Entre lo ético y lo científico: la guerra de los transgénicos

«Por lo general, ninguna de las posturas enfrentadas está correctamente fundamentada», advierte el científico Christopher Whitty

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En 2012 todos pudimos ver las imágenes de las ratas deformadas por unos tumores que  evidenciaban efectos perversos de algunas semillas transgénicas. El estudio del biólogo francés Gilles-Eric Séralini mostraba cómo, tras dos años de investigación, un grupo de ratas sometidas a una dieta exclusiva de este tipo de alimentos producidos por la multinacional Monsanto había presentado serios problemas de salud, como insuficiencias renales y necrosis de hígado. Las críticas llovieron entonces sobre la empresa estadounidense productora del maíz NK603. Pero el tema es mucho más complejo que esta imagen que causó tanto efecto: la guerra entre defensores y detractores acerca del uso de transgénicos sigue abierta.

Los científicos, los políticos, los representantes de la industria y los ecologistas «suelen presentar los cultivos transgénicos ya sea como el ingrediente clave de cualquier solución al hambre mundial, o como una amenaza dramática y absurda a la seguridad alimentaria y la salud humana», señala Christopher Whitty, consejero científico jefe del Departamento para el Desarrollo Internacional del Gobierno británico (DFID). Y añade sin miramientos que «ninguna de esas dos posturas está bien fundamentada».

Según Whitty, «la decisión de excluir o rechazar cualquier tecnología que pueda ayudar a la gente a conseguir la comida y la nutrición que necesita tiene que estar basada en argumentos sólidos, racionales y de relevancia local». Es decir que, a favor o en contra, con más o menos escepticismo, no conviene alejarse del fondo de la cuestión: la seguridad alimentaria, la salud, el acceso de los pequeños agricultores a los productos y el respeto por el medio ambiente.

«Los transgénicos son plantas normales a las que se les ha introducido un gen que les confiere una determinada potestad, como crecer mejor en suelos salinos, o ser más resistentes a virus o a insectos. Yo creo que estar en contra es falta de conocimiento», advierte la reputada científica Margarita Salas, en declaraciones a Ethic.

Ciertamente, hay transgénicos que pueden tener efectos positivos. Un ejemplo es el arroz dorado, enriquecido con vitamina A (cuya deficiencia sufre una proporción importante de la población rural asiática), que ha desarrollado el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (organización sin ánimo de lucro) bajo licencia de la empresa Syngenta. Otro ejemplo se da en Nigeria, donde investigadores públicos han desarrollado una judía carilla (chíchere) transgénica resistente a la maruca, una plaga muy común en África.

Pero si para algo se lanzaron al mercado los primeros transgénicos fue para aumentar la tolerancia a herbicidas e insecticidas e, incluso, para que las propias plantas los produjeran. ¿De qué manera? Insertando genes como el de la bacteria Bacillus thuringiensis, conocida como Bt, que deriva, según sus detractores, en problemas no solo sociales y ambientales sino eco-evolutivos. El maíz o la soja están incorporando a sus células el herbicida al que son resistentes por la modificación genética, el glifosato, que es «un teratógeno (que produce malformaciones en el feto) y posiblemente cancerígeno. Las plantas resisten ese veneno y lo incorporan, por lo que pasa a la cadena alimenticia», explica la mexicana Elena Álvarez-Buylla, doctora en genética molecular.

A otros expertos les chirría esa teoría alarmista de que nos estemos intoxicando. «Si un señor que va a la feria recogió el tomate el día antes posiblemente esté más bueno, porque en la mayoría de los supermercados maduran en cámara para poder distribuirlos, pero nutricionalmente son iguales». Lo dice el bioquímico español José Miguel Mulet, que asegura que los transgénicos son los alimentos más controlados que existen. «Antes de salir al campo, un transgénico tiene que superar más controles que cualquier otro alimento en la historia de la humanidad».

El autor de Comer sin miedo se basa en un estudio realizado en Estados Unidos que comparaba la salud del ganado en 1980, cuando no había granos genéticamente modificados, con su estado en la actualidad. «El ganado estaba exactamente igual cuando comía tradicional que cuando come transgénico. No tenemos ningún estudio tan completo en ningún otro alimento». Mulet está convencido de que los transgénicos usan menos fertilizantes y pesticidas y ayudan a evitar la contaminación.

Sin embargo, algunos datos cuestionan esta tesis. Tan solo en Estados Unidos se ha dado un aumento del 7% en el uso de pesticidas entre 1996 y 2011, resultante del aumento de 239.000 toneladas de herbicidas y la reducción de 56.000 toneladas de insecticidas (causada por los cultivos con variedades Bt, que evitan su aplicación externa).

