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Economía y sostenibilidad, las enseñanzas que nos deja la pandemia

Emilio Ontiveros, presidente de Afi y consejero editorial de la revista Ethic, y Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España, comparten ideas sobre digitalización, sostenibilidad y los nuevos paradigmas económicos nacidos tras la pandemia.

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20
Nov
2021


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La pandemia ha dejado una profunda huella en las economías mundiales. Un rastro sobre el que, sin embargo, podría levantarse un nuevo modelo capitalista más solidario, más comprometido con el medio ambiente y más digitalizado. La ingenuidad, no obstante, es una mala aliada: las desigualdades, los oligopolios o la brecha digital siguen acechando al bienestar común, amenazando el camino hacia un planeta descarbonizado en el año 2050. De todo ello hemos hablado con Emilio Ontiveros, presidente de Afi y consejero editorial de la revista Ethic, y Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España.


El Green Deal europeo es una muestra de los esfuerzos que desde distintos ámbitos se están haciendo para reconciliar la economía con la salud del planeta. ¿La pandemia ha supuesto un antes y un después en este sentido?

Emilio Ontiveros: Uno de los cambios que nos ha traído la pandemia es la percepción que los propios economistas tenemos sobre lo que es una crisis económica. Poco antes de la crisis de 2008, Robert Lucas, el presidente de la American Economic Association, decía que la economía había generado ya conocimientos suficientes para sortear cualquier riesgo de recesión. No hace falta decir lo que vino después. Otro aspecto importante es que estamos asistiendo a una especie de reconciliación con las instituciones. Hasta hace poco, creíamos que los individuos y las empresas nos bastábamos para solventar cualquier situación. Pero luego llegó una crisis sanitaria y con ella una crisis económica, y nos hemos dado cuenta de que sin los gobiernos nos vamos al abismo. Esto nos recuerda que en situaciones de vulnerabilidad la cooperación es siempre la medida más inteligente y rentable.

Pueyo: «Tenemos que aprovechar el raro privilegio de tener una bola de cristal que nos dice que en 2050 tendremos un mundo básicamente descarbonizado»

Ramón Pueyo: Un buen resumen de los aprendizajes que deja este periodo es un editorial que el Financial Times publicó cuando estábamos en pleno confinamiento, y que se titulaba: «quizá haya llegado el momento de pasar del just in time al just in case». Y es que, en nuestra obsesiva búsqueda infinita de la eficiencia, nos habíamos olvidado de generar duplicidades en nuestros sistemas para hacerlos más robustos frente a los riesgos. Otra realidad que ha puesto de manifiesto esta crisis es que hay un tipo de riesgos, de probabilidad baja sobre el papel, pero de efectos potencialmente catastróficos que no podemos seguir ignorando. Y uno de esos riesgos –aunque, desde luego, no de probabilidad baja– es el cambio climático.

José Ignacio Goirigolzarri, presidente de CaixaBank, dice que la pandemia ha sido como un examen sorpresa en digitalización. ¿Qué territorios hemos conquistado en economía digital y qué asignaturas quedan pendientes?

EO: Más que una etapa de gran innovación, yo diría que la pandemia ha sido ha sido un periodo de aplicación de innovaciones ya existentes, por ejemplo, en el ámbito de las herramientas digitales para las comunicaciones. En términos generales, sí creo que el salto en la usabilidad y en la ubicuidad de las tecnologías digitales ha contribuido, en general, a la productividad y a hacer mejor las cosas y con menos recursos. ¿Qué queda pendiente? Primero, homogeneizar el acceso a las tecnologías digitales en todos los territorios y no solo en los grandes centros urbanos. Porque para que las tecnologías digitales cumplan su función de argamasa de las dinámicas económicas y de la integración global y social hace falta que las infraestructuras digitales lleguen hasta el último rincón de España. En segundo lugar, necesitamos avanzar en la alfabetización digital de la población. Y esto, que sería relevante en cualquier país, en uno envejecido como el nuestro lo es mucho más.

RP: Este proceso nos ha permitido conocer el lado amable de la digitalización y del teletrabajo, esa parte que tiene que ver con estar más cerca de la familia y tener la oportunidad de conciliar. Además, en términos de productividad se ha demostrado que las empresas no han sufrido mermas a corto plazo por el hecho de que la gente no haya ido a la oficina. Ahora queda por ver si en el largo plazo en determinadas actividades en las que el trabajo en equipo es fundamental o donde la formación de los empleados se forja a través una especie de osmosis, de la observación y el contacto directo con compañeros, jefes y clientes, esa menor presencialidad puede tener alguna consecuencia negativa.

También se esta hablando mucho de ese modelo de trabajo híbrido que parece que se consolida en muchas empresas tras la pandemia. ¿Qué bondades e inconvenientes le encontráis?

Ontiveros: «El exceso de concentración empresarial es una especie de suicidio por fascículos del sistema económico»

EO: La pandemia está dejando cambios en las preferencias de las personas, de los consumidores y de los trabajadores. Factores como la conexión con el entorno, la naturaleza, la supervivencia, las preferencias ambientales o culturales han cobrado peso específico. Los trabajadores, sobre todo los más jóvenes, han incorporado a sus objetivos variables adicionales a las de la ambición convencional. A la hora de elegir una empresa en la que trabajar, empiezan a priorizar cuestiones como la cercanía a sus lugares de origen, o se hacen reflexiones como si les compensa trabajar 70 horas a la semana. Creo que un modelo de trabajo más flexible y descentralizado de las sedes corporativas es una tendencia que ha llegado para quedarse.

