Enfermedades no transmisibles: la otra pandemia del tercer mundo

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Las enfermedades no transmisibles acaban cada año con la vida de 38 millones de personas

Siete de cada diez viven en países en vías de desarrollo.

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Cuando se habla de los problemas de salud en los países en desarrollo, es frecuente que las protagonistas de la conversación sean la malaria, el sida, la tuberculosis, la hepatitis B o la sífilis. Tiene sentido: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas enfermedades contagiosas están entre las que más muertes causan en todo el mundo, y se expanden e inciden con particular sevicia en los países más pobres, que adolecen de precarios sistemas de salubridad y saneamiento.

El drama vírico conlleva el riesgo de eclipsar otro que también se ceba con el tercer mundo: las enfermedades no transmisibles (ENT) acaban cada año con la vida de 38 millones de personas, y siete de cada diez viven en países en vías de desarrollo. Los datos que aporta la OMS van aún más allá: en 2030, los casos de ENT superarán a los de patologías de índole infecciosa.

Las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, el cáncer y la diabetes, conforman una pandemia creciente que provoca, a día de hoy, casi el 90% de las muertes por dolencias no transmisibles, que en la próxima década aumentarán un 17% en todo el mundo; solo en África, casi el doble. El drama para ese continente y otras regiones poco favorecidas trasciende al sanitario: según datos de NCBI (National Center for Biotechnology Information), las ENT provocan, anualmente, pérdidas económicas mundiales de 500 mil millones de dólares.

En 2011, los principales líderes mundiales de Naciones Unidas trazaron una hoja de ruta para un mundo libre de ENT. La OMS presentó dos años después su Plan de Acción Mundial y se prevé que, cuando se lleve a cabo conjuntamente por todos los socios internacionales, se reducirán en una cuarta parte las muertes prematuras por enfermedades no transmisibles durante la próxima década.

En 2013, más de la mitad de los países ya implementaron políticas nacionales y sus correspondientes presupuestos para la lucha contra las ENT. Los ministros de Sanidad se comprometieron, además, a tomar medidas entre 2014 y 2018, que incluyen el desarrollo de nuevos planes de acción nacionales. La Asamblea General de la ONU se reunirá ese año para hacer balance.

El sector privado es clave para alcanzar los objetivos marcados, más aún si queremos llegar a sus últimas consecuencias, esto es, un mundo libre de ENT. El programa Novartis Access, impulsado por esta farmacéutica de ámbito mundial, es una de las iniciativas que se han puesto en marcha para «permitir la accesibilidad y disponibilidad de 15 medicamentos con y sin patente para tratar los cuatro principales tipos de enfermedades no transmisibles: cardiovasculares, respiratorias, diabetes y cáncer de mama», cuenta su director de Responsabilidad Corporariva, Juergen Brokatzky-Geiger. Ofrecen su cartera de productos a gobiernos, ONG y otros proveedores sanitarios a un dólar por tratamiento al mes. «Por supuesto, tenemos ONG en el terreno que supervisan que los medicamentos que llevamos caen en las manos adecuadas», aclara Brokatzky-Geiger

La farmacéutica ya ha establecido acuerdos de colaboración en países como Kenia (donde las ENT representan un 27% de las muertes), Etiopía, Vietnam y Líbano, centrándose en los refugiados sirios que padecen dolencias crónicas y se enfrentan a dificultades para recibir un tratamiento continuado.

En definitiva, las ENT en los países en desarrollo son un reto global y urgente que requiere de la colaboración del sector público y privado: es la única forma de impedir que la mortandad en este tipo de patologías se desborde, y de lograr que las dramáticas previsiones de la OMS para los próximos diez años se queden en meras hipótesis. Como dicen portavoces de esta organización, en caso contrario, «ese sería un punto de difícil retorno».


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