10 razones urgentes para la transición energética

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Cada habitante de la UE subvencionó al sector energético con 673 euros
en 2015

Según la OMS, en los últimos años las centrales térmicas de carbón han provocado miles de muertes prematuras en España

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Los combustibles fósiles son el petróleo, el carbón, el gas natural y el gas licuado, que se originaron hace millones de años a partir de los restos orgánicos enterrados de plantas y animales muertos. En Greenpeace prefieren denominarlos, directamente, «combustibles sucios». Y hacen un llamamiento urgente a la transición energética.

La industria mundial está hoy basada en la quema de combustibles fósiles, ya sea en centrales térmicas o en motores destinados al transporte o a la propia producción, lo que provoca el aumento global de la temperatura de nuestro planeta, esto es: el cambio climático. Un reciente estudio realizado conjuntamente por más de diez ONG medioambientales de diversos países como Japón, Italia, Corea del Sur o Australia concluye que las principales economías del planeta, las englobadas en el G20, financian los combustibles fósiles hasta cuatro veces más que las renovables. Con dinero público. Esos países, además, son los responsables del 84% de las emisiones provenientes de este tipo de combustibles.

Eso no impide que algunas ciudades estén tomando la delantera en su transición al uso de energías 100% renovables de aquí a 2050, como Copenhague, San Francisco o Múnich. Hoy por hoy, son ejemplos en los que muchos Gobiernos deberías mirarse. En su reciente documento Villanos del clima, Greenpeace reúne 10 razones por las que el todo planeta debería seguir el camino de esas ciudades. Incluido nuestro propio país. Las resumimos a continuación.

1. El sector de la energía basado en combustibles fósiles es la principal causa del cambio climático.

A pesar de que la comunidad científica internacional lleva alertando sobre ello más de 25 años, estas emisiones no han parado de incrementarse hasta nuestros días.

2. La contaminación afecta gravemente a la salud de las personas.

Según ha alertado recientemente la OMS, en los últimos años las centrales térmicas de carbón de nuestro país han provocado miles de muertes prematuras. Estas emisiones llegan a nuestro pulmones y a nuestra sangre, y provocan asma y enfermedades cardiorrespiratorias, son foco de cáncer y acortan la vida.

3. La factura energética es muy cara.

La elevada dependencia de los combustibles fósiles nos obliga a dedicar alrededor de 38.000 millones de euros cada año en importarlos. Además la factura de la luz en España es de las más altas de Europa. Greenpeace demostró que por medio de un gran avance de las renovables y de la ciencia, y una gestión inteligente de la demanda permitiría ahorrar en la factura energética hasta un 34% respecto a lo que pagamos en 2012. Y que una de cada tres personas en España podría producir su propia electricidad de forma individual o colectiva con renovables en 2050 y alcanzar una producción suficiente como para cubrir la mitad de la demanda nacional.

4. Subvencionamos el negocio de la energía.

Según un estudio realizado por el departamento de políticas económicas y científicas del Parlamento

Europeo, las subvenciones (sin tener en cuenta los costes sobre la salud, el medio ambiente y sociales que produce el uso de los combustibles fósiles) alcanzaron en 2011 los 492.000 millones de dólares (casi el 1% del PIB mundial de ese año). Si se tienen en cuenta la contaminación del aire, el tráfico y el agravamiento del cambio climático, este coste llegó a suponer el 2,9% del PIB mundial ese año. En 2015, esta cifra casi se duplicó. Esto significa que cada habitante de la UE subvencionó al sector energético con 673 euros en 2015.

5. Los accidentes pueden ser catastróficos e irreparables.

La tragedia del Prestige en las costas gallegas o la explosión de la plataforma petrolífera de BP en aguas estadounidenses son dos de los ejemplos más recientes. Desde 1960, ha habido más de 130 desastres medioambientales provocados por vertidos de petróleo.

6. Tenemos un sistema eléctrico sobredimensionado.

El último dato ofrecido por Greenpeace arroja que la capacidad instalada es llamativamente elevada, con una sobrecapacidad del 30%. Los especialistas aconsejan tener un margen del 10% en el sistema eléctrico. Un ajuste hacia el consumo real supondría una menor dependencia de las centrales térmicas.

7. La extracción de combustibles afecta irreversiblemente al medio ambiente con consecuencias a largo plazo.

El petróleo convencional lleva implícitos riesgos enormes de vertidos, incendios, destrucción de hábitats naturales y contaminación de aire, agua y suelo. El fracking, proceso de extracción de gas que inyecta agua a presión (más una serie de productos químicos) en el subsuelo, conlleva riesgos y consecuencias medioambientales y de salud muy altos. En cuanto al carbón y el uranio, las personas que trabajan en las minas están amenazadas continuamente con accidentes muy graves, incluso mortales, y con enfermedades crónicas que pueden llegar a incapacitarles. En el caso del carbón se generan además grandes cantidades de metano, que no solo es un gas de efecto invernadero muy potente, sino altamente explosivo. En el caso de la obtención de uranio, grandes cantidades de nucleidos radiactivos se incorporan a la biosfera.

8. Los verdaderos motores del empleo son las renovables y el ahorro de energía.

Según datos de Greenpeace, un avance de las energías limpias generaría más de tres millones de empleos ligados a la construcción de nuevas centrales energéticas, un crecimiento anual de dos puntos en el PIB y un aumento de la producción de más de 545.000 millones de euros. Además, la producción eléctrica en el año 2030 generaría otros 203.000 puestos de trabajo. La inversión necesaria para ello sería de 19.535 millones anuales. Además, se reduciría el 75% de las emisiones de CO2 y la factura de la luz en un 34% respecto a 2012.

9. Cada día hay más energías renovables instaladas a menor coste.

La transición energética mundial esté en marcha, con nuevos records en las incorporaciones de energía renovable instalada y el rápido descenso de los costes. Hoy en día no existen barreras económicas ni técnicas para avanzar rápidamente hacia un mundo con un suministro energético 100% renovable para el ano 2050 y la eliminación gradual pero urgente de la energía nuclear y los combustibles fósiles; la inversión necesaria seria más que cubierta por los ahorros futuros en los costes de los combustibles.

10. Cumplir con el Acuerdo de París.

En 2050 podríamos tener un sistema energético 100% renovable y cumplir el compromiso que adquirimos en el Acuerdo de París para evitar el cambio climático, para ello deberíamos dejar de subvencionar el carbón y los demás combustibles fósiles; fijar el cierre de las centrales térmicas de carbón no más allá́ del 2025; no alargar ninguna licencia más de las centrales nucleares; dejar de apoyar al petróleo y al gas; no permitir que el fracking se asiente en España, e impulsar un política de transporte y movilidad que impulse la reducción de los kilómetros realizados, priorice el uso de los medios más e clientes y no motorizados y que favorezca los sistemas compartidos y eléctricos de movilidad.


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