El mayor desastre de la historia de la minería no tiene quien le escuche

Minería

Se cumplen dos años de la rotura de la presa de Fundão, en el municipio brasileño de Mariana

La extensión afectada por la minera Samarco fue de 700 kilómetros, con 19 muertes y millones de afectados

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La minería es un sector muy impactante en el medio ambiente. Y también es un sector necesario para el estilo de vida que hemos elegido. Por eso la actividad minera ha aumentado considerablemente desde 2009 (casualmente, el inicio de la crisis), al compás de una demanda creciente de minerales estratégicos, tanto para surtir al avance tecnológico, como a las clases más apoderadas: litio, coltán, oro, plata, cobre, piedras preciosas… Las formas de menoscabo al entorno son variadas: deforestación, almacenamiento de residuos de roca superficial, contaminación de acuíferos con agentes químicos, desigualdad social en muchos casos, etcétera. Son, dicho de una forma un tanto simplista y cínica, efectos colaterales indirectos. El mal menor.

Pero una mina poco segura puede suponer una agresión mucho más directa por inesperada (para quienes la sufren) y cercana. Y vitanda, porque lleva detrás la mano ominosa de gestores que anteponen el hecho crematístico al hecho social. Este mes de noviembre se cumplen dos años de la rotura de la presa de Fundão, en el municipio brasileño de Mariana, donde están las Minas Gerais. Se vertieron millones de metros cúbicos de desechos de mineral de hierro extraídos por Samarco Mineração S.A., una sociedad anónima que controlan paritariamente la angloaustraliana BHP Billiton Brasil Ltda. y la brasileña Vale S.A.

Un torrente de lodo tóxico devastó aldeas enteras y se llevó por delante casi medio millar de viviendas, escuelas, iglesias y centros de salud. Y contaminó los ríos que surten la zona: Gualaxo del Norte, el Río del Carmo y el Río Doce. Diecinueve personas fallecieron y millones se vieron afectadas directa o indirectamente. La mayoría esperan todavía, hoy, reparaciones, indemnizaciones y que se haga justicia. La extensión afectada fue de casi 700 kilómetros, según el estudio de la consultora americana Bowker Associates. Eso lo convierte en el peor desastre del mundo en la historia de la minería.

La ONG Manos Unidas ha documentado el desastre en imágenes y vídeos de la zona, y entrevistas con algunas de las víctimas. La organización denuncia que «dos años después del desastre, las comunidades afectadas aún carecen de compensación significativa y rehabilitación de sus medios de subsistencia». Y añade: «Mariana se ha convertido en un ejemplo de otros muchos casos parecidos a lo largo de todo el mundo, en los que muchas comunidades rurales están sufriendo las consecuencias negativas de la minería irresponsable».

Hay numerosos ejemplos en todo el mundo de minas que, ya por su mero funcionamiento, suponen un agravio descomunal al medio ambiente. La de Bingham Canyon, en Estados Unidos, extrae dos toneladas de material para conseguir cinco kilos de cobre puro. La descompensación es mucho más acusada en el caso del oro. Es la mina más grande del mundo, con cuatro kilómetros de anchura y 1.200 metros de profundidad. Como ya han denunciado numerosas organizaciones, los residuos que se generan en las excavaciones, como pirita y otros minerales sulfurosos, liberan al medio ambiente metales pesados, sulfatos y ácidos, todos ellos altamente contaminantes.

La mina siberiana de Mirny ha sido una fuente de riqueza irrenunciable para Rusia: era la mayor productora de diamantes de toda la Unión Soviética. En 2011 cesó su actividad, y dejó un agujero excavado de más de medio kilómetro de profundidad. Cuando funcionaba a pleno rendimiento, extraía 10 toneladas de kimberlita para producir un quilate de diamante, esto es: una piedrecita de 200 gramos. ¿El resto? Desechos.


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