Cómo combatir la corrupción en (y desde) las empresas

España ocupa el puesto 41 de 176 en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC)

El 87% de los sistemas de 'compliance' de las empresas españolas tiene menos de 10 años de vida

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El último barómetro del CIS es concluyente: la corrupción es la segunda mayor preocupación de los españoles, solo por detrás del paro. Y no es de extrañar: España ocupa el puesto 41 de 176 en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) que elabora Transparencia Internacional, y las empresas empresas del país son percibidas como corruptas por el 43% de los participantes en este índice.

Si bien España ha experimentado un fuerte dinamismo de cara a integrar sistemas de cumplimiento normativo (compliance) en los últimos años, estos aún tienen, por lo general, poca madurez: el 87% de ellos tiene menos de 10 años de vida. No existía una prohibición explícita a los sobornos en las transacciones económicas internacionales hasta 2000, año en que se aplicó el Convenio contra la corrupción que la OCDE ya había firmado en 1997.

“La corrupción es un tema relevante que es necesario abordar” y hacer frente a ésta “forma parte de la gestión ética de nuestra empresa”, afirmó la directora de Responsabilidad Corporativa y Comunicación Interna de NH Hotel Group, Marta Martín, durante el ciclo de conferencias ‘Políticas activas contra la corrupción’ organizado por Esade y la Fundación Seres. La compañía ha creado un modelo de compliance y un código ético, dos acciones que inciden directamente en el gobierno corporativo y que tienen como objetivo “crear una cultura de responsabilidad y trasladarla a nuestro día a día, tanto a nuestros diferentes stakeholders como a los miembros de nuestra compañía” destacó Martín.

“El liderazgo no se improvisa y las políticas activas contra la corrupción pasan por una adecuada gestión de éste”, declaró el director del Instituto de innovación Social de Esade, Ignasi Carreras, durante la conferencia, en la que se han conocido y compartido las medidas adoptadas por Atlantic Copper, KPMG, Lilly y NH Hotel Group para sensibilizar sobre la importancia de trasladar una cultura ética a toda la cadena de valor.

La directora de Fundación Seres, Ana Sainz, hizo hincapié en la cristalización de medidas y palancas anticorrupción en las organizaciones españolas con un compromiso sólido para contar con buenas prácticas, y destacó uno de los ejes del Foro Económico Mundial de Davos de este 2017, que ha puesto el foco en “un liderazgo responsable y receptivo de gobiernos, empresas y la sociedad civil, para marcar una hoja de ruta para el próximo año”.

“Integridad, respeto, excelencia, compromiso, adaptación y anticipación al cambio” son los valores fundamentales de las políticas contra la corrupción según el presidente de Atlantic Copper y senior vice president Marketing &Sales de Freeport-McMoRan, Javier Targhetta, quien explicó que, en el sector al que pertenecen (el minero), existe “una mayor regulación” y por ello cuentan con “una figura del compliance officer en cada unidad y un comité de seguimiento que reporta directamente al Consejo de Administración”.

También desde la industria farmacéutica, Lilly comparte la visión de fomentar políticas éticas para crear más una cultura que una divulgación, es decir, que “no sea una cuestión de fe ni de moda, sino un tema constante y presente en el discurso de nuestros dirigentes al más alto nivel”, reconoció Javier Ellena, presidente de la compañía en España, Grecia y Portugal. Como ejemplo de ello, mencionó “la publicación voluntaria de las transferencias de valor entre organizaciones y profesionales sanitarios”, un paso que, desde su punto de vista, ha sido necesario y que deberían replicar otros sectores.

Por su parte, el socio responsable del Área de Gobierno, Riesgos y Cumplimiento de KPMG, José Luis Blasco, entiende que la corrupción “es el principal limitante para el ejercicio del derecho de las personas”. “Si atendemos a las tendencias en materia de políticas contra la corrupción, sería necesario pensar en cuatro grandes bloques: cooperación internacional, puesta en marcha del self-report, voluntariedad y outsourcing de la RSE”, expuso, y añadió que “cambiar la manera en que nos comunicamos y trabajamos sobre las áreas de riesgo es clave para trasladar la cultura ética a nuestras cadenas de valor”.

Existen dos actitudes que toman las empresas para afrontar la corrupción, expresó Ignasi Carreras a modo de conclusión: “algunas se comprometen y dan pasos decididos para terminar con la corrupción, mientras que otras simplemente se amoldan a ésta”.


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