RP: Todo indica que este modelo híbrido se va a consolidar. Tirando un poco de estereotipo, los menores de 40 años son fervientes amantes del trabajo a distancia porque les da más libertad y les permite organizar mejor su tiempo. Mientras que para los mayores de 40 años el gran beneficio estriba en la posibilidad de pasar más tiempo con sus familias, un mayor nivel de felicidad que seguramente tendrá un reflejo en la calidad del trabajo que hacen. Pero no debemos perder de vista la importancia de que el equipo tenga la posibilidad de trabajar físicamente junto. Porque el roce hace el cariño y el cariño hace el compromiso. El factor principal de retención laboral es la percepción de que las personas que forman parte de la organización y el trabajo que realizan son importantes, y de que su opinión es escuchada y valorada por la empresa. Y uno de los factores que más valoran las empresas de sus trabajadores es su rapidez y capacidad de aprendizaje. Esas dos variables llegan, en gran medida, a través de la presencialidad. Por eso, insisto en la idea de que hay que buscar un equilibrio entre ese punto óptimo de flexibilidad laboral que brinde satisfacción a las personas sin que eso redunde negativamente en su nivel de compromiso, en su aprendizaje o en la calidad del trabajo en equipo.

En los últimos años, las grandes empresas tecnológicas han acumulado un gran poder. ¿Qué análisis hacéis de ese proceso?

RP: El excesivo poder de mercado es perjudicial para el consumidor y para la sociedad. Vivimos en el mundo del 1%, dominado por un pequeño número de empresas muy grandes, muy exitosas, muy productivas y que pagan unos salarios muy atractivos a sus empleados. Y en el otro extremo de la balanza nos encontramos a una clase media cada vez más más paupérrima. Ese poder monopolístico que algunos atribuyen a las grandes compañías tecnológicas pone de manifiesto un grave problema de desigualdad.

EO: El exceso de concentración empresarial es una especie de suicidio por fascículos del sistema económico. No se le puede hacer más flaco favor al capitalismo que erosionar el principio de igualdad de oportunidades, la posibilidad de que yo pueda crear una empresa y competir con las demás. Otra circunstancia preocupante de este proceso es que muy pocas empresas creativas e innovadoras acaban llegando a la madurez porque durante su adolescencia son absorbidas por las grandes. Y la destrucción creativa (una innovación que cambia el modelo de negocio predominante en una determinada industria) no está garantizada si un David no tiene la posibilidad de llegar a conquistar a un Goliat.

Junto con la digitalización, posiblemente el otro gran vector de esta etapa sea la transformación de la economía en clave de sostenibilidad ambiental, ¿no?

Pueyo: «Me resisto a creer que haya personas de nuestro país o del resto del planeta que no merezcan vivir como vivimos nosotros»

EO: En general, existe un amplio consenso sobre la necesidad de descarbonizar. Y cuando uno hace el análisis coste-beneficio, las ventajas son inequívocamente muy muy superiores a los costes. En Europa y en España podemos empezar a ver la rentabilidad de esa apuesta muy a corto plazo. Sin ir más lejos, ya sabemos que el 35% de los 750.000 millones de euros de los fondos Next Generation van a ir a ese destino.

RP: Nos enfrentamos a un proceso de transformación profundo en el que la práctica totalidad de los procesos y sistemas que en el planeta Tierra se alimentan con combustibles fósiles van a tener que cambiar en las próximas dos décadas. Eso es una oportunidad única de transformación a mejor. Hay que asegurarse, eso sí, de que no dejamos a nadie atrás en ese proceso. Pero tenemos que aprovechar el raro privilegio de disponer de una bola de cristal que, aunque imperfecta, nos está diciendo que en 2050 tendremos un mundo básicamente descarbonizado. Eso abre muchas posibilidades para las empresas que quieran capturar esas nuevas oportunidades de mercado.

Dentro de la hoja de ruta planetaria, hay distintas teorías para alcanzar esa descarbonización en el año 2050. Una es la de la economía circular y otra la del controvertido decrecimiento económico. ¿Qué opináis de estas corrientes?

EO: Todo lo que sea avanzar en economía circular y en reutilización de recursos es inteligente y no torpedea la prosperidad o la posibilidad de crecimiento. En una economía avanzada como la española, pensar en decrecimientos o en crecimiento cero me parece un ejercicio de egoísmo y de cinismo muy grande. Sobre todo, porque gravita sobre la idea de que todos los males del planeta son debidos al crecimiento económico. Pero hay algo que no se nos debe olvidar, que el objetivo de la economía es conseguir el mayor bienestar posible para el mayor número de personas posible. Y eso no se consigue con el decrecimiento, porque es injusto con los países más pobres.

RP: La manera de avanzar es la de la ‘ecoeficiencia’ que muestra la economía circular, y en ningún caso la de las teorías sustentadas en el crecimiento cero o negativo. Me resisto a creer que haya personas de nuestro país o del resto del planeta que no merezcan vivir como vivimos nosotros. Es un argumento que no se sostiene. Desde mi punto de vista, creo que de lo que se trata es de crecer bien para que cada vez más personas tengan más oportunidades y mayores niveles de bienestar. Pero eso hay que compaginarlo con evitar destruir los ecosistemas y la atmósfera. Hacerlo de una manera que, con las debidas restricciones regulatorias, estas consecuencias negativas derivadas del capitalismo queden reducidas a su mínima expresión.

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