Activismo accionarial: cambiar las cosas desde dentro

Activismo

Por medio del activismo accionarial, en un 34% de los casos analizados se ha logrado el cese y destitución de consejeros

Marta Remacha: «Los accionistas disponen de instrumentos para reaccionar ante una gestión de la entidad con la que no están conformes»

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Hace siete años, el economista Aneel Karnani escribía en The Wall Street Journal una columna en la que afirmaba que la responsabilidad social corporativa de las empresas queda «en segundo plano respecto al los beneficios, porque en caso de entrar en conflicto ambos conceptos, siempre se inclinarán en favor de los intereses de los accionistas». El experto no basaba su aserto en minusvalorar la responsabilidad del sector empresarial con el bienestar social, sino en su poca fe en los directores y consejeros y, por extensión, en los propios accionistas. El activismo les pillaba muy lejos.

La gran mayoría definiría hoy una columna de opinión así de antediluviana. Y eso demuestra lo mucho que ha avanzado la responsabilidad social corporativa (RSC) en menos de una década y, sobre todo, cómo ha ido ganando terreno en las empresas, al saltar en muchos casos de departamentos residuales a los consejos de administración para formar parte irrenunciable de sus estrategias. La RSC ya no se limita a donar excedente a ONG y desentenderse, y ahora abarca a la transparencia del funcionamiento de la empresa, y la ética en la manera que obtiene sus ingresos y funciona, tanto de cara al exterior como internamente.

Los accionistas también están cada vez más implicados en este sentido. Como muestran las estadísticas, cada vez más, antes de invertir en un negocio miran con lupa todo lo concerniente a su responsabilidad social, desde el trato que da a sus trabajadores hasta el impacto en el medio ambiente de su actividad. En muchos casos se debe a que la RSC es, hoy más que nunca, un buen argumento de venta, del que los departamentos de marketing han tomado buena nota. En otros, a que los inversores no quieren entrar en un negocio expuesto a polémicas futuras, ahora que aspectos como el medio ambiente, los derechos sociales o la corrupción están tan a flor de piel. También existe el accionista cada vez más comprometido, por supuesto. Pero el motivo es lo de menos: el resultado es que hoy el sector empresarial cuida mucho más que antes su responsabilidad con el entorno en el que opera.

El reciente estudio de Cátedra Caixa Bank de RSC junto con IESE Business School refleja el poder real de los accionistas, como principal grupo de presión, a la hora impulsar un comportamiento ético de la empresa. «En España, por ejemplo, contar con el 3% del capital social da derecho a presentar una propuesta de acuerdo ante la junta general de accionistas», explica Marta Remacha, responsable del estudio, y añade: «Aunque la propuesta no llegue a ser aprobada, la sola «amenaza» de presentarla puede ser motivo suficiente para que los gestores de la compañía opten por dialogar con los activistas y evitar que la petición llegue a hacerse pública».

En una análisis realizado este año por The Manhattan Institute, que recoge este estudio, queda patente que los inversores estadounidenses dan especial preeminencia a su preocupación por el medio ambiente, los gastos con fines políticos y con destino a lobbies, o los derechos de los empleados en sus propuestas de las juntas generales. «Los accionistas disponen de varias opciones o instrumentos para reaccionar ante una gestión o un desempeño de la entidad con el que no están conformes», explica Remacha, y apunta: «El derecho a vender su acción libremente en el mercado, el derecho de voto o el derecho a la información que poseen como propietarios de acciones».

En cuanto a los resultados de este este activismo el estudio señala, basándose en numerosos casos reales, «el empuje de prácticas con las que la compañía pretende mejorar su impacto en la sociedad, como pueden ser la introducción de códigos éticos y prácticas propias de la RSC y el buen gobierno que repercuten en último término en la mejora del desempeño económico de la empresa». Y concluye con una estadística dada por el NYSE Governance Services: por medio del activismo accionarial, en un 34% de los casos analizados se ha logrado el cese y destitución de consejeros, en un 33% la modificación de las políticas de gobierno y en un 30% incluso el cambio del CEO en la dirección ejecutiva.

Queda claro que las iniciativas por un sector empresarial más justo e implicado ya no vienen solo de agentes externos; cada vez más, surgen de sus propios inversores.


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