Reivindicando el consenso y el espíritu de los constituyentes del 78

constitución

«Si algo nos enseña la historia de España es que desde el 'frentismo' y la división no se puede construir un proyecto común»

«Hoy, quizás sea el momento de encontrar el consenso que haga realidad un proyecto que nos dé otros cuarenta años de paz, bienestar y prosperidad»

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En una entrevista de hace años, Paul Preston, uno de los más prestigiosos hispanistas, explicaba la historia contemporánea de España cómo «una serie de intentos de modernizar el país que, desafiando el sistema de poder social, económico o político dominante, fueron sofocados por este, retrasando el reloj de la Historia».

Entre los años 1917 y 1923, resumía Preston, hubo movimientos progresistas y revolucionarios que fueron aplastados por la Dictadura de Primo de Rivera; luego, a finales de los 20 y principios de los 30, otro impulso de modernización fue la II República, sofocada por el levantamiento militar del General Franco. Al final de ese último periodo de reacción: la Dictadura de Franco, hubo unos cambios sociológicos y económicos que propiciaron, tras la muerte del dictador, un gran movimiento popular que desembocó en la liberalización y democratización del país, lo que conllevó la integración de España en la C.E.E.

Ese avance sustancial, desde la perspectiva legal, vino de la mano de la Constitución del 78, nacida del deseo colectivo de mirar hacia el futuro.

Precisamente, la voluntad de construir un futuro esperanzador como motor del cambio quedó patente en el propio preámbulo de la Carta Magna, en la que se proclama «el deseo de la Nación española de establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran; de garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo; de consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular; de proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones; de promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida y de establecer una sociedad democrática avanzada, colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra».

Echando hoy la vista atrás, convendremos que esa ambiciosa declaración de intenciones se ha cumplido -con todos sus errores y defectos- de manera más que razonable.

Sin embargo, aprovechando el descontento social derivado de las consecuencias de la mayor crisis económica que ha sufrido Occidente, algunos actores del panorama político actual se han puesto como objetivo -declarado o no- el arrumbar la Constitución del 78, ligando la misma -sin solución de continuidad- al franquismo; empeñándose en que los más jóvenes dejen de conocer, y los no tan jóvenes olvidemos, que la Constitución de 1978, cuyo periodo de vigencia resulta inaudito en la historia de España, fue la primera alcanzada por consenso -que parecía en aquel entonces inalcanzable- entre todas las fuerzas políticas, incluidos el partido comunista, legalizado tras la muerte del dictador, y los nacionalistas catalanes.

El 7 de octubre de 2003, con motivo del 25 aniversario de la Constitución, los padres de la Carta Magna hicieron público un manifiesto: «La Declaración de Gredos» (llamada así porque se hizo desde el parador Nacional de Gredos, el mismo lugar donde en 1978 se habían consensuado las líneas generales de la Carta Magna).

En dicha Declaración, los constituyentes dejaban un mensaje, que conviene recordar: «Que, con independencia de sus méritos jurídicos, sus eventuales deficiencias o las libres opiniones sobre su perfectibilidad, permanecen incólumes el espíritu de reconciliación nacional, el afán de cancelar las tragedias históricas de nuestro dramático pasado, la voluntad de concordia, el propósito de transacción entre las posiciones encontradas y la búsqueda de espacios de encuentro señoreados por la tolerancia que constituyen la conciencia moral profunda de nuestro Texto Constitucional».

En esa declaración, también se hacía expresa mención a que, puesta a prueba la mayor parte de las Instituciones previstas en la Constitución, «se ha acreditado su aptitud para permitir el desarrollo de alternativas de gobierno de muy distinto signo ideológico, para tutelar la ordenada sucesión de legislaturas y gobiernos, y hacer posible, estabilizar y legitimar las alternancias políticas».

Del mismo modo, sin pretender atribuir al solo efecto de la Norma Fundamental la evidencia de las grandes transformaciones verificadas en todos los órdenes de la vida nacional, los padres de la Constitución, ponían de manifiesto que la misma «había tenido y tiene la virtualidad de amparar e impulsar el fortalecimiento de los derechos individuales y las libertades civiles y su garantía jurisdiccional efectiva; la expresión del pluralismo legítimo; la modernización de España en los ámbitos, social, económico y cultural; la inserción de España en las organizaciones supranacionales connaturales a nuestra historia, identidad y entorno, y el reforzamiento de la presencia española en el mundo».

