Sin hambre se aprende mejor

hambre

La alimentación escolar y las raciones que se llevan a casa son un incentivo para la escolarización

La iniciativa 'Sin hambre se aprende mejor' ofrece comidas escolares a 5.000 niños en 85 escuelas rurales
de Bolivia

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Actualmente, 300 millones de niños en todo el mundo no van a la escuela o no se alimentan durante la jornada educativa. La educación y la alimentación pueden parecer conceptos desligados, pero la mejora de ambos puede marcar la diferencia en la vida de los más pequeños y de todo su entorno. La educación es la inversión más básica y efectiva para mejorar la economía y crear sociedades autónomas y sostenibles y, la vez, las comidas nutritivas en la escuela palian el hambre y aumentan las tasas de matriculación, permanencia y éxito en los estudios, ayudando a que los niños con menos recursos rompan el ciclo de pobreza.

En culturas tradicionales, donde se espera que los niños, y sobre todo las niñas, realicen tareas domésticas o vayan a trabajar, la alimentación escolar y las raciones que se llevan a casa son un incentivo para que los padres escolaricen a sus hijos. Por ello, organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) mantienen iniciativas para disminuir el hambre de los niños y mejorar sus posibilidades de educación, creando la infraestructura humana necesaria para que las naciones prosperen.

Una de las zonas de actuación es Bolivia, país azotado por la pobreza desde hace décadas y donde alrededor del 40% de los niños menores de cinco años sufren retraso del crecimiento como consecuencia de la desnutrición crónica. Afortunadamente, 2’1 millones de personas dejaron de ser pobres en Bolivia en 2016, según destaca el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), gracias al cambio de modelo económico y a programas de apoyo social. En este país, donde el PMA asiste a 80.000 niños, la organización lleva a cabo el proyecto Sin hambre se aprende mejor: alimentación para los niños en las escuelas de Entre Ríos, en colaboración con la Fundación Repsol.

A través de esta iniciativa, ambas entidades promueven la escolarización de 5.000 niños en 85 escuelas rurales de la zona de Entre Ríos y colaboran para servir comidas nutritivas y equilibradas en las escuelas con el objetivo de ayudar a erradicar el hambre. Para ello, se trabaja con los agricultores locales y el gobierno de Bolivia para que sean ellos los proveedores, fomentando la economía local y el desarrollo de toda la población. De esta forma se logra dar una alimentación de calidad a los niños en un trabajo conjunto con el municipio y las escuelas

En cada unidad educativa, profesores y padres se organizan para administrar los insumos y preparar los alimentos. La ración diaria entregada por el PMA, calculada en base a las exigencias calóricas y nutricionales de un niño en edad escolar primaria, consiste en 100 gramos de harina de trigo, fortificada con hierro; 20 gramos de aceite vegetal, fortificado con Vitamina A; y 3 gramos de sal yodada y fluorada; por un total de 527 Kcal/día.

Estos desayunos y meriendas ayudan a que, después de un alimento nutritivo caliente, los niños y niñas mejoren la concentración en la clase, la asimilación de los conocimientos y el rendimiento escolar. Este efecto se ve aumentado en situaciones de urgencia, en las que la alimentación escolar, incluso en escuelas provisionales, es una fuente de nutrición fundamental y permite que no se interrumpa el proceso educativo.

Un correcto desarrollo que puede ser un verdadero lujo en 65 países en vías de desarrollo de todo el mundo, y por ello es clave que se mantenga la colaboración entre organizaciones que trabajan para que millones de niños reciban una alimentación adecuada y para que, sin hambre que distraiga su atención, aprendan mejor.


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