«El negocio de la mierda es un negocio muy serio»

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Hay 2.600 millones de personas que no tienen acceso a un buen sistema de saneamiento

El emprendedor nigeriano Isaac Durojaiye ha logrado desencadenar un cambio social en favor de la aceptabilidad de los baños públicos

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La autora Beverly Schwartz, vicepresidenta de Marketing Global del Ashoka, recoge en su libro ‘Efecto Dominó’ casos de emprendimiento social que rompen dinámicas que creíamos inamovibles y que tienen la facultad de cambiar el mundo a mejor. Este es uno de ellos.

El emprendedor se llama Isaac Durojaiye, es nigeriano y dejó su trabajo como guardaespaldas para montar un negocio de inodoros con una fuerte carga de responsabilidad social. Así lo cuenta:

«El negocio de la mierda es un negocio muy serio. Todo el mundo tiene que ir al baño. Es lo único que no puedes delegar en nadie. Por muy grande, muy rico y muy importante que seas, nunca podrás pedir a nadie que vaya al baño por ti. Es algo que tienes que hacer tú mismo al menos una o dos veces al día. Así que ir al baño se convierte en algo muy importante para todo el mundo. Si en cualquier momento del día, 7.000 millones de personas van al baño, esto debe considerarse un fenómeno mundial y, al mismo tiempo, una oportunidad de negocio. La limitación nunca vendrá por la cantidad de clientes. El concepto de que el saneamiento puede convertirse en un negocio, que se puede ganar dinero y, bien gestionado, puede mejorar la vida, la salud y el bienestar de la gente al tiempo que impacta positivamente en la fuerza de trabajo de un país, hace que sea interesante entrar en el sector del saneamiento y la gestión de residuos. Lograr todo esto es lo que me alegra el corazón y me hace sentir altamente satisfecho».

Para aquellas personas que viven -vivimos- en lugares donde la noción de un baño privado con agua corriente para eliminar los residuos se da por sentada, la afirmación de Durojaiye y su innovación pueden parecer bellamente simplistas. Pero el punto de partida es Nigeria, donde la gente tradicionalmente ha hecho sus necesidades en la calle o entre arbustos.

Por eso su concepto DTM Mobile Toilets se basa en un ciclo virtuoso que Isaac creó para poner en práctica su visión holística de la gestión sostenible de residuos donde antes no había gestión alguna. Empezando por el diseño culturalmente sensible de sus inodoros hasta su construcción por la población local y pasando por la limpieza que caracteriza la experiencia, además de la ubicación estratégica en zonas de alta necesidad y las franquicias a mujeres solteras cabezas de familia, Durojaiye ha logrado desencadenar un cambio social en favor de la aceptabilidad de los baños públicos. Al elevar un concepto de saneamiento vinculándolo con la noción de un medio de vida digno, lucha a su vez por eliminar un tabú ancestral sobre el tema, la práctica y el comportamiento.

Isaac Durojaiye antes era guardaespaldas. Y mientras desarrollaba el plan de seguridad para una boda con unos diez mil invitados, se dio cuenta de que solo había dos baños disponibles. Nadie lo veía fuera de lo común. Pero él se dio cuenta de que existía una necesidad, de modo que fabricó 18 prototipos para esa boda. Fue un éxito, así que después del evento dejó su trabajo como agente de seguridad y decidió dedicarse a tiempo completo a los baños. A estas alturas se ha convertido en un negocio muy serio, que ha crecido en torno a la idea inicial de fabricación de un inodoro hasta convertirse en todo un programa de saneamiento sostenible y salud pública que se está extendiendo por toda África y otras regiones sin baños del planeta.

Una de las claves de su éxito es que cayó en la cuenta de que la cuestión del baño tiene un componente cultural. Entre los 150 millones de personas que viven en Nigeria hay multitud de culturas y grupos religiosos diferentes. Isaac quería ser sensible a las cuestiones medioambientales, de modo que desarrolló unos inodoros ecológicos con un sistema químico de evacuación de residuos. «Sin embargo, eso no funcionaba en una comunidad musulmana del norte de Nigeria, donde por motivos religiosos un musulmán se debe limpiar con agua después de hacer sus necesidades. Pero el ecobaño en seco sí funciona en otras comunidades del sur, donde el agua es un bien escaso y muy apreciado». De modo que Isaac adaptó su producto a las sensibilidades de cada sector de la población. Y montó un modelo de franquicias, por el que alquilaba los inodoros a hogares monoparentales con una mujer como cabeza de familia. También a mujeres en situación de riesgo. La franquiciada está obligada a mantener el baño impecable y a cambio se queda con el 50% de los beneficios. El modelo de consumo para los clientes de esos inodoros lo llama Pay-As-You-Shit (paga cuando defeques), operado por monedas.

Si el baño está bien ubicado (por ejemplo en la playa), puede tener cientos de usuarios al día, y la operadora del mismo, ganar unos 355 dólares al cambio mensuales. Más de lo que pueden aspirar muchos trabajadores con título universitario en este país.

La idea de Isaac es expandir su exitoso negocio a otros países. Hoy, existen 2.600 millones de personas (caso la mitad de la población mundial) que no tienen acceso a un buen sistema de saneamiento y padecen enfermedades como cólera, disentería, fiebre tifoidea y diarrea. Más de 1,5 millones de niños mueren cada año en países del tercer mundo debido a diarrea crónica.

«Lo que funciona en Nigeria podría funcionar también en Ghana, y luego en Afganistán, Perú o Brasil. Por eso quiero aspirar a aplicar mi idea en todo el mundo, siempre que resulte en una mejora de las condiciones de vida y mejora de la dignidad de las personas».


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