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Gestión circular del agua, el cauce necesario hacia un futuro sostenible

Frente a una disponibilidad hídrica cada vez más amenazada por las consecuencias del cambio climático, los sistemas sostenibles de economía circular como los puestos en marcha por Agbar pueden evitar el desperdicio de millones de litros de agua.

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Suez y la gestión del agua

Cerca de las tres cuartas partes del territorio español están catalogadas como áridas, semiáridas o subhumedas, lo que las convierte en especialmente vulnerables a la desertificación; aproximadamente, el 20% de nuestras tierras ya se encuentra en tal estado. Lo extremo de la situación global –con especial incidencia dentro de nuestras fronteras– llevó a la puesta en marcha, el pasado 18 de marzo en la Asamblea General de las Naciones Unidas, de una nueva Coalición para el Agua y el Clima dirigida por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Y es que los principales efectos del cambio climático están directamente relacionados con el agua: se estima que en 2050 el planeta contará con más de 9.700 millones de habitantes, y que el consumo de agua habrá aumentado un 40% con respecto al actual. Si no actuamos con celeridad, el 50% de esta población mundial tendrá que enfrentar un dramático estrés hídrico.

En España –a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico– el Consejo de Ministros aprobó, el pasado mes de mayo, el I Plan de Acción de Economía Circular en el que la reutilización del agua se cristaliza como uno de sus ejes de actuación, ya que el impulso a sistemas que permitan esta reutilización es uno de los retos más necesarios y complejos por afrontar. Desde la compañía Agbar, que viene desarrollando su estrategia de sostenibilidad basada en proteger al máximo los recursos naturales a partir de la aplicación de estrategias de economía circular, nos recuerdan que –aunque nuestro país se encuentra a la cabeza– en Europa, del agua regenerada, «sólo se reaprovecha algo más del 9% de los más de 4.000 hectómetros cúbicos que se depuran anualmente».

Para 2050, el 50% de la población mundial podría sufrir estrés hídrico

La cuenca mediterránea es una de las zonas del globo más afectadas por el cambio climático. Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), confirma que «en la década pasada se produjeron tres veces más récords de días cálidos de los que veríamos si no se estuviera produciendo ya el cambio climático». La tendencia al alza en los próximos años hace sonar todas las alarmas, no sólo por el grave impacto en la tierra y la consiguiente escasez de agua, sino también por el efecto inmediato en nuestra salud, ya que, según informe del Instituto de Salud Carlos III, en los cinco últimos años el exceso de calor acabó con la vida de alrededor de 9.000 personas.

¿Qué hacer ante este desolador panorama? Sin duda, urge emprender acciones que detengan la tendencia al alza de la desertificación. Por eso, la relevancia de incluir la circularidad en los modelos existentes de producción y consumo de agua se convierte en uno de los grandes retos de la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC), que aspira a lograr una mejora de al menos un 10% en la eficiencia aplicada al uso que actualmente hacemos del agua.

Es imprescindible aplicar medidas de eficiencia en el uso del agua. Pero quizá no sea suficiente: la gestión circular de nuestros recursos hídricos debe también incidir en la regeneración de aguas residuales que nos permita incorporarlas como nuevo recurso. Como explica Clemente Vergara, Project Manager de Desarrollo Sostenible de Agbar, «la fase del ciclo integral donde más oportunidades circulares existen es, sin duda, la depuración del agua». Y es que, si queremos hacer frente a los retos medioambientales planteados, «la regeneración de agua, la generación de energía renovable y biocombustibles a partir de la digestión de lodos, o la extracción de materias valiosas, como el fósforo, son oportunidades que no se deben dejar pasar».

La depuradora de Cabezo Beaza ha proporcionado agua regenerada a 4.300 hectáreas de cultivo

El modelo de biofactorías basado en la economía circular que Agbar está desarrollando es un ejemplo de éxito que fue reconocido con el premio Momentum for Change de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estas biofactorías son 100% circulares, ya que se autoabastecen de la propia energía renovable que generan. La biofactoría Sur de Granada ha logrado que prácticamente la totalidad del agua tratada se reutilice para el riego de cultivos leñosos, ha destinado como abono para agricultura el 100% de los lodos y arenas y ha logrado la autosuficiencia energética por unos meses durante los cuales se ha exportado energía renovable a la red eléctrica.

Además, en 2020 EMASAGRA, empresa de gestión del agua de Agbar en Granada, se convirtió en la primera empresa española 100% neutra en carbono en la gestión del ciclo integral del agua, gracia a una larga estrategia de reducción de emisiones y a la compensación en proyectos de reforestación.

Para comprender la incidencia directa en la lucha contra la desertificación de la gestión circular del agua, sólo tenemos que analizar el éxito de otro de los proyectos de la compañía en España. Nos referimos a la depuradora de Cabezo Beaza y su sistema de reutilización del agua. El campo de Cartagena, una de las principales zonas de cultivo de nuestro territorio y una de las más afectadas por la sequía, ha recibido de esta depuradora agua de riego para 4.300 hectáreas de cultivo.

Sin duda, es el momento de apoyar desde las instituciones públicas y privadas este tipo de iniciativas que impulsan y refuerzan la gestión circular del agua en todos nuestros sistemas productivos. Pero no debemos olvidar que también es el momento de que la ciudadanía incorporemos a nuestro día a día un uso extremadamente responsable del agua. Nuestro futuro está en juego, y no podemos permitir que la carencia de recursos hídricos se convierta en la próxima y demoledora pandemia mundial.

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