Igualmente, aun cuando el título VIII dedicado a la organización territorial del Estado, fuera el de más difícil desarrollo, pasado el tiempo, los constituyentes destacaban que «el Estado Autonómico representa el proyecto descentralizador del poder político más importante de la historia de España, amparado por el reconocimiento del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran».

Que la Constitución ha facilitado la mayor época de estabilidad y prosperidad de la historia de España es un hecho evidente.

Si nos fijamos, quienes se afanan en que se derogue de facto o de iure la Constitución y se empeñan en deslegitimar el origen de la misma, lo hacen criticando su propio fundamento: la indisoluble unidad de la nación española (art. 2) o la monarquía parlamentaria como forma de estado (art. 1.2), dejando de lado otros aspectos de mayor trascendencia para la mejora de la vida de los ciudadanos.

Precisamente, la legitimidad de origen de la Constitución de 1978 deviene de que fue votada por la nación española (el 87,78% de votantes, que representaban el 58,97% del censo electoral) en quien reside el poder constituyente.

Cuando se pretende enfrentar legalidad con democracia, se pasa por alto algo esencial: que la legitimidad democrática de una actuación política consiste básicamente en su conformidad con la Constitución y con el resto del ordenamiento jurídico emanado de los poderes del Estado que encuentran en ella su legitimidad y su crisol, pues, solo hay legitimidad cuando la actuación de los ciudadanos y los poderes públicos se adecua a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. (art. 9 de la Carta Magna).

Por ello, resulta una obviedad, que hoy parece necesario recordar, que no cabe democracia opuesta a la Constitución como norma de convivencia suprema, o al resto del ordenamiento jurídico que dimana y tiene legitimidad jurídica bajo su paraguas.

Preservar y fortalecer el Estado social, incluyendo, como algunos partidos propugnan, una disposición que obligue a garantizar presupuestariamente dichos derechos, fortalecer la democracia, también la de los propios partidos, haciéndola más participativa, reformar la ley electoral, mejorar la justicia para hacerla más ágil y preservar su independencia, adoptar medidas eficaces para luchar de manera efectiva contra la corrupción, hacer del Senado una verdadera cámara de representación territorial, clarificar las competencias de ayuntamientos, autonomías y del Estado, evitando duplicidades, son objetivos que tienen tener encaje en el actual texto constitucional.

También resulta plausible reformar la Constitución procurando conformar la misma a las aspiraciones de todos, pero como pedían también los constituyentes en la «Declaración de Gredos» a la que antes hacíamos referencia, «acomodando la reforma a las reglas del juego que la propia Constitución establece; y abordándola con idéntico o mayor consenso al que presidió su elaboración».

Si algo nos enseña la historia de España es que desde el frentismo y la división no se puede construir un proyecto común. El futuro no está en derogar la monarquía -mientras el monarca cumpla la función que la Ley Suprema le atribuye- o en disolver la unidad territorial; el futuro se ha de construir contando con todos, y con la ayuda de todas las fuerzas políticas, fortaleciendo la integración social, desde una perspectiva europeísta, sin hacer tabla rasa de todos los logros conseguidos, proponiendo un proyecto sugestivo de vida en común, pues como filosofaba Ortega, para que haya una verdadera nación no basta con que se consolide una comunidad histórica cultural o lingüística dentro de un mismo territorio, pues la nación es, ante todo, un proyecto sugestivo de vida en común cuya realidad es dinámica. «No es la comunidad anterior, pretérita, tradicional o inmemorial -en suma: fatal o irreformable- (escribía Ortega en «La rebelión de las masas») la que proporciona título para la convivencia política, sino la comunidad futura en el efectivo hacer. No lo que fuimos ayer, sino lo que vamos a hacer mañana juntos nos reúne en el Estado».