«Teniendo en cuenta los datos científicos y el puro sentido común, los organismos transgénicos no pueden ser iguales a los no transgénicos. Es una falsedad asegurar que un organismo puede ser equivalente después de que le introduzcas un solo transgen. Una pequeña perturbación en sistemas complejos, como un ser vivo, tiene consecuencias que no se pueden enumerar», afirma Álvarez-Buylla. «El efecto de un gen (o un transgen) depende no sólo de sí mismo, sino de sus interacciones con otros genes y proteínas, y de la interacción del organismo transgénico con el ambiente». En este sentido, «lo poderoso de esta tecnología -declara- es que se va a implantar sin esfuerzo y, cuando la gente se dé cuenta, ya no va a haber nada que hacer».


COMENTARIOS

  1. Las personas que defienden los transgénicos argumentando que no aún no hay casos probados de muertes por su consumo se olvidan que tampoco se ha probado que a largo plazo estos no tengan efectos nocivos en los seres humanos. No debemos olvidar que somos producto de miles de años de evolución y aún no se sabe que puede pasar con el hecho de estar experimentando a escala genética. Siendo así, por principio de “precaución” se debería limitar su uso. Lo otro es que en países en desarrollo hay casos probados sobre el efecto negativo de las multinacionales de la alimentación, las semillas y el glifosato de Monsanto, etc., que han generado una dinámica obsena de millones de personas con hambre y una minoría que especula con los alimentos. Si quieres defender los transgénicos es tu decisión pero afortunadamente hay una parte de la sociedad que lo tiene muy claro: STOP GMO.


  2. El estudio con las ratas y los tumores de Seralini, se retiró pués se demostró metodologicamente manipulado. En 20 años de cultivos transgénicos, no se há detectado ni un solo caso de muerte o enfermedad por su consumo .Y los tenemos por todas partes. Lo que come El ganado En Europa. En la ropa. En las medicinas (insulina por ejemplo es un derivado conseguido de bactérias ),incluso los billetes de euro son de algodon transgenico .Enrealidad, no existe este debate en la comunidad científica. No así en Internet, donde podemos ver cantidad de barbaridades al respecto. http://jmmulet.naukas.com/2013/11/29/retirado-el-articulo-de-seralini-d-las-ratas-con-tumores/


  3. Los transgénicos no son malos en sí mismos…. Y Carmena en Madrid se los quiere cargar todos… http://hipertextual.com/2015/07/ahora-madrid-ahogadilla-a-la-ciencia


  4. “Con más o menos escepticismo, no conviene alejarse del fondo de la cuestión: la seguridad alimentaria, la salud, el acceso de los pequeños agricultores a los productos y el respeto por el medio ambiente.” Ahí está la clave, porque ejemplos como el arroz dorado son parte de la solución a muchos problemas de desnutrición


    • No solo el arroz dorado és un gran avance para salvar vidas; tambien los cultivos transgénicos en muchos casos necesitan menos água, menos abonos Y menos espacio para producir mas alimentos.


  5. Es una vergüenza. La contaminación y la porquería que meten en los alimentos es clave para entender por qué hay tanto cáncer… No soy científica, pero me baso en las afirmaciones de muchos de ellos. Estas son las ratas que la ONG Monsanto utilizó para sus pruebas…


    • Tienes un buen cacao! Los transgénicos no son solo de Monsanto. Hay infinidad de instituciones públicas que crean transgénicos. Las ratas de lá foto son de un estudio que se demostró infundado de un sr. Apellidado Seralini, que se ha forrado vendiendo libros en los que basicamente lo que hace és acojonar al personal. En 20 años de consumo de transgénicos por parte de cientos de millones de personas, ni una sola há enfermado por ella. Si hay tanto cancer hoy en dia, basicamente és por una razon, aunque hay mas :tenemos una esperanza de vida que és el doble de la que teniamos hace 100 años. Si solo vivieramos hasta los 40 años, habria muchisimo menos cancer. Y ya te digo que ni trabajo para Monsanto ni tengo intereses en transgénicos, pero lá realidad és lá realidad. Un abrazo!


  6. Nos cargamos el planeta a pasos de gigante. ¿Desde cuándo las personas tenemos derecho a modificar la naturaleza a nuestro antojo? Me parece fatal, tenemos que convivir de manera sostenible, y los transgénicos lo impiden.


  7. Apoyo lo que dice Margarita Salas, hay que leer más para formarse una opinión coherente sobre los transgénicos.


  8. He oído hablar alguna otra vez al José Miguel Mulet este y se niega en banda a aceptar cualquier perjuicio que puedan tener los transgénicos. Lo siento, pero sin duda me puede el escepticismo


  9. Me da pánico. Lo peor es que pasa desapercibido. Bueno, pasa desapercibido el hecho de que nos metamos transgénicos al cuerpo, no tanto los acaparamientos de tierras, ejem…


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