Por favor, no enseñen a nuestros hijos a odiar

«En una sociedad con déficit de valores es fácil que cada individuo se construya una moral a medida»

«No podemos permitir que la protección de 'los nuestros' sea utilizada como arma arrojadiza contra 'los otros'»

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«Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente aprende a odiar. Y si se puede aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario».

Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz en 1993.

Cuenta Michael Moore que cuando estaba preparando su mitin-show en el condado de Clinton (Ohio), de abrumadora mayoría republicana (¡qué ironía!), recibió la indicación de no olvidarse de los millennials. En su discurso, recreado en el documental Michael Moore in Trumpland, respondió: «Ya nos hemos ocupado de ellos. Los millennials no odian».

Ese ha sido nuestro gran trabajo como padres: enseñar a nuestros hijos a no odiar, a no discriminar al diferente, a tratar a todas las personas por igual independientemente de su raza, condición económica, género, procedencia, capacitación y orientación sexual, a querer y a dejarse querer. Nuestros hijos no saben odiar esencialmente porque no nos han visto odiar, como tampoco nosotros vimos odiar a nuestros padres.

Afortunadamente, la generación que precede a nuestros hijos, la nuestra, fuimos educados, en términos generales, en el afecto y el respeto. Tal vez nuestros padres aún recibieron de los suyos los resentimientos provocados por sangrientos enfrentamientos, tales como las guerras mundiales o, en el caso de España, la guerra civil. Vieron y sintieron el rechazo visceral al enemigo en los ojos de sus progenitores, víctimas de la confrontación entre bandos. Por ello causan tanta preocupación las decisiones políticas que implican abrir las trincheras de las que aún brota la sangre de las víctimas de tanta sinrazón colectiva.

Mural by Seth Globepainter @seth_globepainter

Sin embargo, no estoy tan seguro de que nuestra sociedad haya desterrado el odio. No es cierto, como dice el también cineasta Alex de la Iglesia, que «el ser humano está compuesto de odio». El cerebro reptiliano está codificado genéticamente para la supervivencia, instinto básico que en ocasiones puede conducir al enfrentamiento, del que, a su vez, es fácil saltar al odio. El instinto de supervivencia tiene una dimensión individual, cuya expresión social es el egoísmo, y una dimensión social, cuya expresión individual es la búsqueda de compañía. Ambas dimensiones encuentran su arbitraje en los valores morales.

En una sociedad con déficit de valores es fácil que cada individuo se construya una moral a medida. En esa circunstancia, la dimensión individual prevalece sobre la colectiva. Incluso la protección de la familia, la propia, puede convertirse en una mera excusa para rechazar o combatir a otras familias. La relajación de los valores que arbitran la convivencia está siendo aprovechada por muchos ismos para discriminar, verbo que reside en la antesala del odio.

No podemos permitir que los nacionalismos, los separatismos, los populismos, los proteccionismos… los egoísmos de toda condición y suerte enseñen a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos a odiar.

No podemos permitir que la protección de los nuestros, en ocasiones una mera argucia para proteger lo mío, sea utilizada como arma arrojadiza contra los otros, aquellos que son y piensan distinto.

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No podemos permitirnos recuperar en nuestro entorno el odio y todas sus manifestaciones. El rencor genera rencor. El rechazo engendra rechazo. La animadversión produce animadversión. El desprecio crea desprecio. La rabia induce rabia.

No permitamos que los millennials se pregunten algún día qué hizo mal nuestra generación para que la suya haya aprendido a odiar.

* José Manuel Velasco es presidente electo de Global Alliance y autor del blog Fábulas de comunicación.


COMENTARIOS

  1. No me gusta enseñar a odiar pues soy docente, de Historia. Pero tampoco me gusta que se mienta o se omita a los alumnos la verdad sobre la Guerra Civil en España. Y eso es lo que hacen constantemente.


  2. Me encanta este articulo


  3. Una cosa es enseñar a odiar y otra enseñar a olvidar


  4. Pues es el.motor que mueve el.mundo ahora mismo, el odio, y hay gobiernos muy interesados en que eso sea así. Odio, fomentado, que hace odiar a los más débiles de mente, y que consigue su objetivo. Una pena, pero podemos combatirlo, con el pensamiento autónomo y la tolerancia como bandera. En ello estamos.


  5. O pior nacionalismo:o do egocentrismo supremacista castelhano/espanhol. Odiava tanto tudo aquilo que não era/é genuinamente “CASTELLANO” q castigou,perseguiu e mesmo matou em nome dessa Espanha.


  6. He visitado esos pueblos medievales hace tan solo un mes.
    Muy bien conservados
    ..solo una observacion: algunas iglesias no se pueden ver en su interior -:)


  7. Excelentes reflexiones, debemos ser capaces de superar los conceptos que nos encierran en el desamor universal.


  8. El odio el latrocinio la impudicia,esta toda ella en los neoliberales!!


    • No se engañe. El odio está en todas partes. Y quizá esté más cerca de usted de lo que piensa.


    • Que va,esta en el insolidarios!!!!


  9. Buenísimo este artículo Isabel,,, me encantó. Gracias ❤⚘⚘⚘


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