¿La hora de la verdad?

cambio climático

Más de 350 compañías, la mayoría norteamericanas, han pedido a Trump que se repete el Pacto de París

Google ha anunciado que a partir de 2017 solo consumirá energía renovable

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«Si no están dispuestos a seguir el camino, quítense de en medio». Fueron las rotundas y directas palabras del delegado de Papúa-Nueva Guinea en el plenario final de la cumbre del clima celebrada en 2007 en Bali (Indonesia). Iban dirigidas a la jefa de delegación de Estados Unidos, Paula Dobriansky, quien, minutos antes, había logrado arrancar los primeros y sonoros abucheos, tras acusar a los países en desarrollo de carecer de liderazgo para hacer frente al cambio climático. David contra Goliat.

Y, contra todo pronóstico, la delegación de Estados Unidos, representando aún a la Administración republicana, cedió, abriendo el camino hacia un primer intento de resucitar Kioto –en la finalmente desastrosa cumbre de Copenhague en 2009–, algo que no se materializaría en un pacto climático universal y vinculante hasta la reunión celebrada en París en 2015.

Esa voz del delegado de Papúa-Nueva Guinea en Bali se convirtió en un clamor unánime en Marrakech, donde, a finales del pasado noviembre, se celebró la 22.ª Conferencia de la ONU de Cambio Climático. Aunque la diplomacia manda y el apellido Trump no se oyó ni una sola vez de forma oficial en la sede de la reunión, si bien inundó los pasillos y las ruedas de prensa, los mensajes de unos y otros tenían en ese nombre su destinatario principal: «Lo que alguna vez fue impensable se ha vuelto imparable», dijo Ban Ki-moon, quien en esos días aún ejercía de secretario general de Naciones Unidas. «El paso que todos dimos en París es irreversible», decía el enviado especial de China para el cambio climático, Xie Zhenhua.

Y así tantos otros mensajes que han dejado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aislado en la lucha contra el cambio climático. «Ni un solo país de los más de 190 que participaron en Marrakech dijo que, si Trump saca a los Estados Unidos del Acuerdo de París, se unirán a él para irse, ni uno», explica Alden Meyer, de la Unión de Científicos Preocupados. Al contrario, los mensajes negacionistas lanzados en la campaña electoral estadounidense sirvieron, si cabe, para infundir una mayor determinación a la lucha climática.

Soflamas de campaña aparte, son también muchos los que consideran que Trump no será capaz de revertir una caída en el coste de la energía eólica y solar, que está llevando a la economía a alejarse de los combustibles fósiles. Su idea de estimular la producción de carbón podría dejar al país atascado en el pasado, advierten algunos analistas, mientras países de Europa, Asia y Oriente Medio, incluso, persiguen una revolución energética donde las renovables ofrecen un mejor rendimiento.

La cita climática de Marrakech, por tanto, sirvió para revelar que la transición hacia una economía baja en carbono ya está en marcha y no solo por parte de los países, sino de regiones, ciudades y grandes empresas, que presentaron acciones, compromisos de financiación y voluntad de compartir conocimiento y soluciones. En este sentido, más de 350 compañías, la mayor parte norteamericanas, hicieron pública una carta en la que piden al presidente electo que se respete el Pacto de París. DuPont, Gap, Hewlett Packard, Kellog’s, Hilton, Nike o Mars son algunas de las firmantes. «Hacemos un llamamiento a mantener las inversiones en favor de una economía baja en carbono en Estados Unidos y en el extranjero, con objeto de dar más claridad a las decisiones financieras y reforzar la confianza de los inversores», escribieron. Y, recientemente, Google anunció que a partir de 2017 solo consumirá energía renovable.

© AP Photo/Mosa'ab Elshamy

© AP Photo/Mosa’ab Elshamy

Manuel Pulgar Vidal, exministro peruano de Medio Ambiente, una persona clave en la consecución del Acuerdo de París y ahora portavoz de cambio climático de WWF, considera que «ha sido muy relevante la declaración del mundo de los negocios de Estados Unidos diciendo que no hay marcha atrás en la lucha contra el cambio climático. Es una buena señal».

