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Fondos buitre: los amos de la especulación

En agosto de 2014, una sentencia del juez Thomas Griesa del distrito sur de Nueva York contribuyó a vulgarizar un concepto hasta entonces desconocido en el lenguaje económico: los fondos buitre.

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25
Mar
2015
Rodolfo Rieznik, miembro de Economistas sin Fronteras | Foto: morguefile.com

En agosto de 2014, una sentencia del  juez Thomas Griesa del distrito sur de la ciudad de Nueva York, relativa a los bonos de la deuda externa argentina, contribuyó a vulgarizar un concepto hasta entonces desconocido en el lenguaje económico: los fondos buitre.

Algo parecido, en relación al conocimiento ciudadano de expresiones económicas, sucedió en mayo de 2010 cuando, como consecuencia de la subida descontrolada de la prima de riesgo, el entonces presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, garantizó con la reforma urgente de la Constitución la prioridad de pagar la deuda a los acreedores extranjeros. Desde entonces, y hasta hoy,  los españoles desayunan acompañados de “la prima riesgo”. Saben que si sube es malo para el país, aun cuando desconocen el significado técnico expresado en el  diferencial en puntos básicos de interés entre el bono público español y el alemán a 10 años.

En contraste con la prima de riesgo, el concepto de fondos buitre está enunciado, igual que las aves de rapiña planean en búsqueda de carne en descomposición. En este caso la materia degradada es la salud económico-financiera de un país. Ahí es donde se alimentan.

Para comprender como trabajan retomamos el dictamen del juez americano. Éste resolvió impedir en aquellas fechas al gobierno argentino el pago ordinario de intereses del 93 % de los tenedores de bonos de la deuda externa, deuda soberana, reestructurada si previamente Argentina no pagaba a los holdouts y que eran el 7% de los propietarios restantes. Éstos no habían aceptado el canje con quita del 65% de valor de los bonos. En enero de 2002 Argentina derogó la convertibilidad uno a uno del peso con el dólar, devaluó un 240 % el peso argentino y se vio obligada a defaultear, impagar, que no repudiar,  la deuda externa. Los fondos buitre no  firmaron la quita porque su negocio estaba en reclamar el valor nominal del bono soberano emitido en relación al precio, a descuento, al que lo habían comprado en los mercados secundarios.

Para asegurarse esa adquisición a bajo precio, los fondos buitre, que son fondos especulativos por definición, utilizan procedimientos especulativos y tramposos. Tienen acceso privilegiado a los medios de comunicación y capacidad de intoxicar sobre las  dificultades del país para atender el pago de la deuda y generar la incertidumbre necesaria para el aumento instantáneo de las primas de riesgo soberano. Logran subidas del tipo de interés de los bonos que hacen bajar el precio, el valor nominal, liquidativo, de venta en los mercados secundarios para acomodarlo al nuevo rendimiento financiero. Concluyen su tarea atrapando la presa,  en este caso la cartera de bonos soberanos, a precio de saldo y terminan conformando un suculento portafolio a precios de subasta. Si la incertidumbre económica creada en torno a la situación del país llega al extremo de hacer creíble una cesación inminente de pagos, los bonos pasan a ser calificados por las agencias de rating financiero como bonos basura y los precios caen en picado. Si se dan estas circunstancias pueden comprar bonos de deuda al 25%, 20% o incluso menos, de su valor real. Aun cuando no los amorticen al precio de emisión, las expectativas de ganancias son extraordinarias.

Si finalmente la quiebra financiera se produce y el país deja de pagar, esperan al momento de la renegociación para cerrar el negocio. Los países, a diferencia de las empresas o de las personas físicas en su calidad de deudores, ni se disuelven ni desaparecen. La quiebra supone la extinción del agente económico, de la “persona jurídica”  y los acreedores concurren al reparto del patrimonio resultante. Las empresas se evaporan económicamente, los países no. Los fondos buitre están al acecho para sentar en la mesa al deudor, al país, porque son conscientes de la perpetuidad de las deudas y el deudor. Las legislaciones nacionales relativas  a quiebras de empresas permiten a un juez convocar a los acreedores y en función de porcentajes y prioridades  de cobro de los afectados obligar al deudor a repartir, siempre que lo haya, el patrimonio remanente y disponible. Con la deuda soberana de países no es posible. Un país no se puede, en principio,  ni vender ni subastar. Con todo,  EEUU aprobó en 1976 la Foreign Sovereign Inmunities Act, una ley que permite perseguir a gobiernos con intereses comerciales en los EEUU. La deuda externa de los países emergentes por la debilidad y falta de credibilidad de sus monedas se emite en dólares y se acepta la jurisdicción legal extraterritorial para la resolución de potenciales conflictos. Si el bono está en dólares es EEUU el domicilio legal.  Por eso el Juez Thomas Griesa demandó a la Argentina.

