Medio Ambiente

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Toda una vida reciclando: la circularidad, en el día a día de nuestros abuelos

‘Terceros en edad, primeros en reciclar’ es una iniciativa de Ecoembes que acerca el reciclaje a las personas mayores desde sus necesidades, intereses y convicciones con el fin de superar los edadismos.

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28
Sep
2021
reciclaje

Joaquín Mata trabajaba de maître en un restaurante de Logroño cuando una hemiplejia le anunció que la hora de la jubilación había llegado antes de lo esperado. Llevaba años viendo desde su ventana el ir y venir de personas en el Centro de Participación Activa Zona Sur y, como le sobraba tiempo y energía, decidió acercarse. Pronto se convirtió en uno de los compañeros más implicados en las actividades y ahora, a sus 71 años, es un fiel embajador del reciclaje. «Se organizó un curso de ecología en el centro y, como me llevo muy bien con la trabajadora social y el director, me dijeron que tenía que hacerlo sí o sí, porque yo siempre he sido mucho de reciclar», cuenta. «En mis tiempos jóvenes hacíamos reciclaje porque no nos quedaba más remedio».

En 2050, España será el segundo país más envejecido del mundo –solo por detrás de Japón–, por lo que su presencia tiene que darse en el camino hacia un futuro sostenible. «En el futuro, el envejecimiento va a ser el motor de cambio más importante de nuestra sociedad», asegura Ana Isabel Esteban, presidenta de Solidaridad Intergeneracional, una organización que busca incrementar la calidad de vida de los mayores. 

Ese curso de ecología del que habla Joaquín trata de la iniciativa Terceros en edad, primeros en reciclar ideada por Ecoembes y dirigida de forma específica a las personas mayores con el objetivo de conectar con ellas y acercarles el reciclaje desde sus necesidades, intereses y aspiraciones a fin de que se sumen al reto común de cuidar el planeta. «No es infantilizarlos, ni sobreprotegerlos», puntualiza Esteban a la hora de hablar de la necesidad de incluir a las personas mayores en los retos sociales. «Es respetarlos como a cualquier persona de  otra generación, con sus mismos derechos, obligaciones y expectativas. Algo incuestionable en una sociedad democrática como la nuestra».

‘Terceros en edad, primeros en reciclar’ es una iniciativa de dirigida a las personas mayores para acercarles el reciclaje desde sus necesidades

«Siempre me pongo de lleno a hacer cualquier cosa que nos pidan. Ahora que el coronavirus no nos permite ir tanto al centro estoy con un proyecto utilizando tapones de corcho para hacer un rummy [un juego de fichas]. Me cuesta un poquito pintarlos, pero voy con paciencia. Se lo enseñaré a la trabajadora social y al director a ver si quieren incluirlo como actividad. A lo mejor me mandan a tomar vientos por pesado», bromea Joaquín, quien abrió definitivamente los ojos al reciclaje en la visita organizada a la Planta de Gestión de Residuos de Logroño, una de las excursiones que incluye el programa, además de múltiples actividades lúdicas. «Fue una maravilla ver cómo separaban los residuos. Antes me importaba menos, pero después de ese día no me extraña que ahora cuando vengan los chavales estemos tan implicados».

Terceros en edad, primeros en reciclar se ha aplicado en  264 centros desde su nacimiento en 2019. En total, más de 355.000 mayores ya han participado desde La Rioja, Cantabria, Asturias, Aragón y Extremadura. Joaquín y sus compañeros fueron de los primeros: el proyecto piloto se puso en marcha en Logroño de la mano del personal –desde técnicos hasta directores– formado previamente. También se instalaron cubos y papeleras de reciclaje en los centros para fomentar su utilización una vez iniciadas las actividades.

Varias personas mayores en un juego sobre reciclaje.

Faltaron las horas para que pasaran de ser espectadores a crear proyectos de reciclaje por su cuenta. «Ha bastado con dar un pequeño impulso para que los mayores formen parte activa del proyecto», asegura Beatriz Aylagas, responsable de RSC de la entidad. Como parte del programa, el centro recibía las visitas de los colegios más cercanos para dar pie a la simbiosis perfecta: una conversación, a través de diversas actividades, entre dos generaciones tan distintas y, a la vez, tan cercanas. «Se puede aportar muchísimo. Nosotros les enseñamos bien a reciclar, a reutilizar  y a consumir con cabeza para que al día siguiente no digan ‘bah, déjalo’», explica Joaquín. Y añade: «Fíjate si fue bien que en uno de los cursos vinieron los nietos de tres amigos y ahora ya he quedado con sus abuelos para enseñarles a reciclar».

Ana María de la Concepción (76 años), compañera de Joaquín, enseñó a los pequeños que vinieron de visita al centro a fabricar zancos con latas de conservas. Su voz y sus manos evocaban a su madre cuando vaciaba las latas que utilizaba para cocinar, las unía con una cuerda y se las daba a Ana María para que se fuera a jugar a la calle rebosante de orgullo con su nuevo juguete. Otras veces las convertía en bolos.

