada que explora la naturaleza para sentirse más seguro nos ayuda a tener mayor control sobre nosotros mismos a través del simple acto de caminar. El paseo como actividad en sí mismo es, por tanto, un ejercicio de poder y libertad.

Todo este trabajo de la ciencia contemporánea no hace sino dar la razón a autores como el filósofo norteamericano Henry David Thoreau, que escribió en 1861 ensayo Caminar, donde defendía el propósito del paseo –en su caso, preferentemente en solitario– como un ejercicio de recogimiento y reflexión que permite poner en orden los pensamientos, el diálogo con uno mismo o la evasión. O’ Mara llegaría un siglo y medio después a la misma conclusión que Thoreau: caminar nos hace más libres.

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