«Las empresas entienden, cada vez más, que el cambio climático es una realidad y que las expone a futuro a una serie de riesgos, pero a veces todavía desconocen, o no han cuantificado aún, la totalidad de impactos que puede producir sobre su actividad», explica Paz Nachón, responsable de Sostenibilidad en el área de Estrategia de Accenture. «Hay sectores y empresas que están trabajando muy activamente; sin embargo, para conocer no solamente los impactos negativos causados por el cambio climático, sino también las posibles oportunidades de negocio que pueden surgir y el valor económico, social y medioambiental derivado de su actividad y sus iniciativas en sostenibilidad», añade.

Otras empresas han tomado medidas importantes desde la cumbre de París –prosigue Nachón– marcando, por ejemplo, un precio interno al CO2, algo que «permite conocer el verdadero impacto de sus proyectos y que incentiva la puesta en marcha de iniciativas de eficiencia e innovación tecnológica orientada a la descarbonización».

Para Teresa Ribera, directora del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI), un influyente think tank francés que ha auspiciado en Marrakech el lanzamiento de una plataforma para ayudar a los países a trabajar en estas sendas de descarbonización a largo plazo, «el Acuerdo de París supuso cambiar las premisas sobre las que se toman las decisiones económicas». «Toda la banca de desarrollo ha incorporado ya la congruencia climática, nada de desarrollo frente a lucha contra el clima. Es necesario introducir de manera transversal la variable climática, también en la fnanciación privada y en la banca de inversión», afirma Ribera.

En este sentido, Nachón apunta que «Marrakech ha sido una cumbre técnica, pero que ha permitido trabajar algo que ahora es muy importante, que es el desarrollo de aquellas herramientas y mecanismos de financiación que permitirán a los países alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones a medio y largo plazo».

Según un estudio reciente de Accenture Strategy y el Global Compact, el 64% de los CEO entrevistados ya tiene en cuenta en las conversaciones con sus inversores el valor de sus estrategias a largo plazo e inversiones necesarias en relación a estos retos globales. «Si bien esto es esencial para lograr la coherencia a medio y largo plazo, también es cierto que las decisiones de inversión en las empresas se toman a menudo pensando en el corto plazo y que, por tanto, es importante que existan señales (fiscales, comerciales, etc.) que permitan movilizar inversiones y financiación privada. Todavía queda mucho camino por recorrer en este sentido», afirma Nachón.

No obstante, el economista Nicholas Stern, autor del famoso «Informe Stern», que analizaba el impacto del cambio climático y el calentamiento global sobre la economía mundial y del que acaba de cumplirse el décimo aniversario, asegura que solo tenemos diez años para activar cambios radicales. «El mundo debe lanzar con urgencia y firmeza la agenda mundial para el clima y la sostenibilidad para los próximos diez años, y evitar los enormes riesgos derivados del retraso», afirma Stern, quien advierte de que, sin la rápida aplicación del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pronto podría llegar a ser imposible alcanzar el desafío de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 °C.

© Thomas Richter

© Thomas Richter

«Los próximos diez años son fundamentales», abunda en la idea Teresa Ribera. «Aunque sea un periodo en la sombra, donde aún no se van a materializar los efectos porque los distintos sectores están preparándose y empezando a aplicar medidas, para que todo el mundo se ponga las pilas hay que alimentar una confianza y que las señales regulatorias sean coherentes. Eso es lo que nos dio el Acuerdo de París. Quedarnos quietos ahora nos haría tirar por la borda estos años que tenemos para prepararnos y simplemente asumir que reaccionaremos como podamos a lo que se nos venga encima».

