Gordofobia, una discriminación socialmente aceptada

Gordofobia

España es el segundo país de la UE con mayor tasa de obesidad

Una persona con sobrepeso tiene menos posibilidad de acceder a un empleo, según un estudio

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Pruebe a introducir «chistes sobre gordos» en el recuadro de búsqueda de Google. Al instante, aparecerán más de 566.000 entradas. Y la mayoría sin un enfoque crítico, al contrario. Una de ellas dice: «Los mejores chistes sobre gordos para terminar bien el día». Si se introduce el mismo término en inglés, el número de resultados se acerca a los cinco millones. La gordofobia es también una forma de marginación.

La gordura está incardinada en el humor popular. Está asumida como un hecho del que se puede hacer mofa, sin caer siquiera en lo políticamente incorrecto. Si una película está protagonizada por un actor obeso, casi con total seguridad su exceso de peso no será circunstancial, sino un elemento clave del guión y, muy probablemente, cómico. Pocos se atreven a hacer chistes sobre la delgadez extrema, entendida como una patología. Colectivamente, se entiende como un drama, especialmente si afecta a adolescentes.

La obesidad también es un drama para quien la padece. España es el país con la segunda mayor tasa de la Unión Europea: afecta a uno de cada cuatro habitantes, según la OMS. En Estados Unidos, una de cada tres personas es obesa. En los países emergentes el porcentaje se dispara, con especial incidencia entre los niños y adolescentes. En muchas regiones de Latinoamérica es más barato comprar bollería industrial que una barra de pan. La obesidad puede desarrollar enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares, problemas renales, infradesarrollo muscular, fatiga, problemas respiratorios… Y según un reciente estudio de la Universidad McGill de Montreal, reduce la expectativa de vida en hasta casi diez años. Además de todo esto, proporciona una apariencia física a quien la padece mal llevada en nuestra cultura actual, en la que prima la delgadez como ideal de belleza.

Con todo, al obeso no se le ve tanto como a alguien con un terrible drama vital, sino como a alguien gracioso. Existe la idea generalizada de que muchos de quienes sufren esta patología, o quienes tienen sobrepeso, es porque se lo han buscado. Que de alguna manera, se merecen ser objeto de chanza. Pero nadie se ríe de una persona anoréxica, o de quien padece un cáncer por haberse fumado tres cajetilla diarias. La obesidad es una enfermedad crónica sobrevenida o heredada, que muchas veces viene dada por una disfunción de una glándula endocrina: la tiroides. Por supuesto que puede llegarse a un estado de obesidad mórbida por comer demasiado, pero según la propia OMS, la mayoría padecen un síndrome metabólico. Nadie elige estar gordo, igual que nadie elige ser excesivamente bajo. «Hay una promoción de la delgadez total y continuada, que se asocia al cuidado, a hábitos de vida saludables, al autocontrol, al esfuerzo…», dicen desde la plataforma antigordófoba Cuerpos Empoderados, y siguen: «Esa es una idea individualista, alejada de la realidad».

A esto hay que añadir el hecho de que el sexo femenino está más condicionado por su físico en la sociedad actual. Hace poco, un sociólogo de la Universidad de la Sorbona desvelaba al diario The New York Times los resultados de un estudio por el cual, en Francia, un hombre gordo tiene tres veces menos posibilidades de encontrar un empleo que otro que esté en su peso; en el caso de una mujer entrada en kilos, son seis veces menos. El colectivo Stop Gordofobia recoge decenas de testimonios en su página web, como el de una auxiliar de enfermería que, tras pasar todas las fases previas del proceso de selección, recibió un no tajante de la responsable de Recursos Humanos antes de ni siquiera empezar la entrevista: «Tu aspecto no se corresponde con la foto del currículum. Veo a una chica bastante más gorda. No das el perfil».

La francesa Gabrielle Deydier cuenta su experiencia en primera persona. «Cuando era universitaria pesaba 90 kilos. No me dejaron trabajar en un McDonalds porque el encargado no quería que los clientes pensaran que iban a terminar como yo por comer allí». Esta y otras anécdotas conforman su libro On Ne Naît Pas Grosse (Uno no nace gordo), que ha sido un rotundo e inesperado éxito en el país galo. Esta periodista, que hoy pesa 150 kilos, demuestra cómo las personas de su condición sufren muchas veces censura en su país, e incluso insensibilidad por parte de buena parte de la comunidad médica.

El libro ha generado muchos apoyos a su causa, pero también ha revelado cómo es gran parte de la sociedad, y lo que es capaz de frivolizar con el tema. Tras ser entrevistada en Le Monde, entre los comentarios de aliento o compasión de los lectores de la página web del diario, hubo unos cuantos críticos, que tiraron de esa mentalidad culpabilizadora. «Me molesta estar cerca de un gordo en un tres o un avión», escribía uno de ellos, «es como estar con alguien que huele mal. Hacen que tengas un mal viaje. Es así».

Desde Stop Gordofobia exponen a las claras un escenario mucho más dramático de lo que hace suponer el hecho de padecer obesidad: «Existe discriminación de la gente gorda, en cualquiera de sus formas: la invisibilización de nuestros cuerpos en los medios, la burla, los chistes, los insultos en la calle, el acoso médico, etcétera. La gordofobia no es solo asco o miedo por la gente gorda. Es un rechazo generalizado que va mucho más allá de una manifestación de desprecio. Es un sistema que excluye y margina a la gente gorda de los ámbitos de la vida social». Y zanjan: «Es una opresión, algo estructural en nuestra sociedad».


COMENTARIOS

  1. A muchas personas entre las que me incluyo nos gustan las gorditas. Otra cosa, es sano reírse de todo. Esto es Cádiz.