Despertad al diplodocus

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«España, que perdió el tren de la Ilustración y el de la industrialización, no puede perder el del aprendizaje»

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Así se titula mi último libro. ¿A qué me refiero? Cuando comencé a escribirlo, el diplodocus era el sistema educativo español. Al igual que el diplodocus es grande, poderoso, bello a su manera… está dormido. Lo que me preocupaba era cómo despertarlo. Dicho sin metáforas, ¿podríamos mejorar la escuela española en poco tiempo? Pero conforme avanzaba en la redacción me fui dando cuenta de que estamos en medio de una revolución educativa. Michael Fullan, uno de los grandes expertos en el tema, dice que asistimos a una «espectacular revolución del aprendizaje». Franklin Covey y otros autores hablan de la learning explosion, posibilitada por miles de innovaciones digitales en todo el mundo. Es fácil explicar el fenómeno. Aprender es el recurso que tiene la inteligencia para adaptarse al ambiente y progresar. Cuando el entorno era muy estable, el periodo de formación podía ser breve y, sin embargo, servir para toda la vida. En este momento, las cosas cambian a una gran velocidad y debemos estar aprendiendo continuamente si no queremos quedar marginados. Este es el panorama con que nos encontramos. España, que perdió el tren de la Ilustración, que perdió el tren de la industrialización, no puede perder el tren del aprendizaje.

Desde este punto de vista, la sociedad es también un gran diplodocus que necesita despertarse. Necesitamos despertar la pasión de aprender. Hay fórmulas que se repiten con insistencia y fervor, como si fueran un conjuro eficaz. Una de ellas es I+D+i. Investigación + desarrollo + innovación. Todo el mundo piensa que es la clave del éxito. Utilizando una expresión popular, esto es coger el rábano por las hojas. Tomándola al pie de la letra, hace pensar que los tres elementos surgen de la nada, autosuficientes, por generación espontánea. La realidad es muy distinta. Si queremos que el conjuro funcione, tenemos que añadirle el factor que lo pone en marcha y lo hace posible. La A de Aprendizaje. Por lo tanto, la fórmula acertada es:

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¿Cómo podemos poner en marcha esta sociedad del aprendizaje? La escuela es una de las dinamos que debe hacerlo. No la única, por supuesto, pero creo que los docentes debemos ser los más conscientes de lo que está sucediendo y explicárselo a la sociedad. Necesitamos un sistema educativo potente, eficaz y flexible. Tenemos que desprendernos del discurso pesimista sobre la educación. Por eso he propuesto a los partidos políticos que, en vez de un Pacto tal vez inalcanzable, firmen lo que he llamado Compromiso 5-5-5. Un compromiso para conseguir unos objetivos educativos claros y en un tiempo preciso. Es muy difícil pasar de las vaguedades a la realización activa.

Los objetivos son los siguientes: 5 por ciento del PIB como presupuestomínimo de educación, 5 años para conseguir un sistema educativo de alto rendimiento, y 5 claves para concretar ese alto rendimiento:

  1. Reducir el abandono escolar al 10%, como nos pide la Unión Europea.
  2. Aumentar 35 puntos en la clasificación PISA, con lo que nos ponemos al nivel de Finlandia.
  3. Aumentar el número de alumnos excelentes y reducir la brecha entre el desempeño de los alumnos mejores y peores.
  4. Atender a los alumnos con necesidades especiales y procurar el éxito de todos ellos.
  5. Fomentar el aprendizaje de las destrezas para el siglo XXI, que favorezcan su desarrollo personal, la convivencia ciudadana y su incorporación al mundo laboral.

Todos los objetivos son alcanzables. Este es el mensaje que quiero lanzar a la ciudadanía. Tenemos que defender a nuestros niños, niñas, adolescentes. No podemos perder tiempo. ¿Seremos capaces de hacerlo? Si me fío de la experiencia, he de ser forzosamente pesimista. Pero la creatividad se basa en romper con lo previsible, así que confío que un movimiento de generosa creatividad despierte al diplodocus, nos despierte a todos, y avancemos resueltamente hacia el futuro.


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