La universidad, primer paso hacia la integración laboral

La tasa de abandono escolar temprano entre los jóvenes con discapacidad es del 53,8%

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A mayor formación, mayor posibilidad de empleo. Es una ecuación que no falla y que ratifican el 100% de los estudios. Si aplicamos este principio a las personas con discapacidad. ¿Cuál es el resultado?

El procentaje de jóvenes con estudios superiores se sitúa en el 22%, trece puntos por debajo del resto de la juventud. Para superar esa brecha universitaria, Fundación Once y Fundación Repsol ofrecen cada verano a alumnos con discapacidad de ESO, bachillerato y ciclos formativos la posibilidad de conocer en primera persona todo lo que la universidad les puede ofrecer a través de una semana de inmersión en campus inclusivo.

Cuanto más  formación hay, menores son la posibilidades de acabar deempleado. Así se viene demostrando estudio tras estudio. El último, elaborado por la consultora Millward Brown sobre una base de 1.200 jóvenes de 21 a 30 años de seis países (Francia, Alemania, Italia, España, Turquía y Portugal), presenta datos concluyentes a este respecto: los jóvenes con estudios universitarios de grado o superiores tienen una tasa de ocupación del 71% en estos países, mientras que en aquellos que tienen un nivel formativo inferior se reduce al 51%. Cursar estudios universitarios, por tanto, multiplica las posibilidades de encontrar empleo. Y en el caso de los jóvenes con discapacidad -con tasas de empleo muy inferiores al resto de la juventud- es esencial para su futuro laboral. Sin embargo, la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística, publicada en diciembre del 2013, ya advertía que el porcentaje de que tenía estudios superiores (22,9%) estaba muy por debajo del de las personas sin discapacidad (35,1%). ¿La causa de esta brecha universitaria? La elevada tasa de abandono escolar temprano entre los jóvenes con discapacidad, que según Isabel Martínez, comisionada de Universidad, Juventud y Planes Especiales de Fundación ONCE, «se sitúa en el 53,8%, más de treinta puntos por encima del resto de jóvenes».

Combatir ese abandono escolar y aumentar el número de universitarios con discapacidad es una de las prioridades que se han fijado Fundación ONCE y Fundación Repsol, con el apoyo institucional del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Para ello han creado el programa Campus Inclusivos. Campus sin Límites, que el pasado verano cumplió su cuarta edición. ¿Qué aporta esta iniciativa que no hagan otras? Ofrece a los alumnos con discapacidad de los últimos cursos de ESO, Bachillerato o ciclos formativos la posibilidad de conocer de primera mano la experiencia universitaria mediante una estancia de una semana en las propias universidades. Como señala Martínez Lozano, el objetivo es que «dejen de lado los miedos propios de ir a la universidad y conozcan las oportunidades que tienen de formación». El número total de participantes (122) alojados el pasado verano en los campus y el prestigio de los siete centros universitarios seleccionados en 2014 (Universidad de Navarra, Universidad de Salamanca, Universidad de Granada, Universidad de Málaga, Universidad de Murcia, Universidad de Valencia, y la Universidad Politécnica de Valencia) son una buena muestra de la capacidad de convocatoria de este proyecto.

Cada uno de estos centros diseña su propio programa. Entre un sinfín de actividades, podemos destacar desde charlas informativas sobre las ofertas de grados de las universidades y sus salidas profesionales, hasta actividades en salas de vistas en las facultades de Derecho o cursos de primeros auxilios en la facultades de Ciencias de la Salud pasando por visitas a la Alhambra o al museo Picasso de Málaga. Rosana López, participante en el campus de la Universidad de Valencia, avala su utilidad. «Ayudó a mucha gente que no tenía claro qué hacer a decidirse a dar el salto a la universidad». Las actividades que más éxito tuvieron, según la coordinadora del campus de la Universidad de Valencia-Universidad Politécnica de Valencia, Celeste Asensi, fueron las mesas redondas con «otros estudiantes con discapacidad que están cursando estudios en la universidad» o que «terminaron la carrera y están trabajando o cursando un Master porque les motiva aún más».

Una novedad de esta edición ha sido la apuesta por una mayor integración a través de la introducción en todos los campus universitarios de un porcentaje de participantes sin discapacidad -no superior al 40%. María Gracia Espejo, participante en el campus granadino, asegura que la inclusión fue «de la buena». De hecho, un mes después de la finalización del programa preuniversitario, todos los alumnos -con y sin discapacidad- siguen reuniéndose e incluso han creado un grupo de whatsapp que desde primera hora de la mañana funciona a pleno rendimiento. «Desde el principio, piña a tope», ratifica.

Las propias universidades también se ven beneficiadas cada año de la estancia de los participantes con discapacidad, clave a la hora de detectar sus carencias en la accesibilidad de sus instalaciones y en la adaptación de sus materiales educativos. Así lo cree el responsable del campus de la Universidad de Murcia, Antonio Pérez: «Este programa te da una oportunidad para mirar hacia adentro revisándolo todo desde un punto de vista externo, el de los participantes con discapacidad del campus, que nos ayudan a ver qué elementos tenemos accesibles y cuáles no lo son».

Pero la mejora de la accesibilidad alcanza también a otros lugares de interés de las ciudades donde se desarrollan los campus gracias a las actividades programadas. Alcaín explica que en la actividad que los participantes realizaron el año pasado en La Alhambra se detectaron muchos fallos. «Presentamos las quejas correspondientes y este año todos los alumnos han podido hacer el itinerario adaptado sin ningún problema y llegando a todos los sitios», señala orgullosa. El programa ideado por Fundación ONCE y Fundación Repsol se ha convertido, en definitiva, en una iniciativa en la que salen ganando jóvenes con discapacidad, universidades y ciudades.


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