Parece difícil atemperar los ánimos y reconducir la situación actual para dedicar las fuerzas de todos a ese empeño. Los constituyentes del 78 tenían un camino más difícil que recorrer. Hacía solo tres años de la muerte del dictador, y las heridas estaban aún abiertas; sin embargo, desde la generosidad y, también, ante el miedo de no caer en el abismo, personas que provenían de sectores ideológicos contrapuestos fueron capaces de construir un modelo de Estado que para la mayoría de los españoles resultaba ilusionante y esperanzador. Hoy, quizás hay abiertas también heridas que ponen de manifiesto la necesidad de reformar nuestra Constitución, y existiendo también miedo e incertidumbre de perder las libertades conquistadas, y el progreso y bienestar obtenidos, sea el momento de encontrar el consenso que haga realidad un proyecto que nos dé otros cuarenta años de paz, bienestar y prosperidad.

Luis Suárez Mariño es abogado.


COMENTARIOS

  1. AMEN, te esplicas mejor que un libro abierto


  2. “¿ aquíen votamos ? ” ahí para mi esta la gran respuesta. Pero añado, para el resultado de esa frase en la que yo me pregunto, solo encuentro una respuesta que es la que yo práctico y que va de ser leal con un@ mism@….y hoy si tuviera que votar y no se votar solo a unas siglas, por que detrás hay personas y es triste llegar a esa conclusión , no tengo político en el que crea, mi voto en unas generales seria, voto en blanco. Esto de alguna manera y viniendo de una persona de apertura es el resultado de lo que sucede en Cataluña, solo ha habido un comulo de intereses, no de la LEALTAD . Intereses, PODER….y todo lo que conlleva esa palabra.


  3. España duele. Nadie, como nosotros, para demoler lo que hacemos. Nadie, como nosotros, para criticarnos destructivamente, para menospreciarnos. La simplificación populista de que todo debe incendiarse porque las élites han hecho mal muchas cosas no nos puede servir a los ciudadanos responsables. No podemos dar un cheque en blanco a quienes, como Puigdemont y sus golpistas, quieren destrozar la convivencia. ¿No han visto al señor Tardá diciendo que les vendría “de coña” que se aplicase el 155? ¿No han leído las declaraciones de Junqueras hablando ¡en pleno siglo XXI! de diferencias étnicas? ¿No oyeron a Artur Mas afirmar que ninguna empresa se iría de Cataluña? ¿No han leído el programa delirante de los fanáticos de la CUP, que es, junto a Omnium y la ANC, la mano que mece la cuna del independentismo? ¿No saben que esos pirómanos sueñan con los Països Catalans, que incluye otras regiones de España (como Valencia, Baleares y una parte de Aragón)? ¿No queda claro que el objetivo último del nacionalismo radical no es otro que romper la igualdad entre los ciudadanos? ¿No les parece enfermizo y terriblemente alienante que tipos de padres gallegos, andaluces o asturianos, que se apellidan Fernández, Rodríguez o Sánchez, quieran romper con sus raíces? Nadie más ciego que quien no quiere ver. No tiremos tanto odio sobre nuestro país ni sobre nuestra Constitución. Critiquemos lo censurable, reformemos lo reformable y admiremos lo que, sin duda, tiene de admirable. España duele. Duele que nos odiemos tanto. Duele que del siglo XX no aprendiésemos nada. Duele este país de bandos.


  4. El ” espíritu del 78″ decía esto el 75, que mierdas se inventan


  5. Otra milonga. El franquismo duro mucho y fue muy”pacífico”, el problema de estos señores que se apoderaron de la transición es que opinan que los demás somos unos peleles sin criterio, sin capacidad de análisis y juicio. La transición fue un tragala, un viaje de lo mesmo a lo mismo. Vivir de la transición es el oficio de estos presuntos intelectuales, incapaces de la menor autocrítica.


  6. Todo muy bonito, el problema es que en el estado español el único proyecto común que ha habido es el de la élites político económicas.


  7. Nuestra Constitucion internacionalmente esta considerada una de las mas democràticas del mundo y la mas moderna xq es la mas joven. Consenso es pacto y es ceder, el Nacionalismo Vasco y Catalàn han sido las piedras en el camino para que nuestra Constitucion aùn no se haya modernizado. En una Sociedad Moderna lo rancio es el Nacionalismo y los hechos diferenciales mientras se proclama la igualdad. Lo Moderno es un pais que prospere en la diversidad y que se nutra de sus lenguas y sus culturas, sin tener que menospreciar una para ensalzar la otra. Nuestros polìticos y sus miserables aspiraciones han hecho imposible esto. La identidad es una excusa, pues nuestro pais està lleno de inmigrantes con su propia identidad y cultura a la que no tienen que renunciar, que nos enriquecen y alos que enriquecemos. Eso es un pais y una democracia moderna, El nacionalismo/secesionismo es màs antiguo y obsoleto para el progreso que nuestra Constitución y mucho menos democràtico. A la vista está.


