El retorno del macho alfa (a la política)

© Ilustración: Lisa Larson-Walker. | Fotos: Spencer Platt/Getty Images Noticias

«Los políticos se han puesto del lado del problema porque son incapaces de encontrar soluciones»

«No podemos permitir que el éxito de algunos machos alfa, hombres o mujeres, escape de la política y se instale como el modelo social de referencia»

Comparte este artículo

El triunfo de Donald Trump en las elecciones para la presidencia de Estados Unidos es una victoria del miedo, la desesperación y el victimismo. Queda la esperanza de que tales emociones no se transformen en desesperanza, que es la antesala del caos, como consecuencia de la frustración que produce y producirá la ausencia de soluciones o el muy limitado alcance de las mismas, sobre todo cuando el jefe de la tribu evidencie su incapacidad para dar las respuestas a las preguntas que se hacen todos los que le han elegido.

Donald Trump y Vladimir Putin son las dos caras de una misma moneda, una divisa que también cotiza para Viktor Orban (primer ministro de Hungría), Rodrigo Duterte (presidente de Filipinas), Marine Le-Pen (presidenta del ultraderechista Frente Nacional francés) y otros tantos líderes políticos, entre los que algunos incluirían al propio Pablo Iglesias (secretario general de Podemos), que están canalizando el descontento provocado por las incertidumbres asociadas a la globalización y a las consecuencias del cambio tecnológico. Para una parte importante del cuerpo electoral, los políticos se han puesto del lado del problema porque son incapaces de encontrar soluciones que satisfagan sus necesidades de seguridad, confianza y bienestar.

Miguel Otero Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano, habla de la «rebelión contra la globalización», que relaciona con cinco causas: el crecimiento de la desigualdad, especialmente en los países desarrollados; el avance de la xenofobia; los miedos inducidos por el cambio tecnológico, en particular la pérdida de empleos por la robotización de los procesos industriales; el proteccionismo provocado por las dudas acerca de la sostenibilidad del estado del bienestar; y la crisis de la democracia representativa. Todo un mundo de inquietudes, incertidumbres y temores, cuya expresión más dramática es la globalización del terrorismo.

Cuando la tribu está inquieta, mira a su jefe y, por encima de todo, quiere encontrar en él seguridad. Confianza en que se atreverá a enfrentarse al enemigo con la fiereza de quien defiende a los más cercanos, a los que piensan como él. Certeza de que no dudará al aplicar los valores de siempre, esa moral a medida que empieza y acaba por uno mismo. Decisión a la hora de anteponer los intereses de la familia sobre los de la comunidad. Fuerza para castigar a quien no respete las normas del grupo. Determinación para decir lo que piensa aunque no piense bien lo que dice. Voluntad de romper un status que a los ojos de los que se consideran desfavorecidos por el régimen se ha mostrado insolvente, lo cual incluye el cuestionamiento de la democracia representativa. Convicción de que no le temblará el pulso para construir muros que dificulten el acceso de los que creen en otros valores y exhiben otras conductas.

Cuando la tribu mira a su jefe quiere ver a un macho alfa dispuesto a enfrentarse a cuantas adversidades la incertidumbre cruce en su camino. Quiere encontrarse la mirada de un lobo grande, que inspire respeto (miedo), capaz de conducir a la manada hacia un territorio donde el sustento no escasee y que asegure, por la vía de la selección natural, la continuidad del grupo. Ello explicaría, por ejemplo, el hecho de que Trump lograse aglutinar mayor porcentaje de voto de mujeres blancas que Hillary Clinton, mujer y blanca.

Escribía John Carlin en El País que el problema no es Trump, sino sus seguidores. Efectivamente, el problema no está en el macho alfa, que se comporta de acuerdo a las enseñanzas de una vida en permanente competencia, incluso contra su propia incompetencia, sino en aquellos del grupo que están dispuestos entregar al jefe un trozo de su propio albedrío, un porcentaje de su libertad, a cambio de protección. El drama no está en el miedo, sino en la parálisis que tal temor ha provocado y que lleva a los que se perciben como más débiles a situarse detrás del que consideran el más fuerte.

En las fuentes del miedo y la desesperación beben los populismos, entre los que debemos incluir a los nacionalismos. De hecho, Donald Trump me parece más nacionalista que populista. Make America Great Again, un eslogan que ni siquiera es suyo. Un agua que, pese a estar contaminada de mentiras, sacia la sed de muchas personas que se sienten maltratadas por el sistema.

Corren malos tiempos para los comunicadores que creemos que la verdad importa, que el fin no justifica los medios y que los cantos de sirenas de las palabras deben ser contrastados con los hechos. Los que ejercemos este oficio de paz no podemos permitirnos que el éxito de algunos machos alfa, ya sean hombres o mujeres, escape del ámbito de la política y se instale en el centro de la tribu como el modelo social de referencia.

José Manuel Velasco es presidente electo de Global Alliance y autor del blog Fábulas de comunicación


COMENTARIOS

  1. Un gran artículo. Yo no quiero machos ni hembras alfa ni en política ni en ninguna faceta de la vida. Quiero hombres y mujeres competentes, eficaces, resolutivos; pero, sobre todo, gente dialogante, demócrata, con calidad humana.


  2. Q no queremos politicas belicas, ni actitudes fundadas en miedos primitivos….
    Somos uno somos hermanos


  3. Pensé que en un muro de comentarios de Ethic habría educación y Fair Play. Trump ha ganado y no hay posibilidad de debate razonable alguno.



  4. Vaya dos hijos de putas mas grandes del planeta


  5. Ya quisiera este energúmeno ser un macho alfa…..la naturaleza es sabia y a este se lo hubiera comido la camada….


  6. No creo q sea una cuestión de machos (o hembras) alfa. Los lameculos campean por doquier, no es más que eso; en la administración pública más aún. Y en la política ni digamos. y así nos va.


  7. ¿Y a ti no te avergüenza expresarte de manera tan soez?
    Es tu vocabulario lo que desprende el fuerte hedor diarreico. Tu comentario solo hilvana palabras de odio, rencor y desprecio, es decir; todas las que no son sustanciales a la verdad pura.
    Pero temo, la pureza no es algo que acompañe a quien tiene la osadía de aplaudir en solitario su propio comentario.


  8. LOS HITLERyANOS CLINTONITAS LADRAN, ERGO TRUMP CABALGA.

    Las Tropas Clintonitas Imperiales están con diarrea.
    Se cagan patabajo por el canguelo que les causa Trump, y cagan por la boca su diarrea mental por el odio que la tienen.
    Ahora gracias a OBAMA, EL NEGRITO ZUMBÓN, han creado una nueva ALIANZA DEL MAL, hermanándolo con Putin, imitando a aquella otra ALIANZA DEL MAL que creó BUSH.

    Obama y sus tropas HitlerYanas han perdido los papeles. JEJEJE, LOS PAPELES Y LOS CORREOS.

    ¡¡¡¡Chicos, tranquilos, que os va a dar algo!!!!

    Dentro de cuatro años podréis intentar colocar a vuestra HitlerY para que siga destruyendo Naciones como Siria y siga llenándonos Europa de Musulmanes¡¡¡¡

    ¿¿¿¿De verdad, no os da vergüenza ser tan lloricas y tan nenazas????

    ¿¿¿¿De verdad, John Carlin, no te da vergüenza ser un gilipollas lameculos????


Deja un comentario