Ana María (76 años): «No es necesario consumir tanto para vivir»

Con ese recuerdo les contaba a los alumnos que, antes, casi todo lo que se utilizaba venía del campo: los puerros, el cardo, los huevos, los cerdos. «Se les veía centrados, aunque algunos no se enteraban mucho porque eran bien pequeñitos. Pero hay que hacer todo lo que se pueda: hace años que teníamos que haber cambiado», reconoce. Empleada durante toda su vida en una fábrica de lanas, Ana María empezó con el reciclaje hace diez años cuando se enteró por televisión de lo que eran los microplásticos: «Es lo que más me preocupa. Por eso procuro consumir menos y reciclar todo. No hace falta consumir tanto para vivir».

Este enfoque intergeneracional que ha servido de motor principal es, en realidad, la herramienta más valiosa para construir las sociedades del futuro a través de la inclusividad y la igualdad. Así lo asegura Raquel Roca, consultora experta en Silver Economy, que incide en la «ventaja competitiva» de las personas mayores frente a otras generaciones a la hora de profundizar en el reciclaje. «Han vivido en entornos sociales y económicos de austeridad, donde se comía y se consumía mucho menos, por lo que su capacidad para entender el consumo como una serie de segundas vidas a objetos que de primeras parecen perecederos está en sus genes. Mezclar su sabiduría con conceptos más modernos como la economía circular o la economía verde puede aportar grandes beneficios».

La cultura del reciclaje y el cuidado del medioambiente se concibe, así, integradora e inclusiva. «Nos hemos enfocado en ello con actividades relacionadas con la vida activa, para lo que es muy enriquecedora esa energía que traen los jóvenes que han aprendido sobre el medio ambiente desde edades tempranas», indica Aylagas. Una idea compartida por Roca, quien insiste en que las iniciativas enfocadas a las personas mayores no deben quedarse en la visibilidad, sino esforzarse para «ponerles al mismo nivel de los deberes de reciclaje y sostenibilidad que se nos exigen a los que somos más jóvenes». Solo así se romperán las barreras para tomar una acción conjunta.

El cambio climático, mucho más para la tercera edad

Uno de los mayores beneficios de la conversación intergeneracional a la hora de hablar de sostenibilidad es que la concienciación no se queda entre las cuatro paredes de los centros de día. Los hogares se llenan con la sabiduría de los más mayores. Tanto Ana María como Joaquín aseguran que sus nietos están bien concienciados con el reciclaje. «Yo tengo tres hijas y las tres han salido más o menos como yo. Los jóvenes tienen que coger un poquito de nosotros, las personas mayores, que cuando les decimos que algo no es así no es para echar la bronca, es por su bien, para el día de mañana, porque el mundo está muy mal cuidado», indica Joaquín. Por su parte, Jesús Arzubialde, maestro en uno de los colegios de primaria que trabajan mano a mano con el centro, subraya la importancia de mantener a jóvenes y mayores en contacto. «En los últimos ocho años hemos hecho muchísimas actividades con ellos. Hemos construido un marco de confianza y complicidad enorme. Pasar tiempo con ellos les aporta enseñanzas de primera mano, y no de los libros o las máquinas a las que están acostumbrados».

Una de las actividades intergeneracionales desarrolladas por el proyecto antes de la pandemia.

La transformación de los alimentos, la reutilización de materiales, la importancia del medio rural o el origen de lo que consumen son aspectos que surgen en estas actividades intergeneracionales y que enraizan en la conciencia de los pequeños. Las personas mayores, en cambio, sienten el hoy gracias a los jóvenes y el intercambio de información. «Son embajadores buenísimos. Trasladan a casa todo lo que trabajas con ellos con tiempo. Ellos han conocido otro medio ambiente y siempre han sabido que cuidarlo y no tener, por ejemplo, un río lleno de basura, implica un beneficio directo. Para ellos el cambio climático está siendo mucho más evidente y sabemos que se puede sacar gran provecho de la conversación intergeneracional», reflexiona al teléfono Rosaura Castro, directora del centro General Dávila (Cantabria), el cual también se ha implicado con las actividades.

«El envejecimiento no es sinónimo de incompetencia. La vejez es individual, heterogénea e intransferible», recuerda Sánchez, de Solidaridad Intergeneracional. «Necesitamos a líderes mayores que sean un ejemplo a seguir para avanzar hacia la igualdad, lejos de discriminaciones por razón de edad». En este aspecto, asegura Castro, están «completamente implicados» cuando antes «la mayor parte casi nunca hablaba de reciclar». La mayor parte porque algunas, como Ana Luisa Martos (80 años), han reciclado desde siempre. «Me enseñé a mí misma porque es una cosa muy buena para el mar, para el río y para los prados, que está todo hecho un asco», relata esta expropietaria de un negocio de perfumería y ama de casa. Tiene nueve nietos y a ninguno le enseña nada de reciclaje porque sus padres lo vieron con ella y han sido los encargados de transferir el conocimiento: «Los jóvenes tienen que tener conciencia de que es muy importante darles una segunda vida a las cosas».

