La salud de los más vulnerables: otra víctima del cambio climático

Salud

Víctor Viñuales, director de Ecodes: «No es posible tener buena salud en un planeta enfermo»

Informe de la Brecha Global de Género: «El cambio climático puede contrarrestar los avances en igualdad»

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Una persona sufre pobreza extrema cuando vive con menos de 1,90 dólares al día. Así lo cifra el El Banco Mundial, que señala que la mayoría viven en los países del sudeste de Asia y de África Subsahariana, dos de las áreas más afectadas por el cambio climático, debido a su situación geográfica. «Los mayores índices de pobreza y los peores efectos del calentamiento global coinciden en las mismas zonas», advierte Anabel Sánchez, coordinadora de Sostenibilidad de la Fundación Alternativas. Y esto nos lleva a otra consecuencia devastadora: la salud de quienes habitan estas regiones es mucho más vulnerable.

La proliferación de las olas de calor, la disminución de precipitaciones con las consecuentes sequías o la mala calidad del aire son solo algunos de los fenómenos meteorológicos extremos que propician el aumento de enfermedades relacionadas con la desnutrición y la contaminación, dos escenarios especialmente frecuentes en los países donde las personas en situación de pobreza, las mujeres y los niños son los grupos más vulnerables debido al aumento de la desigualdad que se genera en las zonas afectadas por las adversidades climáticas.

Anabel Sánchez señala que «existe una desigualdad de partida, donde los países de la OCDE invierten en luchar contra el cambio climático una media del 12% del PIB, en África la inversión se reduce al 6,5% y el sudeste de Asia se limita a una cifra cercana al 3%». Contar con una menor inversión supone una menor capacidad de reacción ante los desastres naturales: los destrozos de los cultivos (principal fuente de ingresos en estas zonas), la destrucción de infraestructuras agrarias, así como de escuelas y hospitales, limitan las posibilidades de mejora de las condiciones de vida.

¿Feminización de la pobreza?

El Banco Mundial señala que existen alrededor de 103 países que impiden el desarrollo económico de las mujeres mediante distintas barreras legales. A este dato se suma el hecho de que en ningún país del mundo ambos géneros reciben los mismos ingresos por el mismo trabajo. La diferencia salarial se mueve en una horquilla que va del 30% al 80% en función del país. La brecha de género imposibilita el acceso igualitario tanto a servicios sanitarios como a los distintos niveles de toma de decisiones políticas. Por cada 100 hombres que desempeñan funciones parlamentarias y ministeriales a nivel global, solo hay 22 mujeres, según un informe de 2016 de Mckinsey and Company Consulting.

El Informe sobre la Brecha Global de Género de 2016 pone sobre la mesa un dato alarmante: el cambio climático puede contrarrestar los avances en igualdad de género conseguidos hasta la fecha. «Esta desigualdades se acrecientan en el momento en el que el cambio climático las exacerba», explica Sánchez, y añade: «El 60% de las personas que sufren desnutrición en el mundo son mujeres y niñas».

Precisamente, los niños son el tercer grupo vulnerable que más acusa los efectos del cambio climático en su salud. A su constitución biológica menos resistente a la mala calidad del aire o la escasez de determinados alimentos, se suma el hecho de que en las zonas más dañadas por el clima hay un mayor número de niños que abandonan la escuela para trabajar. Muchos de esos trabajos se centran en la reconstrucción de las infraestructuras afectadas. Otros son consecuencia directa de la pérdida de poder adquisitivo de sus familias al verse afectados los cultivos o la ganadería.

La publicación Cambio climático y salud, del Observatorio de Salud y Medio Ambiente DKV Seguros–Ecodes, recoge estos escenarios para ponerlos blanco sobre negro e impulsar la acción por el clima. El director de Ecodes, Víctor Viñuales, explicó durante su presentación que  «todos los cambios sociales se producen por imitación», e hizo un llamamiento: «Es necesario aunar esfuerzos entre los agentes sociales y las empresas para remediar los efectos del cambio climático que están deteriorando nuestra salud. No es posible tener buena salud en un planeta enfermo».


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