El hedge fund Elliot Managment de Paul Singer, líder del pleito contra Argentina, en su estrategia de cobrar los bonos defaulteados, en 2013 amenazó con el embargo preventivo del avión presidencial cuando este aterrizara en cualquier aeropuerto extranjero, en particular de EEUU. Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de Argentina viaja en compañías de línea privada para evitar esa posibiliad.  El Fondo incluso alcanzó a retener semanas, con amenaza también de embargo, en puertos africanos a el buque escuela de la marina Argentina con toda su tripulación: la Fragata Libertad. La Ley arriba indicada y la emisión en dólares de los bonos de deuda soberana les permite a los fondos americanos de alto riesgo actuar de esta forma. Como señalamos al inicio del artículo, la presión llegó al máximo cuando el Juez estadounidense  bloqueó el pago de intereses a tenedores que si habían aceptado el canje con quita si previamente no se pactaba una solución con los fondos buitre. En definitiva, el conflicto con Argentina es ilustrativo de la forma de proceder de los fondos buitre.

Fondos buitre, hedge funds, derivados

Pero hay más en relación a éstos fondos. La liberalización de las finanzas en la economía mundial en los últimos cuarenta años ha generado un espectro enorme de activos financieros especulativos. Entre ellos están los llamados derivados, esto es, instrumentos financieros creados a partir de otros activos financieros y que reciben el nombre de subyacentes. En el caso particular de la deuda soberana, el riesgo se amortigua contratando una póliza de seguro de impago: un credit default swap, un CDS técnicamente. Sin ser poseedores del bien asegurado, esto es, los bonos de la deuda externa, los hedge funds compran estas pólizas y las venden especulativamente en mercados opacos y no regulados a precios que suben en función de la expectativa creada y explotada por ellos mismos, de impago de la deuda soberana.  En estos mercados los especuladores no manejan dinero en efectivo, trabajan apalancados, a crédito, con períodos de gracia  equivalentes al momento de materializar la reventa de las pólizas que es cuando se embolsan los beneficios de la compra venta de los seguros. En suma, los fondos buitre trabajan con una gama variada de herramientas y todas ellas conducen a un mismo fin: el lucro especulativo no productivo.

Los fondos buitre son una rama más de la economía financiera. Su dinámica en la economía globalizada genera un daño sistémico irreparable por el efecto procíclio de reproducción de la crisis económica y social que provocan. En los momentos de auge del ciclo ayudan a apalancar, financiar operaciones especulativas de compra venta de todo tipo de activos inmobiliarios, materias primas, deuda soberana. etc, de la economía globalizada alimentando el crecimiento descontrolado de los negocios y retrayendo altas ganancias en ciclos cortos. Cuando las burbujas se desinflan, la deuda que explicó el auge se convierte en impagable y, por sus efectos económicos destructivos, en sistémica. Se transfiere a los contribuyentes y se compensa con enormes recortes sociales para los más débiles. La rama subsidiaria de los hedge funds, los fondos buitre colaboran a agravar la crisis global al beneficiarse, tal como explicamos, de la quiebra de los países emergentes y dejando a enormes capas de la población de los países afectados en la pobreza y a la marginación social.  El fenómeno de la Gran Recesión en las economías centrales, el crecimiento de la deuda externa y la crisis potencial del euro pueden dejar expuestas a las economías periféricas, como son las del sur de europeas, a estas prácticas depredadoras de los fondos buitre en el manejo de la deuda. En suma los fondos buitre no son ni eficientes ni mitigan riesgo como nos cuentan los ortodoxos de la economía, son depredadores y peligrosos.

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