«Muchos economistas olvidan a las personas»

Elena Pisonero presidenta Hispasat

«Las mujeres seguimos siendo invisibles»

«Internet permite unir cerebros para liderar el mundo»

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Concertar la cita ha sido cuestión de tesón: un año, recuerda su secretaria, pero el día acordado -con más de mes y medio de anticipación- el despacho es nuestro, no hay problemas de tiempo, se puede hablar de todo, y cuando llega la pregunta difícil sobre ética y sobre Rodrigo Rato, de quien fue su mano derecha, tampoco hay miedo. La charla con Elena Pisonero (Madrid, 1963), economista, política -fue Secretaria de Estado y congresista con el Partido Popular- y hoy presidenta de Hispasat, salta de un tema a otro. Mientras conversa sobre satélites o sobre cómo fue su relación con el ministro es contundente y no bromea, para, segundos después, reírse de sí misma por ir a trabajar con zapatillas de deporte –debido a un esguince- o a quien alguna vez la tachó de mujer florero.

La comunicación ha cambiado, la política también. Lo muestra el éxito de la entrevista de Évole con Rivera y Podemos.

Sí, y la buena noticia es que interesa la política. Lo segundo pasa por analizar por qué antes no interesaba o parecía que no era atractiva. Queda claro que la comunicación es esencial, y la forma en que lo hacemos ha cambiado radicalmente.

Pero quienes lo hacen especialmente bien son los partidos nuevos. No el PP o el PSOE.

Sí, siempre cuanto más virgen eres, más posibilidades tienes de sorprender. ¿No? Pero eso no quiere decir que haya que ser nativo digital para desenvolverse en el mundo actual. Me niego a pensar que las personas no cambiamos. Lo que hay que hacer es dotarse de las herramientas para entrar en ese mundo. Nada más. Estos dos políticos son jóvenes y han crecido en ese entorno digital, pero no ser de esa generación no es un impedimento para no comunicarse. Y ahí  nosotros tenemos que ponernos las pilas: ellos lo tienen de fábrica. Ergo parece bastante sensato pensar que ellos se comunican de una forma diferente y mejor, especialmente con los jóvenes.

¿Qué quieren los jóvenes que no parece que entiendan los partidos tradicionales?

Ilusión. Hasta que no cumples los 40 no te das cuenta de que te lo montas tú o nadie te lo va a dar. Hasta ese momento, necesitas que el entorno te ayude a ilusionarte.

¿Sigue valiendo el esquema de izquierdas y derechas?

¡Noooo¡. Eso está muy anticuado. Para mí, ya solo hay reaccionarios y progresistas. Tal y como yo lo entiendo solo hay una definición, los que se quieren quedar en su mundo, sobre todo si tienen algo que defender, claro; y los que queremos avanzar, que somos los progresistas. Si te quieres llamar de derechas o izquierdas estás consolidando tópicos que ayudan a confundir a la gente. ¿Soy clara?

Pero sí se dice liberal.

Para mí lo primero es ser una persona, una persona que cree en las personas y que la fuerza de la vida depende de lo capaces que seamos de dar lo mejor de nosotros. Eso se opone a planteamientos o ideologías en los que uno considera que es mejor que los demás como para imponerles cómo tienen que vivir, qué deben pagar o qué deben hacer ante algo tan etéreo como el Estado. No…. todo cede, hasta la persona. Soy liberal porque soy humanista. Creo en las personas y en la capacidad de las personas para transformar la vida. Por eso es tan importante el liderazgo, un liderazgo que debe sacar lo mejor de cada persona, pero de manera abierta, no manipulando. Soy liberal y soy progresista.

¿En economía es progresista también?

Yo hice Económicas porque me considero humanista. Los números, las hojas de cálculo no son más que herramientas para hablar de comportamientos de una manera ordenada, pero de comportamientos humanos.

Pero la economía pareciese que ha perdido la humanidad.

Eso falso. Es más humano un retrato completo de la realidad que hablar de tópicos: de los pobres, los niños… La economía son números y los números son personas. ¡Siempre! Otra cosas es que si solo hablas de números, los deshumanizas, y bajo ese esquema muchos colegas míos se han quedado solo en la matemática, que es una herramienta

La economía ayuda a estructurar la información para tomar decisiones fundadas en lugar de hablar solo de grandes conceptos que pueden mover solo a la compasión y no a la solución.

