Hablando de valores: el ingrediente clave de la sostenibilidad

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Francisco Hevia: «Lo que exportas
no es solo un
modelo de negocio, compartes valores»

Pascual tiene
2.400 vehículos
eco-friendly,
la mayor flota sostenible de Europa

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La ciudadanía lleva tiempo coreando al unísono el mismo reclamo, dirigido a Gobiernos, instituciones y empresas: que la ética regrese a aquellos lugares de los que nunca debió salir. La toma de conciencia por parte de los consumidores y demás actores sociales, agitada por la depresión económica y la corrupción, contribuyó, de manera indirecta aunque notable, a que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) aprobara, en 2015, un nuevo Código de Buen Gobierno, todo un reconocimiento a la necesidad, real e imperiosa, de evolucionar hacia modelos sostenibles. «Fue un salto cuántico para poner la responsabilidad corporativa donde toca», afirma Francisco Hevia, director de RSC de Calidad Pascual. «Y fue correcto que su aplicación sea de carácter voluntario, porque lo importante es que obliga a los Consejos de Dirección de las empresas a hablar sobre el tema».

En efecto, a pesar de que el texto esté pensado para sociedades cotizadas, toda empresa puede contribuir. Así lo creen en esta compañía, que nació como una pequeña empresa familiar del sector lácteo. Durante la primera edición de los Desayunos Pascual, enfocada a los medios especializados en RSC, la marca ha presentado su informe de Creación de Valor Compartido 2016.

«La cooperación es vital para construir un futuro común. La integración ordenada de los impactos laborales, ambientales y sociales entre todos ellos es la clave de la responsabilidad corporativa», resalta Hevia. Consumidores, clientes, empleados, proveedores, ciudadanos y accionistas conforman estos grupos de interés que toda empresa debe cuidar.

Velar por el entorno, y por quienes lo habitan

El cuidado ambiental siempre parece la tarea pendiente del sector agroalimentario, pero cada vez más empresas están demostrando que es posible reducir su huella de carbono. No solo en las fábricas, donde el consumidor pone el foco, al igual que Pascual, por lo que sus fábricas, señalan, funcionan al 99% con energías limpias. Además, el 99% de sus proveedores están homologados bajo criterios medioambientales y la distribución a corta distancia se realiza de forma sostenible a través de 2.400 vehículos certificados, la mayor flota sostenible de Europa, que se sube al carro de los vehículos eco-friendly y mejora la calidad del ambiente: en 2016 redujeron sus emisiones en 800 toneladas de CO2.

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Velar por el entorno, y también por quienes lo habitan, pues todo ciudadano del mundo tiene derecho a una alimentación variada, aunque las condiciones geográficas no siempre lo permiten. En este sentido, la innovación alimentaria de los yogures de larga vida, sin cadena de frío, permite llevar el producto a lugares lejanos sin el inconveniente de una conservación que conlleva más impacto medioambiental. Lugares como Angola, donde Pascual hace llegar este producto a 450.000 millones de personas en toda África Subsahariana.

Una iniciativa que también han desarrollado en Filippinas, donde su fábrica da trabajo a mujeres de locales como distribuidoras. Les pagan en especias, y no por capricho. «Descubrimos que en muchas ocasiones, por cuestiones culturales, sociales o familiares, los hombres quitaban el dinero a sus mujeres y no lo utilizaban para alimentar a su familia, y decidimos actuar para mejorar su situación», nos cuenta Hevia. «No puedes actuar en contra de la legalidad de otro país, pero debemos mejorar la calidad de vida de las personas en la medida de las propias posibilidades. Lo que exportas no es solo un modelo de negocio, compartes valores». Un valor social que comparten con Banco de Alimentos, la Fundación ONCE, Cruz Roja y Cáritas, a quienes en 2016 donaron un total de 805.938 kilos de comida. Como decía su fundador, Tomás Pascual, «mens sana in corpore sano».

Puedes leer el informe completo aquí.


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