En los últimos días de la Cumbre de Marrakech, el primer ministro de Fiyi, país que presidirá la próxima cumbre del clima –aunque esta se celebrará en Bonn (Alemania), donde la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU tiene su sede–, invitó a Donald Trump a esta isla del Pacífco Sur para que pueda ver con sus propios ojos el efecto que está teniendo sobre ella el aumento del nivel del mar.

Desde que se adoptara el Acuerdo de París en diciembre de 2015, el mundo no ha dejado de moverse a favor de la lucha climática. Y hay cuatro acontecimientos que lo demuestran:

Entrada en vigor del Acuerdo de París

«El Acuerdo de París, alcanzado en diciembre de 2015, requería la ratificación formal por parte de los Estados miembros para conseguir toda la fuerza que deriva del derecho internacional», explica Elvira Carles, directora de la Fundación Empresa y Clima. China y Estados Unidos sorprendieron al mundo depositando los instrumentos de ratificación a inicios de septiembre. Un gran número de países siguieron sus pasos hasta que, finalmente, el 5 de octubre de 2016, la Unión Europea ratificó el acuerdo, haciendo posible alcanzar el umbral establecido de 55 países que representasen como mínimo el 55% de las emisiones mundiales para que pudiera entrar en vigor, cosa que ocurrió el pasado 4 de noviembre.

Bajar los humos a la aviación

La Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) decidió el pasado 7 de octubre crear un mecanismo de mercado para reducir el crecimiento de las emisiones del transporte aéreo internacional.

Este es un acuerdo sin precedentes para limitar las emisiones en el sector de la aviación. El nuevo mercado de emisiones del sector aéreo se denominará CORSIA y se ha convertido en el primer mecanismo sectorial que se adopta por consenso por la totalidad de la industria afectada.

Adiós a los «amigos del ozono»

Los hidrofuorocarbonos o gases «amigos del ozono» fueron desarrollados para reemplazar a los CFC, que dañaban la capa de ozono, pero, irónicamente, son uno de los gases de efecto invernadero más potentes. El pasado 15 de octubre en Kigali (Ruanda), las partes del Protocolo de Montreal aprobaron una enmienda para reducir gradualmente los HFC, que están presentes en sistemas de refrigeración, espumas y aerosoles y que están creciendo a un ritmo anual del 10%. Con este hito histórico, se estima que se conseguirá evitar un incremento de la temperatura de 0,5 ºC –el equivalente a sacar 5 millones de coches de la carretera hasta 2050–, dando así otro paso de gigante para poder hacer realidad la visión de París.

El transporte marítimo se embarca

Aunque es solo un primer y tímido paso, la Organización Marítima Internacional se comprometió en octubre a limitar el contenido de azufre del fuel, a establecer un sistema de datos obligatorio sobre el consumo de combustible y a elaborar de aquí a 2023 una hoja de ruta para llegar a una estrategia integral para reducir las emisiones de sus buques. El transporte marítimo internacional juega un papel clave en la economía global, cargando con cerca del 80% del comercio mundial en volumen y cerca del 3% de las emisiones globales, o más de dos veces las emisiones totales de España.


COMENTARIOS

  1. Para nada, ya hemos creado al monstruo, no es que, no se pueda hacer nada, no! Tenemos q ponernos a ello, de forma urgente, esto nos afecta a todos!


  2. tenemos que pasar a la acción. no hay tiempo que perder


  3. Pues con Trump ya se está viendo ” verdad de la hora “… podrá aguantar David el empuje de Goliat ?? Mientras, los demás estamos de espectadores. ..


  4. No se va a hacer nada. Bueno, conferencias sobre el clima sí, q allí se lo pasan muy bien.


  5. Pues lo tenemos crudo.


  6. Con la ayuda de Trump!!!


  7. Ya pesar de toda la evidencia, el cretino de Trump va y permite nuevos oleoductos y baja las condiciones medioambientales para los coches.


  8. Yo creo que menos. Parar maquinas todos ya y reconfigurar


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