Cultura

Adú, la historia de un superviviente

La película de Salvador Calvo, la cinta española que ha recibido más nominaciones a los próximos premios Goya, pone sobre la mesa la responsabilidad de Europa frente a los derechos humanos de quienes intentan alcanzar su frontera.

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25
Ene
2021
adú

En España circulan por redes sociales y grupos de Whatsapp mensajes que afirman que los menas –acrónimo para Menores Extranjeros No Acompañados– cobran una pensión de 644 euros mensuales, mayor que la de viudedad cuando, en realidad, más allá de estar tutelados en un centro, no reciben ninguna prestación directa. Otros bulos también los relacionan con la delincuencia, como por ejemplo el que apuntaba a que la conocida como Manada de Manresa estaba compuesta por adolescentes de origen marroquí, cuando en realidad eran españoles. Adú, la historia de uno de estos menores puede ser la gran triunfadora de la gran noche del cine español.

La película dirigida por Salvador Calvo ha sido la cinta más nominada a la edición 2021 de los Premios Goya que otorga la Academia de Cine de España, nada menos que hasta 13 categorías en las que podría ser premiada. Los críticos advierten que puede ser un espejismo y es fácil que, sobre todo en las categorías más relevantes como Mejor Película o Mejor Dirección, le arrebaten las estatuillas las otras dos grandes favoritas: Las niñas, de Pilar Palomera, y La boda de Rosa, de Icíar Bollaín.

La cinta cuenta la historia de Adú, un niño de seis años que intenta llegar a Europa desde la República Democrática del Congo tras perder a sus padres y ser testigo de la caza furtiva de un elefante. Su hermana morirá tras conseguir colarse ambos en el tren de aterrizaje de un avión. En el camino se aliará con un joven somalí, Massar, que comparte su objetivo de llegar a España. En paralelo a ellos viajan un padre español activista medioambiental (Luis Tosar) y su hija (Anna Castillo), con la que no tiene buena relación. En la valla de Melilla los espera Mateo, un joven guardia civil de ideales humanistas que intenta que no muera ni un solo migrante más.

Adú, que ha vuelto a algunos cines, también se puede ver en Netflix

Se trata de una producción de Mediaset en la que participa Netflix, plataforma donde se puede ver actualmente online. La productora y la distribuidora Yelmo Cines donaron una parte de su taquilla –que dio buenos números hará ya más de un año–, a la ONG Proyecto Ditunga para la construcción de un nuevo hospital en el sur de la República Democrática del Congo. Aunque quizá todo en ella tenga algo de marketing de la solidaridad, es también una película que no pretende reinventar el cine, pero que explica de forma directa lo que quiere explicar sobre las historias que hay detrás de quienes buscan un futuro mejor en Europa.

Al joven protagonista, que interpreta el niño actor Moustapha Oumarou, lo veremos huir de la violencia de los furtivos, de un pederasta, de la policía de varios países e incluso del mar. Es polizón en un avión, en una caravana y nadador a flote por el Estrecho. El estrés y la violencia que implican para un niño de apenas seis años, separado de su padre y que pierde a su madre y a su hermana en apenas unos días es algo que, como público, un europeo medio no aspira a entender. O, al menos, que no ha vivido en primera persona.

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Adú y nosotros

El punto de vista español, con la Península como destino idílico de libertad y seguridad, lo pone el activista Gonzalo interpretado por Luis Tosar, cuyas motivaciones para viajar y vivir en África nunca acaban de quedar claras, y su hija, pero también el guardia Mateo, por el que Álvaro Cervantes ha sido nominado a Mejor Actor de Reparto. La película –ahora de vuelta en cines aprovechando el tirón de las nominaciones– intenta situar al público español ante la realidad de aquellos a quienes ven sus derechos humanos puestos en cuestión, que son hacinados y criminalizados. De paso, le pide al espectador que se aparte tanto del juicio –que hacen algunos personajes, a los que se enfrenta Mateo– como de la condescendencia –en la que cae Gonzalo y sufre las consecuencias–.

La del protagonista de esta cinta no es una situación excepcional. Una información en El País de hace poco más de un año recogía que las memorias de la Fiscalía señalan como entre 2012 y 2018, el número de menores extranjeros no acompañados ha pasado de 3.261 a 13.796, un crecimiento del 323%. En ese mismo periodo, el número total de menores extranjeros –acompañados o no– que fueron detenidos e investigados cayó un 32%, según el Sistema Estadístico de Criminalidad del Ministerio del Interior.

Organizaciones como la federación Andalucía Acoge llevan años con campañas como Stop Rumores, que en su región se ha dedicado a convertir los centros educativos en lugares libres de bulos racistas. Amnistía Internacional España o la Comisión Europea han lanzado campañas para combatirlos y dejar claro que hablamos de personas menores de edad que huyen de situaciones de pobreza extrema, guerra y vulnerabilidad, según informa la propia Unicef. La mayoría de organizaciones critican el término mena por considerarlo deshumanizador.

Adú es una película comercial y con aspiraciones de hacer buenas cifras porque debe serlo, ya que la crudeza de lo que en ella ocurre espera llegar al público más amplio. Que se quede en la siempre criticada limpieza de conciencias o sirva para invitar a la acción, solidaria y política, depende por entero de nosotros.

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