Silicon Valley (también) es de letras

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Hace dos años, por primera vez en
su historia, la Universidad de Harvard tenía
más alumnos matriculados en ingeniería y ciencia que en carreras
de humanidades

El Gobierno japonés propuso a las universidades que desterraran
las letras por considerar que
«hay otras áreas que sirven mejor
a la sociedad»

En Estados Unidos, cada vez más, las empresas tecnológicas demandan perfiles con formación
en letras

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Hace tiempo que a las humanidades les pesa el sambenito de «inútiles» e «improductivas». Pero no solo son necesarias para el desarrollo intelectual de las sociedades, sino también para su progreso económico. Lo tienen claro hasta en Silicon Valley.

Sucedió hace dos años. Por primera vez en sus cuatro siglos de historia, la Universidad de Harvard tenía más alumnos matriculados en ingeniería y ciencia aplicada que en carreras de humanidades. Dicho en plata: la SEAS (School of Engineering and Applied Sciences) admitió en 2014 a 775 estudiantes frente a los 746 de la facultad Arts & Humanities, un punto de inflexión en su prestigiosa trayectoria. La universidad estadounidense no es la única que se ‘deshumaniza’. En Reino Unido muchas facultades de letras han cerrado recientemente por falta de rentabilidad, y el Gobierno japonés propuso el año pasado a las principales universidades que desterraran las letras de sus aulas por considerar que «hay otras áreas que sirven mejor a la sociedad». Ya ha premiado con una mayor financiación a las casi 30 universidades estatales que han secundado la recomendación, de las 86 que hay en el país asiático.

En España, la cosa no pinta mejor. Un informe del Ministerio de Educación de finales de 2014, que rastreaba los últimos cuatro años de la vida laboral de 19.000 alumnos, revelaba que entre las 60 titulaciones con más empleo, una abrumadora mayoría correspondía a carreras de ciencias. Pero la decadencia de las humanidades, aquí, llega ya antes de saltar a la universidad: en la última reforma educativa (LOMCE), el entonces ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, redujo la asignatura de Filosofía de forma sustancial en las aulas españolas, e Historia de la Filosofía pasó de ser obligatoria a ser optativa. «Hay que empezar a mentalizarse de que los universitarios no deben estudiar lo que quieren, sino lo que necesitan», decía el exministro como receta contra la crisis. Se le fue la mano y restringió también las humanidades en secundaria.

«Hoy no es indispensable conocer a Aristóteles para tener una buena remuneración», opina el filósofo Fernando Savater. «En España ha habido, históricamente, un atraso de las ciencias. No olvidemos que lo que estaba abandonado el siglo pasado en la enseñanza española, que tenía un fuerte componente clerical, no era la filosofía o la historia, que se explicaba mejor o peor, sino las enseñanzas técnicas y científicas. Ese era el verdadero retraso». Savater se felicita de que hayamos superado esa brecha, pero advierte: «Nos faltaba una enseñanza a la altura de la modernidad científica, que es la que vivimos. Pero nos hemos pasado de rosca, y la idea de una enseñanza cada vez más orientada meramente al mercado laboral es peligrosa. Las ciencias y carreras técnicas son saberes instrumentales, nos dan unas herramientas, pero los saberes humanísticos tradicionalmente se ocupan de los fines para los que se van a utilizar esos instrumentos. Si no dejamos que las condiciones las impongan los fines, sino los mercados o las grandes marcas, estamos haciéndolo mal, porque trasciende nuestra condición humana».

«Normalmente, la gente que tiene proyectos de I+D+i no piensa que un humanista le pueda ayudar a innovar en lo que tiene entre manos», afirma la filósofa Adela Cortina, que reconoce que «es enormemente difícil evaluar la calidad de un trabajo en humanidades». «En ese sentido -continúa- estamos un poco atrasados porque no pedimos exclusividades, pero las humanidades son cada vez más productivas, e incluso en el nivel del beneficio económico».

Las empresas tecnológicas se ‘humanizan’

Resulta curioso que un criadero de talento tecnológico como la Universidad de Stanford (de allí salen muchos de los que han hecho fortuna en Silicon Valley con revolucionarias startups) tenga su Humanities Center, un departamento concebido, precisamente, para preservar el poso humanista en una sociedad cada vez más dominada por máquinas y tecnócratas. «A través de las humanidades aprendemos a pensar con mayor creatividad y sentido crítico y a hacer preguntas. Y estas capacidades son las que nos permiten tener conocimientos sobre todo, desde poesía hasta modelos de negocio y políticas», dicen sus responsables, que añaden otras ventajas: «La educación humanista aporta entendimiento acerca del mundo y permite proyectar con claridad lo que depara el futuro».

En Estados Unidos, cada vez más, las ofertas de empleo de las empresas tecnológicas demandan perfiles con formación en letras. La publicación Fast Company señala que incluso los profesionales con educación artística empiezan a estar en el punto de mira de muchos CEO de Silicon Valley. El de MediaAlpha, compañía de marketing online, lo explica: «Alguien con formación humanista sabe gestionar la subjetividad y la ambigüedad, dos habilidades que son necesarias en un sector en continuo cambio como es el tecnológico. En empresas como las nuestras es necesario contar con profesionales técnicos, pero no es extraño que los puestos de gestión y de toma de decisiones los ocupen otra clase de perfiles, enfocados a la visión de futuro y la capacidad de adaptarse a los cambios sociales». Fernando Savater añade: «La tecnología es necesaria, pero si no se le da contenido, ¿de qué sirve? Y el contenido lo dan quienes vienen de carreras humanistas, quienes dominan las letras y el pensamiento crítico».

El catedrático emérito de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense José Carlos García Fajardo ha impartido periodismo durante casi 40 años: «He visto que mis alumnos cada vez vienen más tecnificados y menos cultivados. Se saben de memoria el modelo de tal o cual móvil, o conocen a cualquier youtuber, pero no saben ubicar La Gioconda, ni quién es Heráclito. ¿Cómo puede alguien sin una mínima base cultural para entender el mundo pretender ser periodista, esto es, contar a la gente la realidad del día a día?», se pregunta. Y traslada este problema a la política. «Estamos gobernados por iletrados, tenemos presidentes, del PSOE o del PP, que no saben ni hablar inglés y tienen que llevar traductores a las cumbres internacionales, sin que se les caiga la cara de vergüenza». Sabe de lo que habla porque lo ha visto de cerca: hace años fue asesor de telegenia para políticos del Partido Popular. También achaca la falta de acerbo humanista de los partidos jóvenes recién llegados al Parlamento. «Utilizan consignas históricas con una superficialidad increíble, citan a pensadores y figuras políticas sin profundizar. Por mucho que algunos vengan de carreras de letras, no han captado la importancia de la forma de pensar humanista». El profesor remata: «No se trata de cuanto más, mejor; sino de cuanto mejor, más».


COMENTARIOS

  1. Ningun conocimiento es inútil.
    Todo lo contrario.