Soñando con dejar de existir

¿Y si las organizaciones que trabajan por proteger y defender los derechos humanos dejaran de existir?

La iniciativa #cierraUNICEF pretende movilizar a ciudadanos, empresas y administraciones

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Los primeros meses de 2017 no están siendo justos con millones de niños: la guerra civil en Siria, la hambruna decretada en algunas zonas de Sudán del Sur, la violencia en el Lago Chad, el conflicto de Yemen o la crisis de refugiados y migrantes son solo algunas de las emergencias que las organizaciones humanitarias contribuyen a paliar.

«Queremos dejar de existir», afirmó Javier Martos, director ejecutivo de Unicef Comité Español, durante la presentación de la original iniciativa #cierraUNICEF, que esta semana se ha hecho viral en las redes sociales.

Bastó un solo tuit con ese enigmático hashtag desde la cuenta oficial de la Organización para provocar el asombro e incredulidad entre los internautas ante la (falsa) noticia. Bajo el lema «Hoy, un sueño; algún día, una realidad», la ONG quiere hacer un llamamiento global para lograr la movilización de ciudadanos, empresas y administraciones por los derechos de la infancia y, además, conseguir los fondos necesarios que permitan seguir poniendo en marcha los programas que esta lleva a cabo en 190 países y territorios alrededor del globo.

La campaña cuenta con el apoyo principal del actor Eduardo Noriega y del jugador de baloncesto Felipe Reyes. También se han sumado a la iniciativa José Sacristán, Pau Gasol, Nieves Álvarez, David Bisbal, Eva González, Marc Márquez y Miguel Ángel Muñoz.

«Tenemos que ser muy conscientes de que nuestras donaciones se multiplican en vida», apuntó Noriega, Amigo de Unicef Comité Cantabria. «Cerrar Unicef significará que los niños habrán visto cumplidos sus derechos», continuó. A su deseo también se sumó Reyes, que se mostró «muy orgulloso y agradecido» por poder formar parte de un equipo de personas que «ayuda a mejorar la vida de millones de niños».

Jorge Caravotta, que se encuentra en el estado de Borno, al noreste de Nigeria, tratando de replicar el modelo con el que se consiguió erradicar todos los casos de polio en la India, y Ticiana García-Tapia, desde Indonesia, que contó cómo lograron erradicar la malaria en Sabang, pusieron el tinte positivo explicando —a través de videoconferencia— la labor que están desarrollando actualmente en sus respectivos países de destino como trabajadores de Unicef.

«El día que acabemos con la mortalidad infantil, que todos los niños tengan acceso a una educación y sanidad dignas, que todos ellos estén protegidos frente a los abusos y la explotación, cuando estén garantizados sus derechos en cualquier rincón del planeta, ese día Unicef cerrará, porque nuestra labor ya no será necesaria y el mundo será mucho mejor». Estas palabras condensan el anhelo de una Organización que lleva ejerciendo su labor desde hace 70 años, y que supondría cumplir un sueño que, todavía, se presenta como una utopía. 

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