«La ciudadanía tiene que tomar posición»

Ethic entrevista a la disidente cubana Yoani Sánchez

«Lo que me hace sufrir de Cuba más es la falta de libertad de información»

«El Gobierno de Cuba habla de socialismo cuando ejerce un capitalismo salvaje con enormes plusvalías y sin derecho a huelga»

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Yoani Sánchez (La Habana, 1975) ha convertido Twitter en el principal campo de batalla contra una dictadura, la castrista, que lleva más de 50 años en el poder en Cuba. En este encuentro con la revista Ethic, Sánchez, eregida en un icono modernista y 2.0 de la defensa de la libertad, analiza el fracaso de la tiranía de los Castro y reflexiona sobre la crisis que sacude los cimientos de Occidente.

¿Cómo describías la Cuba de hoy?

Una Cuba complicada y absurda. La Cuba de hoy se podría definir como la negación constante del discurso oficial. El discurso oficial va en una dirección y la gente va en otra. Es una Cuba marcada por las limitaciones materiales, algo a lo que ya estamos casi acostumbrados nuestra generación. Nuestra generación nació en una profunda crisis, creció en crisis y vive en crisis. Una crisis de alimentos, de estructuras financieras colapsadas… Y por otro lado, y quizá eso es lo que me hace sufrir más, es la falta de libertad a la hora de acceder a la información. El hecho de levantarte y no poder comprar un periódico que no sea Granma, de no poder acceder a información a Internet, de no poder comunicarte fluidamente…

La falta de libertad de información…

Exactamente. La penalización de la discrepancia, que hace que cualquier opinión crítica, aunque sea moderada, reciba un aluvión de ataques por parte del Gobierno.

Hay, sin embargo, una tímida apertura del régimen. ¿Cuáles esperas que sean los próximos pasos ?

Yo creo que estas llamadas reformas raulistas están encaminadas a un objetivo, que es preservar el poder. La presión social había crecido un tanto y el Gobierno sabía que tenía que abrir. Y empezó a abrir en esas zonas en las que la Cuba clandestina ya había tomado esos espacios. Por ejemplo, en 2008 abrieron a que todo el mundo pudiera tener un teléfono móvil pero ya hacía años que los cubanos, através de un truco legal, estábamos accediendo a esa posibilidad. Por tanto, creo que las próximas reformas, en lugar de abrir nuevos caminos, van a tratar de profundizar en los ya existentes. Quizá, por ejemplo, el número de profesiones por cuenta propia se aumente o los impuestos se rebajen, pero no veo a este Gobierno llevando a cabo una apertura política, permitiendo otras voces y otros grupos. Me encantaría poder verlo, pero no lo veo.

¿Pero ves democracia en Cuba en los próximos años?

Yo la veo, sí, pero no por voluntad del Gobierno, sino por una serie de elementos que ahora mismo están coincidiendo y pueden pueden terminar en un proceso democrático. Estoy pensando, por ejemplo, en la solución biológica. Ustedes los españoles saben bien de esto. La generación histórica muere en el poder, el caudillo muere en la cama y ése es un elemento que está ahí como una espada de Damocles para el poder. Hay un crecimiento del sector crítico, no sólo en grupo opositor clásico tradicional. Hay mucha gente joven haciendo activismo: músicos, bloggers, tuiteros… Hay un elemento que me parece que acelerará ese proceso democrático que es la cuestión de Venezuela. Si el subsidio venezolano se disminuye o se corta, el régimen va a tener que acelerar el paso a la democracia. Y, por otro lado, como una gota de pimiento en el caldo, está la tecnología. La tecnología está sirviendo para que los cubanos nos informemos y nos congreguemos. Todo eso indica que se tiene que producir un cambio.

 

 

¿Como se siente Yoani Sánchez cuando ve cómo algunos sectores en Europa siguen defendiendo la dictadura cubana ?

La verdad es que este viaje [la entrevista tiene lugar durante la gura internacional de Yoani Sánchez, que concluyó recientemente]  me está dando una percepción diferente y creo que existe un distanciamento muy general con la dictadura. Mucha gente que se define de izquierdas y que está a favor del socialismo no comulgan con la dictadura de los Castro. Ya ha dejado de ser un elemento de reivindicación que tenía que ser totalmente asumido, haga lo haga y todo lo que haga el Gobierno.

Pero hay gente que lo sigue haciendo. En España, por ejemplo, hay un partido político, Izquierda Unida, que no se ha querido reunir contigo.

Yo creo que en parte es desconocimiento. Realmente no han vivido esa realidad y no han padecido lo que nosotros hemos padecido. Y, por otro, hay gente que no quiere reconocer que se equivocó. Gente de más de 50 años que creyeron en esa utopía, pensaron que ese era el camino, y no pueden admitir que se equivocaron, que eligieron mal. Hay una mezcla de desconocimiento y obstinación.

Hablas de elegir un camino, pero las –denominémoslas- democracias capitalistas no pasan precisamente por su mejor momento.

Yo creo que la suerte y la culpa de los cubanos es que, por un lado, se nos ha hecho tarde para la transición, pero, por otro, podemos aprender de los errores de otros. Podemos aprender de los errores cometidos en otras transiciones, como la española. ¿Cómo se llama ese modelo? Pues no lo sé porque los nombres, lo nominal, es realmente algo muy difícil, sobre todo cuando se viene de un país donde todos los nombres están cambiados. El Gobierno de Cuba se autotitula de izquierdas pero es profundamente conservador, ortodoxo e inmovilista. Y habla de socialismo cuando ejerce en capitalismo salvaje con enormes plusvalías y sin derecho a huelga. Cuando se viene de un país donde la linguística del poder está tan trastocada se tiene un poco de cautela a la hora de nombrar las cosas. Yo preferiría decir que mi apusta es un modelo participativo. ¿Cómo se llama eso? No lo sé, en el futuro se puede llamar de muchas maneras.

[No te pierdas la entrevista completa en el número 11 de la edición en papel de Ethic]


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