Los métodos del siglo XXI para sobrevivir al estrés laboral

estres

El estrés ya está catalogado como uno de los 'trastornos del siglo XXI' por la Organización Mundial de la Salud

El método Kanban visualiza las
tareas realizadas para aumentar la sensación de recompensa y motivación

La técnica Pomodoro propone pausas frecuentes, dividiendo el trabajo en intervalos
de 25 minutos

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El café rápido de las mañanas. El atascazo de buenos días. El transporte público abarrotado. La interminable lista de tareas pendientes. Cuando el tiempo que transcurre desde que nos levantamos de la cama hasta que nos sentamos frente al ordenador ya está cargado de prisas y preocupaciones, nuestro subconsciente relaciona directamente ‘ir a ganarse el pan’ con algo pesado y desmotivador. Una tendencia extendida y tristemente normalizada en los países occidentales, hasta el punto de que la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo incluye el estrés, el agotamiento y la depresión en la lista de riesgos psicosociales relacionados con el trabajo.

«Vivimos en una sociedad en que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas hasta límites explosivos», aseguró Carl Honoré, autor de Elogio de la lentitud (RBA) y uno de los padres de la filosofía slow. Una especie de masoquismo laboral, puesto que el estrés supone, junto con la ansiedad y las depresiones, el 12% del total de enfermedades, y está catalogado como uno de los “trastornos del siglo XXI” por la Organización Mundial de la Salud.

Es cierto que no podemos controlar factores como el nivel de exigencia de los jefes ni el deadline de los clientes, pero ante estas limitaciones, se están creando y recuperando sistemas de gestión del estrés para trabajadores terremoto. En esta sociedad de la innovación, la creatividad también aflora cuando se trata de rebajar la presión laboral.

El bucle infinito

La multitarea es una de las habilidades más sobrestimadas de la vida moderna. Las decenas o cientos de correos diarios se convierten en diferentes actividades pendientes que nos impiden centrar nuestra atención en un solo objetivo, reduciendo la productividad y, más importante aún, la calidad del resultado. En efecto, la multitarea es en realidad un objetivo, más que un método de trabajo: solo un 3% de la población es supertasker, término acuñado por la Universidad de Utah en su estudio sobre los mismos. El resto de nosotros aspiramos a serlo.

Para aprender esta valiosa capacidad, los expertos en gestión laboral Jim Benson y Tonniane DeMaria lanzaron en 2011 el libro Personal Kanban: Mapping Work-Navigating Life, que incide en el factor psicológico para reducir la sobrecarga emocional. El sistema es simple: una pizarra, post-its y tres columnas para diferenciar las tareas pendientes, en curso y finalizadas. Los autores resaltan que no se debe realizar más de dos o tres actividades a la vez, con el objetivo de sacar el máximo rendimiento con el número justo de tareas que se puedan compatibilizar. ¿Y la columna de “Completado”? ¿No sería más fácil tirar el papel? He ahí el componente anímico: visualizar todo lo que ya hemos hecho aumenta la sensación de recompensa y motivación y disminuye el estrés.

estres trabajo kanban

Algo parecido a lo que propone David Allen con Getting Things Done, que de nuevo adapta al estado moral un concepto muy en boga en el siglo XXI: una mente ‘líquida’ sabe adaptarse a los imprevistos con calma y eficiencia gracias a la interiorización de un procedimiento. Durante la creación de listas específicas de tareas, si una de ellas necesita ser resuelta y lleva menos de dos minutos, hazla ahora, no la pospongas; si no es tu tarea, delégala. Una cualidad tan importante como saber priorizar con la siguiente jerarquía: próximas acciones inminentes, proyectos que requieren más de una acción, actividades en espera para las tareas que has delegado y requieren tu atención, y tareas futuras que no puedes hacer ahora mismo.

Tiempo, el factor omnipresente

Pero por muy bien que categoricemos las innumerables actividades, las manecillas del reloj corren a la misma velocidad durante todas ellas. Ya en 1915 Henry Gantt diseñó una herramienta gráfica para exponer el tiempo de dedicación previsto para diferentes tareas: el diagrama de Gantt. Ahora, en una sociedad cada vez más acelerada y caótica, instituciones como el OBS Bussiness School recuperan los conocimientos sobre este método. Desde un simple documento Excel hasta aplicaciones como Gantt ProjectKplato o Smartsheet, el sistema permite controlar planificación de proyectos, cálculo de costes y previsión de desvíos.

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Porque el tiempo es un bien preciado y escaso cuando se trata de combinar trabajo y vida personal. Muchas veces ni siquiera hacemos esa distinción. La Técnica Pomodoro utiliza un reloj para dividir el tiempo dedicado a un trabajo en intervalos de 25 minutos o “pomodoros” separados por pausas. El sistema se basa en la idea de que las pausas frecuentes pueden mejorar la habilidad mental. La concentración de la actividad propicia el aislamiento y supone menos interrupciones durante la realización del trabajo, lo que se traduce en más tiempo libre para la vida personal. Un objetivo final que motiva y ayuda a reducir el estrés. Como decía Albert Camus en El mito de Sísifo: «Durante todos los días de una vida sin brillo, el tiempo nos lleva. Pero siempre llega un momento en que hay que llevarlo».


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