Let it go, let it come

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Einstein decía que «los problemas no pueden ser resueltos en el mismo nivel de conciencia que
los creó»

Debemos liberarnos del lastre del pasado y desprendernos de viejos miedos y prejuicios para permitir que las cosas sucedan

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Vivimos en una época de fracasos institucionales masivos que se manifiestan en la destrucción de los fundamentos de nuestro bienestar social, económico, ecológico y espiritual. Afrontar estos retos requiere una nueva conciencia y una nueva capacidad de liderazgo colectivo. En el libro ‘Teoría U: Liderar desde el futuro a medida que emerge’ (Eleftheria), el profesor titular del MIT Otto Scharmer reflexiona sobre la necesidad de desprendernos de los viejos miedos y prejuicios para poder mirar al futuro. O lo que es lo mismo: de liberarnos del pasado para permitir que las cosas sucedan. Ya lo decía Einstein: «Los problemas no pueden ser resueltos en el mismo nivel de conciencia que los creó».

La crisis de nuestro tiempo no es una crisis de un solo dirigente, organización, país o conflicto. La crisis se manifiesta en todos los países en forma de tres grandes divisiones: la división ecológica –es decir, la desconexión entre el yo y la naturaleza–, la división social –entre el yo y el otro– y la división espiritual –entre el yo y el yo–. La crisis revela que están muriendo la estructura social antigua subyacente y una manera de pensar: la forma antigua de institucionalizar y de representar unas formas sociales colectivas.

En todas partes, creamos colectivamente unos resultados que nadie quiere. Además, los responsables de tomar las decisiones clave no se sienten capaces de cambiar el curso de los acontecimientos de manera significativa. Se sienten igual de atrapados que el resto de nosotros en lo que a menudo parece ser una carrera hacia el fondo. El mismo problema afecta a nuestro fracaso institucional masivo: no hemos aprendido a moldear, doblar y transformar nuestros patrones colectivos centenarios de pensar, conversar e institucionalizar para encajar las realidades de hoy en día.

Las estructuras sociales que vemos descomponerse y desmoronarse, local, regional y globalmente están construidas sobre dos fuentes: tradicionales premodernas y estructuras industriales modernas o formas de pensar y funcionar. Ambas han sido exitosas en el pasado, pero en la época actual las dos se desintegran y se desmoronan. El aumento de los movimientos fundamentalistas tanto en los países occidentales como en los no occidentales es un síntoma de esta necesidad de un proceso de transformación profunda. Los fundamentalistas dicen: «Mirad, este materialismo occidental moderno no funciona. Se lleva por delante nuestra dignidad, nuestro sustento y nuestra alma, así que volvamos al antiguo orden».

Esta reacción es comprensible, porque se basa en dos características distintivas de la decadencia social actual que Johan Galtung, investigador sobre la paz, llama anomia (pérdida de normas y valores) y atomia (descomposición de las estructuras sociales). La pérdida de cultura y de estructura resultante conduce a estallidos de violencia, odio, terrorismo y guerra civil, junto con catástrofes naturales autoinfligidas tanto en el hemisferio sur como en el norte.

¿Cómo podemos enfrentarnos a estos cambios? En mi opinión, lo que está emergiendo es una nueva forma de presencia y de poder que empieza a crecer espontáneamente desde pequeños grupos y redes de personas y a través de ellos. Es una calidad de consciencia y conexión distinta, una manera diferente de estar presente con los demás y con aquello que quiere surgir. Lo vemos de muchas maneras: voluntarios de Europa que se unen para apoyar el flujo entrante de refugiados y movimientos locales de base de distintas culturas que colaboran para contribuir a la aplicación de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de la ONU y el Acuerdo de París sobre el cambio climático (COP21).

Cuando los grupos empiezan a funcionar desde una posibilidad futura real, empiezan a acceder a un campo social diferente del que normalmente experimentan. Se manifiesta a través de un cambio en la calidad del pensamiento, de las conversaciones y de la acción colectiva. Cuando se produce este cambio, las personas pueden conectar con una fuente de creatividad y de conocimiento más profunda y por lo tanto ir más allá de los patrones del pasado. Entran en el poder real, el poder de su yo auténtico. Describo este cambio como un cambio de campo social porque este término designa la totalidad y los tipos de conexiones a través de las cuales los participantes de un determinado sistema se relacionan, conversan, piensan y actúan.

Cuando un grupo logra funcionar en esta zona una vez, le es más fácil hacerlo una segunda. Es como si se hubiera creado un vínculo o conexión común, invisible pero permanente. Suele permanecer aunque se añadan nuevos miembros al grupo. En este libro se explica qué sucede cuando se produce este cambio y cómo este cambio se manifiesta de maneras significativamente distintas.

Algo está llegando a su fin. Pero, ¿qué es esta nueva estructura que está emergiendo actualmente de los escombros? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cada uno de los tres cambios revolucionarios va acompañado de un contragolpe. El cambio cultural y espiritual viene con un ascenso del fundamentalismo cultural, que nos lleva hacia un choque de las culturas premoderna, moderna y posmoderna. El cambio hacia una economía global viene con la sombra de un apartheid económico que excluye a miles de millones de personas de la satisfacción de sus necesidades básicas. El desarrollo de la sociedad en red y de instituciones multilaterales globales viene acompañado de la creación de unos imperios que son contraproducentes y que impiden que regímenes multilaterales como el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático funcionen con efectividad.

En el debate sobre la crisis y la llamada de nuestro tiempo, se pueden escuchar tres posturas distintas:

Activistas de volver al pasado: «Volvamos al orden del pasado». Algunos de estos movimientos tienen cierta inclinación fundamentalista, pero no todos. A menudo, esta postura va acompañada del resurgimiento de una forma antigua de religión y de espiritualidad basada en la fe.

Defensores del statu quo: «Sigamos adelante. Centrémonos en hacer más de lo mismo para salir del paso». Esta postura se basa en la corriente del materialismo científico contemporáneo.

Y promotores del cambio transformacional individual y colectivo: «¿No existe ninguna manera de romper los patrones del pasado y de sintonizar con nuestra mejor posibilidad futura, y empezar a funcionar desde ese lugar?». Personalmente, creo que la situación global actual pide un cambio de este tipo, que de algún modo ya está en marcha. Tenemos que abandonar el comportamiento institucionalizado colectivo para encontrar la presencia de nuestra mejor posibilidad futura y conectar con ella.

El propósito de Teoría U, y de la investigación y acciones que han llevado a su publicación, es describir una tecnología social del cambio transformacional que permita a los líderes de todos los segmentos de nuestra sociedad, también en nuestra vida individual, responder a los retos existentes. Para estar a la altura de la situación, los líderes a menudo deben aprender a funcionar en el mejor futuro posible, en lugar de permanecer atascados en los patrones de las experiencias pasadas.


COMENTARIOS

  1. O sea la Iglesia debe quedar atrás y la monarquía. .. Así como los prejuicios de clase. ..


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