Envejecimiento activo para vidas sostenibles

Prepararse para una población que envejece es sustancial para conseguir una aplicación integrada de la Agenda 2030. El envejecimiento, según apuntan las Naciones Unidas, debe «trascender los objetivos de erradicación de la pobreza, salud, igualdad, crecimiento y las ciudades sostenibles». La estrategia de la Organización Mundial de la Salud, La Década del Envejecimiento Saludable, incide en la importancia de la conversación intergeneracional para conseguir sociedades más iguales con entornos amigables y sostenibles. Precisamente por ser intergeneracional, la conexión entre estos grupos de edad provoca que los beneficios no solo alcancen a los mayores, sino que también se capilaricen hasta alcanzar todos los rincones de la sociedad.

«Hay un motivo detonante que requiere empatizar con las necesidades de los mayores y es que a todos nos va a tocar. Necesitamos pararnos y pensar qué tipo de vejez queremos vivir también nosotros, qué es lo que queremos heredar. Eso también es la sostenibilidad, porque lo que construyamos hoy es lo que tendremos mañana», advierte Roca. Por su parte, Ana Isabel Sánchez defiende que el reciclaje de los mayores no comienza en un folio en blanco: «Sabemos y practicamos la economía circular, lo hemos hecho siempre. Sabemos conjugar y practicar los verbos reciclar, reutilizar, reparar, recuperar y desechar desde que tenemos memoria». Por eso, empoderar a los seniors y combatir cualquier amago de edadismo es fundamental para que los mayores puedan desarrollarse como agentes activos en la sostenibilidad.

En ello es experto el Servicio Extremeño de Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia desde la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales que hila, a la vez, la conversación intergeneracional, la promoción de la autonomía y la participación social y cultural de las personas mayores en el día a día de la provincia. Lorena Olivera era jefa de la Sección de Envejecimiento Activo cuando se inició Terceros en Edad, primeros en reciclar en Extremadura y su trabajo con actividades de envejecimiento activo enlazadas con la sostenibilidad venía de lejos. «Hemos organizado rutas, suelta de aves, charlas sobre ahorro energético, talleres sobre el reciclaje… incluso nos llevamos a los mayores a un pueblo abandonado, Granadilla, para cuidar a animales, reciclar materiales o hacer actividades de reconstrucción. Llevan en la sangre la zona rural y por eso tienen una gran conciencia con el medio ambiente», asegura. La iniciativa de Ecoembes espera duplicar los centros entre 2021 y 2022. La pandemia obligó a frenar todas las planificaciones, pero los mayores pudieron seguir accediendo a la cartera de servicios de forma online para trabajar en los talleres de reciclaje a través de videotutoriales y fichas didácticas.

La concienciación a través de algo tan inclusivo como la sostenibilidad es fundamental para combatir las barreras de edad

«Creo firmemente en el poder transcriptor que tienen los mayores a otras generaciones y entre sus iguales. Tienen mucha empatía hacia las generaciones jóvenes porque quieren dejar un mundo mejor y saben lo importante que es dar continuidad a la vida y sus experiencias para acabar con los edadismos», insite. Son dos generaciones están condenadas a entenderse y reducir los prejuicios mutuos: «Su conversación funciona mucho mejor que una charla de un profesional durante un día». Esta etapa de concienciación a través de algo tan inclusivo como la sostenibilidad es fundamental para combatir las barreras de edad. «Necesitamos romper con los patrones que nos dividen por edad y abandonar los estereotipos a su alrededor. Al hacer estas divisiones tan marcadas lo que estamos provocando es una separación que da a entender que nos cuesta comunicarnos», advierte Roca. «La condescendencia surge en los extremos de las edades y el empoderamiento es vital porque cuando una persona se jubila tiene mucho más que aportar en esa segunda vida desvinculada de la laboral». Reinventarse y reciclarse para seguir aportando.

Esa doble vertiente –planeta y conversación intergeneracional– tiene incluso su propia labor social. «Hace frente a la soledad de muchas personas mayores», apunta Olivera. Ofrecer programas que encajen con sus intereses les lleva a salir de casa y socializar con otros iguales, lo que ayuda a prevenir situaciones de dependencia e incluso, en algunas ocasiones, cierta cantidad de costes sanitarios relacionados con medicamentos y atenciones primarias. «Hemos aprendido que, cuando se empoderan, su imagen social cambia y eso es esencial para generar sociedades mucho más sostenibles y equitativas. Tenemos la obligación de darles un lugar preponderante en la sociedad», concluye Aylagas. Y Joaquín, Ana María y Ana Luisa, como el resto de sus compañeros, son el ejemplo perfecto.

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