Eso suena a Picketty, a Paul Krugman…

Ya he dicho que soy progresista y ahí nos podemos encontrar muchos.

Entremos en terrenos tenebrosos, como la coherencia, la ética…

La ética está en la persona y en cómo se relaciona con los demás. Tendemos a hablar de ética como algo ajeno a las personas. Pensamos que hay alguien siempre que se va a encargar de ella, alguna institución superior. No sé, España, Europa…Yo creo en la persona, que es la que hace que las instituciones tengan vida y comportamiento. ¿Cómo? Con gente auténtica y consecuente. El sistema somos las personas.

Impepinable hablar de Rato, su jefe, al que ha reconocido que admira. 

Es una gran decepción. Dicho lo cual, tendrá sus razones y yo no lo voy a juzgar. Me duele. Aunque al tiempo tengo que decir que es una persona a la que he admirado mucho y a quien le estoy profundamente agradecida. De él he aprendido de lo bueno y también estoy haciéndolo de lo malo. Me reitero: no juzgo y la ley se aplicará y decidirá lo que tenga que producirse. En el ámbito personal yo ya he hecho mi resolución. Con él, como con mucha gente a la que he querido, si no encaja y me siento incómoda, pues… paso página.

Cambiemos de tema. Una de las cosas de las que más habla es de liderazgo. ¿Cómo presidenta de Hispasat, cómo imprime esa característica? ¿En qué se nota?

En este empresa creo que no me hacen ni caso (ríe a carcajadas). Se trata de eso, que no se note. Bueno, vamos cambiando cosas. Intento dar ejemplo y transmitir que lo que quieres que pase, lo vives. No tienes que explicar cosas que la gente no ve.

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¿Es igual liderar una empresa pública que una privada?

Por experiencia diría que sí, pero no por convencimiento. Al final se trata de gestionar organizaciones, grupos de personas en un entorno. El liderazgo debe tener una serie de claves que sí o sí pasa por vincular, ilusionar, alinear a todas las personas que quieren conseguir algo entre todos para construir algo mejor. Lo que puede variar es que haya un peso mayor de la Administración pública o Estado o intereses particulares. Pero por encima de todo, lo que está es la defensa del interés del proyecto, de la comunidad, de la empresa, de la misión que tienes encomendada. En el caso de Hispasat, mi única agenda es defender un proyecto que debe ser sostenible y sólido, para las personas que trabajamos aquí, para la industria y para el país. Me da igual que sea pública, privada, tercer sector…

Ese tipo de liderazgo suena al que denominan femenino.

Sí, eso es el liderazgo femenino y es distinto, porque de momento, nos han educado de manera diferente. Se dan una serie de elementos culturales, más allá de lo que digan los científicos de si tenemos un cerebro diferente: existe una forma diferente de enfocar las cosas aunque eso no quiera decir que no haya de repente mujeres con comportamientos de “macho alpha”. En general, en ese liderazgo femenino hay una empatía, un interés por integrar. A las que tenemos más de 50 años, nos dijeron que teníamos que estar al margen, no meter ruido, estar pendiente de los demás, desaparecer de la foto, en la que solo tenías que quedar bien… Nuestra función era agradar a los demás, servir, que lo de los demás fuese más importante que lo tuyo. Y eso es estupendo para el liderazgo. Ser humilde, ser generoso, estar pendiente, buscar la colaboración, la integración.

¿Y qué hay de los techos de cristal?