    • Claro, el que se modifique a la orden de Alemania es super democrático, y que no se haga nada por cumplir los artículos que tratan derechos sociales.. la constitución es herencia del Franquismo, dictada con la amenaza de las armas , por entre otros este jefe de estado taaaaaan demócrata para el que las leyes del movimiento eran la voluntad del pueblo


  8. Mentira, no se pudo elegir, aquello o militares.


  9. Totalmente de acuerdo


  10. Alguien se plantea en serio el futuro? O solo vale pensar en el pasado y lo bonito q es el presente?


  11. Yo si vivi la transición, en vivo y en directo y aparte de las imposiciones que tuvimos que sufrir, actualmente los hechos demuestran lo obsoleto de la Constitución y otras leyes. Pero solo quiero preguntar una cosa: Si los partidos independistas, son legales, en pura aplicación democrática, ¿ por qué es ilegal que quieran aplicar sus objetivos?


    • La madre del cordero. Porque reconocer el derecho de autodeterminación de las naciones del estado haría saltar por los aires la estafa de esta limitada democracia postfascista que tiene como base una nación que no es tal.


  12. Los tiempos cambian y ¿por qué no las leyes?


  13. Los que brincamos de los 60 sabemos un poco de la historia reciente de este país, yo no discuto que esta constitución hay que reformarla, pues se reforma sin miedo, pero los que somos algo mayores sabemos lo que es no tener convenios en las empresas, sabemos lo que es no tener representación ni en los ayuntamientos ni instituciones, todo eso lo ocupaba el franquismo, por eso fue un salto esperanzador para aquella generación que empezamos, el poder estar en muchos sitios que no teníamos acceso y que empezábamos andar en una democracia, con muchas carencias seguro, pero empezábamos andar, lo dicho que hay reformar se hace, pero tendremos que saber a quien votamos para hacer esas reformas, con este gobierno seguro que no


  14. Si, globalmente considerada, alguien sabe de una Constitución de algún país mejor que la española del 78, le ruego que me la señale. Sin perjuicio de algunas concreciones y mejoras que evidentemente necesita.


  15. Naci en 1964 me acuerdo perfectamente de cuando se negocio y redactó la constitución pues a diferencia de ahora a los jóvenes nos interesaba e ilusionaba la política quizás por lo que oíamos a nuestros mayores . Es una irresponsabilidad llamar miedo a aquel espíritu de consenso y concordia que fue ejemplo para el mundo . No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor pero si considero que entonces teníamos líderes con altura de miras que no estaba solamente preocupados por las encuestas como los de ahora que primero lo miran todo en función de sus intereses de partido


    • …otro de 1964 que piensa, exactamente, igual que tú.


    • Uno del 63, que también piensa igual, eso de que todo las democracias son producto de una revolución es mentira, la mayoría de las democracias actuales son producto de reformas desde dentro de regímenes totalitarios, el más curioso, fue el de Japón, con su “revolución meiji”, que más que revolución fue una reforma total promovida por el mismo entorno del emperador.


  16. En la foto esta Miquel Roca defensor de la infanta limon, que esperamos


  17. Q la distancia histórica no nis haga menospreciar a nuestra Constitución… Se redactó lo mejor q se pudo en aquella época tdavia gris d nuestra historia. Han pasado ya 40 años y cmo todas las cosas, necrsita una reforma, pero una reforma q queramos la mayoria de españoles.


  18. Recordad quiénes quisieron dinamitar la concordia del 78: militares nostálgicos de Franco y guerrilleros de Cristo Rey, terroristas de ETA, Grapo o Terra Lliure… Por supuesto que se puede reformar la Constitución, pero nunca bajo la extorsión de ese grupo de golpistas que comanda Puigdemont. El golpe a la democracia que está intentando perpetrar el separatismo es, a día de hoy, por su meticulosidad y sofisticación, más peligroso que la opereta militar comandada por Tejero.


