Opinión

El mercado global requiere una ética global

«El modelo debe repensarse habida cuenta de la crisis de los sistemas tradicionales (el socialista no se mantiene; el liberal-capitalista genera desigualdades)». Reflexiones del profesor José Luis Parada.

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03
Oct
2013
Por José Luis Parada, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria

«¿No es el sistema mismo el que está poniendo en riesgo al sistema?» Con el telón de fondo del célebre artículo del pensador Hans Küng, de quien toma prestado el título de esta tribuna, el profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, José Luis Parada, reflexiona sobre los riesgos y excesos que genera el croony-capitalism o capitalismo de compinches.


Siempre me gustó el título de este artículo de Hans Küng (El mercado global requiere una ética global en Küng, H. y Kuschel, K.-J.; Ciencia y Ética Mundial, Trotta, 2006): es conciso, directo y auto-explicativo. Más de una vez me he visto adaptando esta expresión en mis clases: «la sociedad global requiere una ética global», «la responsabilidad social requiere un análisis social» o cosas por el estilo que, en mi caso, carecen de originalidad y suenan redundantes. No sucede así con el artículo de Küng, cuya línea argumental es realmente interesante:

Partiendo del hecho de la crisis del mercado global, Küng reclama una nueva valoración de la relación entre la Ética y la Economía. No lo hace por mera especulación filosófica sino a partir de la evaluación de algunos casos concretos como el de la crisis del sudeste asiático en la década de los noventa.

A finales de siglo tuvo lugar una fuerte depresión económica en Malasia, Indonesia, Tailandia, Corea, Filipinas… países que habían abanderado parte del crecimiento económico mundial en los años anteriores. Ante los síntomas de inestabilidad o flaqueza que, antes o después, acompañan todo ciclo económico, los inversores extranjeros, que habían realizado una sobreinversión desmesurada (overinvestment) en aquella región, se retiraron. Esto supuso dejar sin liquidez a los países receptores de esas inversiones, que de este modo no podían afrontar la deuda contraída. Además, tras lustros de beneficios privados, esos inversores no quisieron asumir los costes, pretendiendo socializar las pérdidas a través del FMI, cosa que el organismo internacional accedió a hacer.

Los responsables de esta situación tan poco ortodoxa fueron sin duda aquellos inversores que parece que sólo buscaban pingües y rápidos beneficios, pero sería injusto no mencionar a otros responsables directos como la clase política y empresarial de aquellos países que entraron en el juego de la especulación y cayeron en clientelismo, neopotismo y sobreendeudamiento (overborrowing) en lo que Küng denomina un modelo de croony-capitalism, o capitalismo de compinches.

Este análisis genera una cuádruple reflexión:

a) ¿Cuánto riesgo puede llegar a asumirse en las transacciones financieras? ¿Hay un límite para la especulación? ¿Hasta qué punto es asumible el riesgo moral (moral hazard) de las inversiones?

b) Considerando que no hay overinvestment sin overborrowing y viceversa, hay que establecer un principio de corresponsabilidad.

c) ¿No quema demasiado rápido sus cartuchos el FMI? ¿Reaccionan los mercados de manera racional o emocional? En una frase, ¿no es el sistema mismo el que está poniendo en riesgo al sistema?

d) Siendo la sociedad global inevitable, ambivalente e imprevisible, ha de proponerse un nuevo orden global del sistema financiero.

Parece evidente que quien quiera un mercado global debe reconocer un marco global de mercado y, por tanto, una normativa global. Sin embargo, la construcción de semejante sistema se presenta complejo por dos cuestiones principales:

  1. ¿Es posible una ética global, considerando las tensiones existentes entre las diferentes culturas? Si bien es cierto que pueden encontrarse algunos aspectos morales comunes en las diferentes civilizaciones (como quedó patente en el Encuentro de Religiones del mundo en Chicago en 1993), sus semejanzas son antes nominales que de contenido real.
  1. El modelo socio-económico actual debe repensarse habida cuenta de la crisis de los sistemas tradicionales (el socialista no se mantiene; el liberal-capitalista genera desigualdades; el Estado de Bienestar debe revisarse). Debiera ser un modelo de base humanista donde no se reduzca la persona a su mera condición de consumidor, donde la economía de mercado colabore con la democracia pero no la sustituya, y donde la ética prime sobre la política.

En la base de todo este debate hay sin duda una serie de requisitos políticos (asociados a los valores de capacidad, honradez, competencia y sensibilidad de la clase política) y del sistema socio-económico (en torno a los principios de estabilidad, justicia social y promoción de los derechos humanos).

La pregunta que me hago siempre que regreso a este artículo es si las élites sociales y la ciudadanía tenemos la voluntad suficiente para dar este paso adelante que el plantea necesita.

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