El primer techo es que lo veas. Los hombres no lo reconocen. El segundo es que es muy difícil superarlo: seguimos siendo invisibles. Yo todavía, a estas alturas, con todo lo que he hecho en mi vida, me desespero. Me pasó ayer en una Comisión, dije una cosa y hasta que no la repetí tres veces y me cabreé, no se dieron por enterados. Ellos no quieren; no lo ven, su rol es estar ahí sin que se cuestione. ¿Su miedo? Perder esa situación de privilegio. Y sí o sí, las mujeres tenemos que aportar, no por ser mujeres, que también, sino por una forma de entender la vida, porque la foto es más completa, más diversa. El techo está para romperlo en el convencimiento de que tenemos mucho que ofrecer. Lo ideal sería que este tipo de debates no exista y que seamos capaces de representar mejor la sociedad en la que vivimos, que no es una sociedad solo de hombres, ni solo de hombres blancos, ni solo de hombres blancos y heterosexuales. ¿Políticas para corregirlo? Al final tienes que hacer cuotas, que es algo que yo al principio no defendía. Además hay que transmitir una visión de convencimiento de que eso es lo que quieres que ocurra. Porque lo contrario es poner parches.

¿Como presidenta de Hispasat qué supone la transformación digital?

Para las personas yo la veo como parte de la evolución de la humanidad. Antes se pescaba con las manos, luego con las cañas y la cosa fue mejor, como cazar con flechas, la tecnología al servicio del hombre. Las oportunidades que brinda lo digital permite la capacidad de relacionarse con un montón de potenciales personas con las que poder pensar, unir cerebros para liderar el mundo. Y en ámbitos económicos, esas relaciones pueden monetizarse. Fíjate cómo cambia la vida si puedo sacar un rendimiento o vender mi conocimiento a cualquier punto del planeta.

¿Y la brecha digital?

La brecha digital es más salvable que otras, como las de género. En eso las tecnologías son como la “prueba del 9”. En la red te comunicas con un humano que puede ser blanco, negro o verde y cuyo sexo desconoces. Es la igualdad de oportunidades masiva. ¿En cuanto a los peligros? Yo creo de principio en la gente.

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Pero la globalización no ha sido muy igualitaria…

¡Para nada! Mira la cultura, la comunicación. Si comparo mi primer viaje a China, en el 96, con el último, ahora, ves que la globalización existe: la ropa de Zara, el iphone, sí, es una forma determinada de vida, pero detrás de eso hay una cultura, hay un acceso a otros bienes que también consumen y que hoy son una realidad.

¿Cómo imagina el futuro?

Me gustaría pensar que el futuro será el que nosotros queramos. En ese sentido, apelo al que cada uno de nosotros descubra el poder que tiene en sí mismo. Y volviendo al tema digital, no creo que el hombre sea un lobo para el hombre, aunque nadie es perfecto, y cuanto más críticos seamos, mejor. De nosotros depende ser capaces de cambiar el mundo. Hoy las tecnologías nos permiten tener esa torsión, esa potencia de hacer mil millones de cosas más que las que hacían nuestros padres. Tenemos los elementos y la capacidad de hacerlo.

Con esa fuerza con la que habla y convencimiento, una podría creerse que como usted pretende, Hispasat esté entre los cinco operadores más importantes del mundo.

Eso es lo que queremos hacer. Nos está costando, pero será. Ahí me apoyo en una serie de parámetros muy zen que dicen que a partir de una ética personal hay que tener una flexibilidad suficiente para que el viento te ayude a avanzar. El futuro será lo que queramos que sea. El mercado me dice que tengo que ser grande. Bien, para ello hemos hecho el máximo esfuerzo para crecer y aliarnos con otros que tienen otros medios y convencerles que nuestra manera de hacer los negocios es lo mejor. Lo que me parecía importante era abrir la compañía, consolidarnos, entender que los clientes no son un número, ni los empleados, por supuesto. Tengo una organización de personas para interesar a otro grupo de personas.


COMENTARIOS


  1. Menos mal, yo creía quse eran todos.


  2. La diversidad existe aunque algunos se empeñen en los contrario. Brillante la señora Pisonero!


  3. “A las que tenemos más de 50 años, nos dijeron que teníamos que estar al margen, no meter ruido, estar pendiente de los demás, desaparecer de la foto, en la que solo tenías que quedar bien… Nuestra función era agradar a los demás, servir, que lo de los demás fuese más importante que lo tuyo. Y eso es estupendo para el liderazgo. Ser humilde, ser generoso, estar pendiente, buscar la colaboración, la integración.” Chapeau!


  4. Discrepo en que la globalización haya universalizado el acceso a la cultura. En parte es cierto, pero con demasiados matices. Y la brecha digital es un reto pendiente


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