  19. Muy acertado y oportuno este análisis. La crisis ha despertado a nacionalistas y populistas de distinto signo y deforman la realidad con teorías conspiranoicas dignas de Donald Trump. Por supuesto, como señala el abogado Suárez Mariño, la Constitución del 78 puede reformarse, pero esta reforma debe llevarse a cabo a través de un espíritu de concordia como el que hubo en España tras la muerte del dictador.


    • Todo es mejorable, y se puede adaptar a la actualidad, pero eso, dentro d un orden, no porque algunos pidan desordenarla. Hay puntos que piden a gritos una revisión, pero no una destrucción.


    • Lo de espiritu de concordia se lo dices a los huelguistas de Victoria, a los abogados de atocha, a los mas de cien muertos a manos de las fuerzas represivas del Regimen, sumadas a los mas de quinientos asesinatos de ETA, desde el 76 a 82. Con la amenaza de una sublevacion militar que no llego a cuajar a tiempo… que mas da si el Jefe del Estado habia sido designado directamente Por el Dictador, que lo habia dejado todo ‘atado y bien atado’…


  20. No hay necesidad de un posicionamiento tan polarizado, creo yo, para entender q el consenso nació de un parto inducido. Por la inestabilidad y el miedo a volver a la oscuridad cuando se veía un punto de luz al final del tunel. Yo soy del 77 y he aprendido q todo cambia, si no seguiríamos en la cueva, y q a lo largo de la historia deberíamos saber ya, q las recetas de épocas pasadas nunca sirvieron para solucionar conflictos presentes. Por eso “la del 78” fue útil entonces y ahora, pues igual, no tanto. Y no pasa nada, sólo el tiempo, ese q hace inexorablemente el cambio, es el q va cambiando los retos. Y la sociedad actual nada tiene q ver con la de hace cuarenta años. De manera, q si queremos ser un país próspero, en un sistema globalizado en profunda crisis, más nos valdría hacernos cargo del presente, para solucionar el futuro incierto q se nos viene encima y dejar de perder el tiempo en vanagloriarnos de lo bien q lo hicimos. Estamos en otra pantalla, a ver si nos enteramos!


  21. De acuerdo contigo Patricia, había miedo a otra guerra civil. En aquella coyuntura se hizo lo mejor que se pudo, y fue una transición alabada internacionalmente y que otras naciones nuevas tras la caida del telon de acero intentaron copiar. Aun así sigues pensando que fue una estafa y lo peor que ha pasado en España?.


    • Lo ensalzaban los poderes economicos para matener su estatus,cuando bienen de culo a pagar los de siempre,a la vista esta como defienden a los de abajo laUE,los medios de comunicacion en manos de las corporacies financieras,la partitocracia corrupta y un sin fin de razones para pensar que es una gran estafa.en la actualidad solo el 20 por ciento refrendo esa constitucion tutelada y tengo casi 60


    • Charly, Esa pregunta es muy tendenciosa. Pues claro que no es lo peor que le ha pasado a España. Pero no admitir la realidad de su tutelada elaboración y lo sesgado y tramposo de su aplicación, que está llevando al pais a su ruina económica y social, es o de ciegos, o de tontos o de alineados con el poder. Venga, añadiré ingenuos.


  22. y vendiendo a los ciudadanos tampoco, porque entonces ya no es ni común ni social. El pacto estuvo repleto de miedo, chantajes y con los militares detrás. Y una Europa y EEUU mirando y dirigiendo los hilos económicos. La democracia nació del miedo, y siguen usándolo para q no la cuestionemos


    • No te voy a discutir ni una coma. Creo que tu análisis es cierto, pero incompleto, porque si bien la Constitución y la transición se hicieron en las circunstancias que había y bajo las presiones, condiciones o amenazas que apuntas, no menos cierto es que sirvió para salir de un pasado bastante gris y siniestro. Yo siempre he pensado que una vez superadas esas amenazas, era el momento de reformar o alcanzar las cotas de derechos que entonces no se pudo. Sin embargo, viendo lo que está ocurriendo tengo muy serias dudas de que eso sea posible. Dicho de otro modo, ¿seríamos ahora mismo, sin miedos ni amenazas militares, hacer algo mejor que la Constitución vigente, y con un consenso similar al del entonces? Parece evidente que no. Así que habrá que reconocerles su mérito a aquellos constituyentes.


  23. Reivindico tambien la ortografía del 78. Quieren decir, frentismo ¿no?.



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